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Literatura cubana contemporánea

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J.R.Fragela:

¿El que hace aullar a los corderos y balar a los lobos?

Entrevista al ganador del Premio Alejo Carpentier de Novela 2014

A primera impresión es “un muchacho” común. Pero si uno se fija bien, cae en cuenta que ni es alto ni bajito y su piel no es negra ni blanca. Delgado, lozano y jovial cual adolescente, pero su carnet de identidad delata que ya cumplió 36 años. Si conversas con él, sobre su vida y su pasado, te enterarás que un tiempo vivió de pintar cuadros si bien nunca estudió pintura y jura que ¡jamás! ha visitado un museo. Anda por la calle con iPOD a la cintura, audífonos al oído y tiene buen gusto musical, pero ¡nunca! —asegura— asistió a un concierto en vivo. La única profesión que hoy puede atribuírsele es la de escritor y, sin embargo, se dice incapaz de hacer su lista de diez libros que llevaría a una isla desierta. No tiene un diploma de nada que enmarcar en la pared, pero alcanzó en 2014, en el género de novela, el premio llamado Alejo Carpentier, como el más erudito de los autores cubanos. Ese lauro lo encarama en la élite de las letras cubanas, más se comporta en corrillo de escritores con el azoro de un corderito en medio de pandilla de lobos.

Y ya que traigo a cuenta a lobos y corderos, informo que su novela premiada lleva por título El cordero aúlla. Faltaba más: ¡un oxímoron! La figura literaria de ambigua interpretación donde se juntan palabras contrarias en una misma expresión.

—¿Por qué ese título tan raro? —quise preguntarle— ¿No temes desconcertar de entrada a los lectores?

—El título de un libro debe guiar al lector, dar una impresión de la totalidad de la historia y de su profundidad psicológica. Por eso pienso que el oxímoron cumple su función en una novela enfocada de principio a fin en lo más común de la vida: las contradicciones…

Las contradicciones, claro —me da por pensar—. ¿De qué otra cosa iba a ir la novela de J.R. Fragela? Nacido en un pueblito de la provincia de Matanzas que no sale en los mapas y, en cambio, lleva el topónimo trascendental de “Sabanilla del Encomendador”. ¡Que ni inventado por Cervantes!

—El cordero aúlla alude a la asombrosa incapacidad de las personas para llegar a ser algo más de lo que pueden ser, ya sea por factores externos o internos me sigue explicando J.R, y la absoluta verdad de que vale la pena querer lograr todo en la vida, aunque sea imposible, pues eso nos ayuda a entenderla. De ahí ese título inaudito, con ese significado de liberación y hallazgo…

Sigo pensando sobre esa cuerda de las designaciones, y recuerdo que el nombre completo del autor es “Javier” (que ya me explicó no le gusta, por ordinario, para un nom de plume) “Rabeiro” (que lo rechaza por recordarle al abuelo paterno, mal tipo, que apuñaló a su abuela) “Fragela” (que lo conservó en el seudónimo porque su abuelo materno sí fue hombre ejemplar). Caigo en lo que me contó de sus padres y veo que hasta ellos llega la disparidad: la madre, Miosotis, diligente secretaria (y mansa, imagino); él, mayor del MININT* (gente severa, deduzco).

Al momento de esta conversación ya me he leído la novela; pero su argumento, aunque de discurrir lineal, no resulta fácil de resumir. Por tal le pido:

—Como soy un lector más, tan sólo otro intérprete del libro, ¿por qué tú mismo no haces una sinopsis que motive a otras personas la lectura de la novela?

—La novela cuenta el progreso emocional de una situación adversa, y de cómo las personas, como sucede a menudo, suelen quedar paralizadas ante ellas. A un muchacho, que representa el resultado más acabado de una familia en declive, le diagnostican un cáncer, y entonces decide hacer algo que nunca se atrevió a hacer, algo para lo cual no está preparado pero que late en sus venas. En el proceso de cumplir su objetivo descubrirá nuevas esencias que, en definitiva, nunca hubiera descubierto de otro modo, y que, de alguna manera —contrario a lo que la mayoría de las personas jamás llegan a descubrir—, justificarán su vida.

—La novela, en realidad —continúa J.R—, transcurre en la mente de los personajes, por lo que no creo que sea una historia para cualquier lector; la concebí para el tipo de personas que se hacen preguntas, que intentan saber por qué estamos aquí, ahora, es decir, para el tipo de persona que vive a través de la emoción…

Medio filósofo, pienso. Ya se advertía desde su novela anterior, la que le valió el Premio Luis Rogelio Nogueras 2011, con título de tratado filosófico más que de novela: El sentido del mundo.

—Por el latido reflexivo de El cordero intuyo que tienes menos interés en las peripecias y lo fáctico, que se perfila en ti a un “novelista de tesis” —me aventuro a decirle.

—Completamente de acuerdo —responde—. Pues lo que me interesa es la implosión de esa parte del cuerpo llamada cerebro, y todas las trayectorias internas que se producen a partir de ese instante. La tesis de mi novela es simple, casi empírica: SÓLO EXISTIMOS EN NUESTRA MENTE.

Sí, este “muchacho” es un raro. Pero más “extraña” es su novela, tan distinta  de las escritas en los últimos años en el terreno nacional. No es urbana, “posmoderna” y pop; nada de rejuegos con nuevas tecnologías. Sin la ya típica abundancia de referentes culturales. Además el relato prescinde de las sobredeterminaciones de la identidad cultural y nacional, del “peso de las circunstancias” (económicas, políticas, sociales).

—¿Te empeñaste en escribir una novela a la moderna (sin pos) y universal? —pregunto.

—A mí siempre me ha interesado la manera en que las personas llegan al lugar en que están, reflexionar sobre eso para hallar la solución. Uno de los valores agregados de la literatura, para mí, está en ofrecerles experiencias a las personas, mostrarles errores que pueden evitar, dimensiones diferentes de algo que nunca hubieran pensado, llenarles de inspiración a través de las historias, hacer, de hecho, que el conocimiento entregado les haga vivir mejor. Creo que si alguien, con un mínimo de sentido común y sensibilidad, lee, por ejemplo, Los miserables, puede convertirse en una persona optimista, capaz de mejorar su vida y la de los demás. La literatura no es cualquier cosa.

—¿Y cómo valoras tu novela con relación al contexto actual de la literatura en Cuba?

—Mi novela tal vez sea distinta, pero no porque me lo halla propuesto. Supongo que uno no puede proponerse escribir de una forma o de otra, que todo responde a mi manera de pensar y vivir, diferente o semejante a la de cualquier otra persona. De todas formas, el contexto actual es súper variado, ningún libro se parece a otro. La única diferencia es la promoción, ya que unos son más conocidos, pero por lo general, hay un eclecticismo muy rico.

Fuera del la ubicación general en un entorno semi rural, en El cordero aúlla hay escasez de locaciones concretas; transcurre dentro de cierta nebulosa geográfica. Pero tampoco los personajes tienen nombres propios; son, apenas, el muchacho, la mujer, la abuela, la madre, el padre, etc. De ahí que yo indague:

—¿Persigues algún propósito particular con este modo de definir a los protagonistas a partir de la abstracción en un rol?

—Quiero que el lector se centre en las ideas que le propongo, que no haga afinidad con ningún nombre o lugar, solo con la sensación que quiero traspasarle, no me interesa que se identifique con tal personaje, solo quiero que piense en la trascendencia de la emoción que pueda hallar en la historia. Que sienta, como mismo Philip Larkin quería que los lectores de su poesía sintieran: “Nunca lo había pensado así, pero así es”…

—Entonces eres un escritor a lo Onetti, quien decía que “Los hechos son siempre vacíos, toman la forma del sentimiento que los contiene”. Por eso te preocupa el mundo interior de tus personajes más que las acciones externas.

Fragela afirma con la cabeza y reafirma con la palabra:

—Si al final de la lectura de mi novela alguien siente algo, cualquier cosa, que le aporte a su propia forma de pensar, entonces es suficiente para mí. He visto que las personas sensibles, que tratan de “sentir” la vida, tienen una existencia más favorable que las que se ocupan solo de lo inmediato y son arrastradas por la cotidianidad. Al final, cuando uno analiza qué ha hecho con su vida, lo que importa es lo que ha podido sentir (parecería que es lo que uno ha podido vivir, pero eso no funciona sin un significado). Ahora mismo, si te pregunto qué hiciste el segundo miércoles del mes pasado, no podrías decirme, a no ser que hayas “sentido” algo importante. Sentir es vivir; a la inversa, de algún modo, solo estamos vegetando, viendo el tiempo pasar.

Bingo, todo encaja. Al leer la novela me llamaba mucho la atención su lenguaje, más poético y connotativo que denotativo o referencial, más empeñado en la metáfora que en la narración objetiva. Incluso, en el tratamiento a los personajes afloraba una ternura muy peculiar… Agarro mi ejemplar de El cordero aúlla, lo abro en una página marcada y decido devolver su escritura al autor:

—“Contempló al grupo: dos mujeres y dos hombres que revolotearon alrededor de ella y planearon despacio, hasta caer en picada. Los hombres eran buitres; las mujeres, mariposas. Los hombres picoteaban, las mujeres libaban”… Hay cientos de momentos así en el libro y te diría, en un sentido más allá de lo sexual, que tu lírica hace gala de una “sensibilidad femenina”… ¿Acaso esto tiene que ver con influencias literarias? Ahora mismo pienso en Djuna Barnes y El bosque de la noche o Anaïs Nin y Corazón cuarteado…

—El lirismo en la novela viene por las mismas situaciones que se narran: difíciles, duras, diferentes, muchas veces abstractas. Las metáforas ayudan a explorar los terrenos de la experiencia o la inteligencia, ayudan a percibir lo que no se capta a simple vista. En cuanto a la sensibilidad… creo que carece de género; que depende de las vivencias que uno tiene, buenas y malas, que van creando el carácter, sensaciones que van a distinguirte en una conversación, a la hora de escribir un texto, de mirar la ciudad. Uno es muchas cosas a la vez, puedes golpear a alguien y luego, con esas mismas manos (como dice el poema de Retamar), acaricias a una mujer.

J.R se explica, y yo que tengo delante la portada y veo a la modelo de la foto, y luego abro la página de la dedicatoria de autor: “Para Zulema de la Rúa, ÚNICA”… Hay una pregunta más que tendré que hacerle, pero antes le dejo terminar:

—… solo he leído a Djuna, y me parece genial. De Anaïs solo conozco su biografía, pero me excito nada más de pensar en sus diarios. De las dos, prefiero a Anaïs, ya que, según tengo entendido, era muy desprejuiciada, y eso en una mujer es una bendición.

Sí, “muchacho”, una mujer. Las influencias no serán de la Djuna pero sí de la Rúa. Que además de hermosa es hembra de talento. Escritora igualmente, que ganó el Calendario con sus Cuentos para huir de La Habana. Y revolvió la capital con el relato aquel de “la bomba sexual”. Al punto de que antes de este premio gordo del Carpentier a J.R se le reconocía más como “la pareja de…” Es el momento de que haga mi pregunta a lo prensa del corazón:

—¿Qué representa en tu literatura y en la vida la compañía de Zulema?

—Bromeando, cuando me hacen ese tipo de preguntas pienso en Bukowski, que decía que, para escribir bien había que tener sexo, al menos una vez, con una mujer hermosa… Pero lo que más me impresiona de Zulema es que su belleza es la menor de sus virtudes. La he visto lograr cosas impensables, transformar todo a su alrededor con la magia de su talento. Pero ella, contrario a lo que podría pensarse, no se considera escritora, ni siente la literatura como un fin; para ella solo es algo interesante dentro del área de sus conocimientos. Me ha enseñado más de lo que he podido aprender, me ha “pervertido”, como le gusta decir. Me ha convencido de la importancia de que cada persona tenga a alguien con quien intercambiar sueños. Pero lo mejor de ella es la diversión, pues es una de las mujeres más divertidas que conozco. Con ella he podido entender la mitad del mundo, por lo que su mayor influencia está en hacerme creer que puedo lograrlo todo.

Se me antoja a continuación soltarle una andanada de “trivias”. ¿Hobbies? “Ninguno… aunque ahora que lo pienso, Zulema debe ser el mejor de mis hobbies”. ¿Te gusta la carne de cordero, o la de chivo o carnero, el equivalente cubano? “Nunca la he probado, pero sí me encantan el cangrejo y los calamares”. (Bichos raritos, de muchas patas, pienso). ¿Tus películas favoritas? Ídem que con las obras de arte y los libros: “No lo sé”. ¿Tu signo zodiacal? “Géminis”. (Cuál sí no, pienso).

Por último, me acuerdo de “El muchacho”, el protagonista de su novela, de apariencia inofensiva pero por cuyas venas corre sangre de matarife: ¿Qué sensación tienes cuando alguien empuña un cuchillo delante de ti? “Nunca, por suerte, he estado en esa situación. Pero sí frente a un machete, dos veces, en mis tiempos de beca**, en una de esas ocasiones terminé herido, es una historia larga… Pero la sensación es de inmovilidad, las piernas se me enfrían, solo llego a responder por una cuestión de honor”. Esto me da pie para preguntarle sobre presuntas afinidades y diferencias entre El cordero y una novela negra:

—No sabría decirte, pues desconozco casi todo del género —responde J.R. — Los puntos en común son los mismos que con cualquier otra novela, en cuanto a contar una historia, y los de separación deben estar en la forma de abordar la historia. La inclinación del personaje por la muerte solo define, acaso, la inexorabilidad de su instinto, la aceptación de su humanismo. En la novela negra su vocación asesina debería estar justificada por las circunstancias o la crueldad del personaje, no por la angustia de la curiosidad. Creo que El cordero… no clasifica como novela negra en el sentido de que no circunda la muerte, sino la interroga.

Fragela, escritor desconocido ayer, hoy bajo los reflectores. Los premios hacen al escritor crecerse y plantearse mayores retos o lo obnubilan y entierran su carrera. ¿Cómo sobrellevará el peso de la fama? Esa sería mi interrogante final, y esta la respuesta del “muchacho”:

—El prestigio que otorga un premio de esta magnitud lo cambia todo. Lo he disfrutado mucho y me he divertido también con los equívocos y las valoraciones de los demás. Pero lo que en verdad agradezco es la posibilidad de verme asociado a un escritor como Carpentier, que siempre he admirado de una manera superlativa. El premio eleva la responsabilidad literaria del premiado, que intenta merecerlo, y también estar a su altura. En fin, sumándome al criterio de Osdany Morales: habría que ver qué opina Carpentier de los premios Carpentier.

 

*Ministerio del Interior. Organismo dedicado al mantenimiento del orden interno del país.

** Nombre que se da en Cuba a los colegios de régimen internado.

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Sobre el autor

  • Rafael Grillo

    . (La Habana, 1970). Escritor y periodista.. Jefe de Redacción de la revista El Caimán Barbudo y fundador de la web Isliada. Ha publicado Ecos en el laberinto (ensayo, Editorial Extramuros, La Habana, 2005), Las armas y el oficio (periodismo literario, Editorial Capiro, Santa Clara, 2009), Asesinos ilustrados (novela, Editorial Extramuros, 2010), Historias del ABECEDARIO (novela, Editora Abril, 2010) y La revancha de Sísifo (ensayo, Editorial Unicornio, 2010). Como antologador ha publicado el volumen de cuentos Isla en negro. Historias de crimen y enigma (Editora Abril, 2015), El martillo y la hoz y otros cuentos (Ediciones Reina del Mar, 2015) e Isla en rojo. Historias cubanas de vampiros y otras criaturas letales (Editora Abril, 2016); así como estuvo encargado de la sección cubana en [email protected] [email protected] caníbales Volumen 3. Antología del microcuento del Caribe hispano (Editoriales Isla Negra, Puerto Rico; Búho, R. Dominicana; y Unión, Cuba). Incluido también en numerosos libros colectivos, como Los rostros de Padura (Edit. Extramuros, 2015) y Confesiones. El nuevo cuento policial cubano (cuentos, Ediciones UNIÓN, 2011), entre otros. Ha obtenido: Premio de Ensayo José Antonio Echeverría 2004; Premio de Poesía Luisa Pérez de Zambrana 2004; Premio Jorge Ricardo Massetti de Periodismo Internacional en 2006 y 2007; Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2008 en Periodismo Literario; Premio de novela Luis Rogelio Nogueras 2009. Por la web Isliada recibió en 2013 el Premio Cubarte al Mejor Portal de Cultura. Miembro de la UNEAC y de la UPEC. Imparte clases a alumnos de Periodismo en la Universidad de La Habana. Cursa la Maestría en Comunicación Social.