Poesía

Bella y definitiva

Hombre y mujer, por Edvard Munch

BELLA Y DEFINITIVA

Bella y definitiva de ilusiones fijas
firmes
y puesta de vida que siento perder
en cada impulso dado por la niñez cuando abría fuego
a mares de nosotros mismos, invencible,
para patear este siglo de cielo violento e impaciente
sin restricciones ni caricias, pero con lobos magos
porque son mala publicidad si las razones
que llevas entre amores y muslos
se vuelven santa iglesia.

Bella y definitiva te pasas la lengua con la vida esposada
entre las piernas que me hacen sumar nuevos blancos
para pintar lo que estuve tentado a ver en negras
y escasas trincheras de tirarse sucio
sin aparecer, otra vez, jamás
escaso de años, niño, mirando entre sillas
bien abajo y muy adentro te recuerdo a ti
muy adentro y bien abajo,
pasando, adulto, entre camas y tiempo
por tus nalgas montadas para no estar volviendo el rostro de nuevo
sin volar la cabeza al verme tinto en el vino
como acostumbré, desde hace mucho, si siento
y te penetro hasta atrás.

Bella y definitiva te me enseñas porque sabes que regreso igual
cada vez que me abres las rodillas y es mi respuesta
el respirar inquieto, aliviado,
y si pongo la punta de mi pene
entierro la amargura de irse
si me sirves completa lastimo los desamparos
de los amigos que llegan con dudas
haciéndote tanto amor, metiéndome sin fin
inmensamente en ti loco de locura sin control
animal
sacando lo que eres y lo que te falta
estando caliente, pegajosa, vestida, brincando llena de mí
y yo no herido sino escondido entre las caricias
de tu amor, quizás, si la suerte me dice.

Bella y definitiva de ganas con citas públicas
hechas en oficiales personas para caer mojada
en mi lengua,
en mis manos,
en mi oficio,
adulta y duramente delincuente, adicta, impura
para retar si demoramos los orgasmos, para animar, toda prueba
de mi copa entre tus nalgas que resbala y golpea
tu boca cuando pides bella y definitivamente hambrienta,
rica,
para correr, cabalgarte y no detenerme jamás
ni vivir con candor ya que siempre te soñé
lo puedo decir bajo a los demonios
rica estás lo puedo gritar a todos los santos
caminantes de armas a los costados y reverencias
ante almuerzos
que rozan en la demencia de unas células sexuales
superactivas, divertidas e insomnes
para mejorarlo todo si te entono un buen canto
irguiendo ya saboreado mi sexo que pretendo reventar
en cada prenda que usas para hacerme valer
todo
dentro de tus muslos lisos y tu pubis denso
con carne hambrienta para moverme en ellos
muy crecido y latiendo como si me llovieras al lubricar las reverencias.

Bella y definitiva como aquella vez en el escondrijo de los que te ven
que miraba atónito yo como andaban las niñas
y tú me pellizcabas los vellos debajo del abdomen
acercándote
y alejando cuando te brillaban los labios
para sacarme olas de semen que me asesinan
rendido
si estiro la mano y me caen perfectos
tus senos entre dedos que aprieto estirado
a tu ritmo de labios tus pálidos pezones tiesos
que me desayunan la eternidad
y toda la mierda del camino.

Bella y definitiva te agachas más bella y revivo
con ropas culpables
las rodillas sobre calles para tus piernas
apoyadas sobre los pies que me hacían condensar
toda la saliva que mi aire ausente negoció
para inefable mirar lo menos delatado posible
cuando me chupabas y se me iba el amor al carajo
porque no necesité ahí otra cosa que más de ti
de tus labios hacia delante y de tu brillo
para atrás
conmigo apretando pechos duros
enormemente parados,
y bella y definitiva me lo hacías mucho más y yo no podía creer aquello
desde la nada que me sometía a tu baba
cuando me peleabas con gemidos salidos de tu nariz
porque tu boca me tragaba las fantasías notariadas
queriéndoseme salir la vida y gozabas con eso
y te dabas como entendiendo que me inclinaba si era preciso
ante los abismos negros de las correcciones
ya que el parar hubiera sido un suicidio
una provocación a mis cuentas a saldar en tragos dobles
hasta que reventabas mi dicha y sacudía furiosamente aliviado
cuando por tus senos corría salido de tus labios
y rodado por todo tu cuello que tragaba
las ganas que pasaron como tú ahora
por mí que soy peligro
asintiéndome que te quedarás a esta hora
para acurrucarte entre el sabor de mi tul, el amor, y el bar.

Luis García de la Torre.

Nació en La Habana, Cuba. Es graduado de Licenciatura en Educación en la Especialidad de Español y Literatura del Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona” en Cuba, de Profesor de Lenguaje y Comunicación de la Universidad de Chile y de Master of Organizational Leadership de la Humboldt International University de Miami. Actualmente es doctorando, en educación, de la misma HIU. Vive en Santiago de Chile. Tiene publicado el poemario Rave Party (2002), La Familia Loynaz y Cuba (Colección Betania de Ensayo, 2017), Ferocidad: los años sucios (Colección Betania de Poesía, 2020) y Breves y ligeras crónicas de un gusano de La Habana en Santiago de Chile (Colección Betania de Narrativa, 2021).