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El quinquenio anti gris de Isliada

Hoy es 20 de junio y son las 6 y 39 de la tarde (al menos en esta zona del mundo). Se acaba el día y siento como si olvidara el cumpleaños de un hijo. Correr a casa, llegar lo más pronto posible, antes de que el niño caiga rendido por el cansancio. Es todo lo que quiero.

Hace poco más de una semana, el Rafa me decía (en un correo electrónico, porque ya no recorremos en busca de café las calles de La Habana): Escribe algo, Leo, yo he contado la historia varias veces… Pero escribo a toda hora, Rafa. Como ladrillos de una casa que alguien venderá después a un dueño que jamás conoceremos. Alzo muros de palabras en predios de otro y la altura de los propios termina por ceder. Inexorablemente.

Isliada cumple cinco años y ni trabajar contra reloj hará que el texto salga en tiempo. Sin importar cuánto corra, nuestro duende cibernético lo colgará en la red cuando la fecha sea historia… La culpa la tienen los horarios, esa horrible costumbre humana de fijarle plazo a todo.

Isliada cumple cinco años y es como un bebé crecido —adolescente casi— a quien tal vez no alimentamos con la puntualidad de los primeros meses. Sin embargo, sabemos que está ahí, creciendo a la velocidad con que envejecen sus orgullosos padres. Se hace adulto. Labra sus propios caminos. Vive.

Isliada pudo derivar en cualquier otra cosa. Si la maldita circunstancia (no del agua) hubiera permitido que estuviéramos juntos, el Rafa, SKL y yo. Si encontrar un espacio (fuera de la Web) hubiera sido una realidad posible. Si la lucha por asegurar el sustento no fuera cada vez más frontal e inhumana. En cualquier parte.

Isliada pudo ser… Pero es. Porque los proyectos toman a veces un rumbo inesperado. Tal vez porque creímos en las potencialidades del Internet, a pesar del confinamiento entre los cuatro mares de una Isla. Tal vez porque tuvimos la suerte de atraer al genio de los algoritmos (y este a su vez atrajo a un diseñador no menos creativo). Tal vez porque escritores amigos nos confiaron los primeros textos y porque después llegaron otros, cuando se hacía evidente que la embarcación, aunque frágil, resistía el embate de las olas que suelen generar la crítica y la censura.

Isliada no pretendió ser una revista ni un sitio para la disquisición teórica. Isliada no quiso presentar el traje sino el cuerpo desnudo. Literatura viva y sin maquillaje. Sin quinquenios grises ni palabras a los intelectuales. Aula adolescente y bulliciosa, antes que biblioteca oscura. Lo increíble no es que la hayamos soñado, sino que, además, la hiciéramos.

¿Cuánto más durará el sueño? ¿Quién lo sabe? Los sitios en la Red de Redes nacen y mueren como insectos en verano. Puede que sea el signo de este tiempo. Ventajas (desventajas) de la era digital, donde todo es efímero. Nuestra intención es que vuele aún durante muchos años y que leer un cuento, un poema, el capítulo de una novela escrita por un autor cubano (sin importar donde viva) esté al alcance de un clic desde cualquier rincón del mundo.

Isliada cumple cinco años y el pastel virtual alcanza para todos.

Celebremos en nombre de la literatura.

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Sobre el autor

  • Leopoldo Luis

    . (La Habana, 1961). Periodista, fotógrafo y narrador. Licenciado en Derecho por la Universidad Central de Las Villas y Diplomado en Periodismo por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Ha publicado los libros de cuentos Adiós, Habana (Ediciones Holguín, 2009), con el que obtuvo el Premio de la Ciudad un año antes, y Extraño bajo un paraguas (Editorial Capiro, 2013). Poemas suyos aparecen en el volumen El ojo de la luz. Antología de poetas y artistas cubanos (Diana Edizioni, Italia, 2009). Sus relatos han sido incluidos en las antologías El martillo y la hoz y otros cuentos (Reina del Mar Editores, 2013) e Isla en negro. Cuentos de crimen y enigma (Casa Editora Abril, 2014). Fue editor y administrador del sitio web de la revista cultural El Caimán Barbudo. Actualmente trabaja como periodista de la televisión hispana en Estados Unidos.