Poesía

4 Poemas

Hay flautistas en los árboles/ trepados en las ramas de tus ojos,/ casi puedo oír la sinfonía verde/ de esas flautas trebolares…

FLAUTISTAS

Hay flautistas en los árboles
trepados en las ramas de tus ojos,
casi puedo oír la sinfonía verde
de esas flautas trebolares.

Acomodados en las hojas,
de ramas que cierran los ojos,
escuchando el susurro de las ondas
de esos campus, que ellos extienden.

Fantasmas verdes, leyendo la filosofía del pasto;
no le discuto a nadie que pueda entonar la chépica,
o los tréboles salvajes.

Acomodados en las ramas de tus ojos,
los flautistas de los ramales,
de esos campus memoriales,
a cerrar los ojos en el cogollo.

 

POSTAL

Entretenme,
los días son lo mismo;
y se alarga, se pierde en los rascacielos.
Otra tarde que no quiere,
salir de tus ojos.

 

POLAR

No quiero saber del sol.
—Me abstengo de cualquier plataforma que no posea modo nocturno—
Soy un espectro foto-sensible
por las veredas todo me sobra
y el sol es el más grande de todos los sobrantes.

Entonces viene otro día y afronto el dolor de mis ojos. El sol brilla suspendido lleno de doce del día y a mí me falta el anti-réflex químico; resultado del insomnio; soy la tendinitis de las almas purgándose la angustia en la recepción de algún hospital, donde las señoritas que atienden, se liman las uñas y chatean por celulares demasiado caros, e increpan el estado deplorable de mi mirada:
—Emergencias es solo emergencias —recita desde la ventanilla la señorita. Entonces yo emerjo y con ojos lunares la leo fijo, y con esa mirada redonda el tiempo se alarga…
—¿Por qué no vino antes…? Emergencias es solo emergencias—
Entonces quise hablarle del sol:

El puto no para y hace un mes duele.
Me he convertido en el vampiro que solo muerde
cuellos alcohólicos de amigas extasiadas
en la oscuridad execrable
de esos ojos que miran, con deseo mi sustancia.

Los demonios de mi cabeza
se materializan bajo la luna en los adoquines,
y de los charcos de las cloacas
brotan parásitos que quieren beber cerveza conmigo.
Y yo bebo sin culpa.

Tengo la cabeza llena de los mil ochocientos;
revoluciones industriales también,
donde la esperanza se sujeta entre las manos
y desde el tallo se sopla como diente de león.

Yo tengo problemas solares,
yo tengo problemas de brillo,
yo tengo problemas de polilla,
y los colectivos no paran
en horario de insectos que vuelan en la noche.

Por todo esto señorita
por todo esto le pido entienda,
no he venido antes.

Todo eso quería decirle, pero temo y sospecho de cualquier persona que trabaje
bajo luces blancas.

 

SEXO Y SUSTANCIA

Las guitarras se curvan como tu sonrisa.
Miras como un esquimal acechando algo.
Tu cuello se gira.
Y todo es como nada, —¿sabes ese punto
de te quiero?—  Te conozco poco,
y se me eterna esa rabia de guerrilla.
Pero soy fino, perfecto, como un porro blanco
de poblilla, y vengo del sol, y yo no tenía idea
que te eternas.

Pero tú eras como otra. Una sonrisa una sonrisa.
Fiaca fiaca, de la siguiente de la que viene:
—Viene, te juro que viene—, la cabeza te explota
¡La cabeza!, collage blanco.
Y te ríes, y ella se ríe,
es:
lo que es.

—Cigarrillos de mentol,
pastillas de mentol—
—¿Eso es Triste? —
pregunta ella.
Jadea,
se agita como cascabel de serpiente
¡collage!, collage blanco.
Capas de mar
horizontes
ella te chupa,
como a las ostras.
Y te pregunta o afirma —algo que no viene nunca como el futuro—
y es obvio que te desvaneces
hay química en el cuerpo, y la tuya no anda bien.

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Sobre el autor

  • Ignacio Bravo Vera-Pinto

    . Chile,1987. Músico y escritor. Cursó estudios de Sociología en la Universidad de Buenos Aires y de Composición Musical en ciudad de La Plata. Pasó por el Taller de Escritura a cargo del escritor chileno Yuri Pérez, en San Bernardo, Chile. En 2017 hace su primera publicación en revista Telescopio, dando a conocer su trabajo poético. Actualmente es redactor de la revista Le Miau Noir.