Ciencia Ficción

El virus de la vida

¿Qué es un virus? En los diccionarios podemos encontrar la siguiente enunciación:

Virus (en latín, ‘veneno’). m. Biol. Entidades orgánicas compuestas de proteínas y ácidos nucleicos (material genético), rodeadas por una envuelta o envoltura protectora, y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo. 

Luego, ¿qué es la vida? Esta pregunta ha sido durante milenios la principal búsqueda filosófica de la humanidad. En todas las épocas, han existido hombres dedicados a hallar un criterio absoluto que sea capaz de definirnos y responder estas otras dos preguntas: ¿quiénes somos y por qué estamos aquí? Pero, olvidemos la filosofía y ajustémonos en algunos de los conceptos más mundanos:

Vida. (Del lat. vita). f. Fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee. || 2. Estado de actividad de los seres orgánicos. || 3. Unión del alma y del cuerpo. || 4. Espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento de un animal o un vegetal hasta su muerte. || 5. Duración de las cosas. || 6. Alimento necesario para vivir o mantener la existencia. || 7. Ser humano. || 8. Estado del alma después de la muerte. 

Ya de por sí, ambas definiciones pueden (y de hecho lo hacen) entrar en contradicción. Tomemos por ejemplo los virus; hasta el momento, la ciencia no los cataloga como un organismo vivo y como tal la propia reproducción de estos tiende a destruir la célula hospedera mediante la que se multiplica. Siendo las células la base de los seres vivos y si tenemos a los virus como enemigos de las mismas, podríamos decir que los virus son opuestos y hostiles a la vida.

Pero, traten de ampliar un poco sus mentes, dejen atrás los axiomas ya conocidos y adéntrense en la imaginativa zona de la especulación científica. ¿Sería posible la existencia de un virus que en lugar de quitar y devastar, otorgara y renovara la vida? Si piensan que no, entonces, debo felicitar a sus maestros por haber creado a seres tan dogmáticos y ortodoxos. Si por el contrario, ustedes son de aquellos pocos cuya fantasía es capaz de romper las barreras que la ciencia ha establecido, ergo, les sería relativamente fácil de encontrar amplios ejemplos de mi planteamiento en cualquiera de las culturas y civilizaciones del pasado.

Permítanme citar algunos ejemplos:

Comencemos con el mito de la creación del hombre. No es necesario hacer referencia a una fábula en específico, creo que todos estarán familiarizados con alguna de las muchas historias donde el nacimiento del hombre se encuentra asociado a un fetiche de barro (a semejanza de los dioses) y lo que me gustaría llamar “el toque divino”. Esto no sería más que la gracia mediante la cual un objeto inanimado cobra vida y pasa a formar parte de la naturaleza. Pigmalión, el Golem judío o el archiconocido mito de Frankenstein, son solo muestras de las muchas ocasiones en que se ha repetido esta fórmula.

¿Qué pasaría si el mencionado “toque divino” solo fuera un virus con la capacidad de crear la vida?

Antes de responder a sus preguntas y comentarios, permítanme retomar por un segundo el camino de las conjeturas. Esta vez, hablemos de la muerte y de la resurrección. Si mal no recuerdo, no es posible hallar en toda la historia de la humanidad una sola cultura que no tenga en sus orígenes al menos a un héroe cuyas facultades le permiten vencer el inexorable destino de los hombres. En ciertas civilizaciones, los ejemplos se dan por docenas. Osiris, Asclepios o Esculapio, Lázaro y Jesús, entre tantos otros que nos harían interminable la tarea de enlistarlos.

¿Y si este poder (una vez más, divino) de revivir a los muertos, no fuera más que el efecto de un virus cuyo conocimiento se ha perdido en el tiempo?

Incluso, sociedades pasadas que ya habían alcanzado un avanzado desarrollo científico, mantuvieron de forma casi inconsciente este legado de virus/resurrección. Quizás uno de los mejores ejemplos sería el Virus T, de la milenaria saga de los siglos XX y XXI, Resident Evil. Solo que, en dicho caso, la beneficiaria fue la industria del entretenimiento y no la mitología o la religión. Aún así, sean muñecos de barro, fallecidos o zombis, la pretensión de romper ese nefasto destino que es la muerte, siempre ha estado vinculada al género humano, llegando a ser una de las mayores fantasías jamás conseguidas por científico alguno.

¿Cuál sería la reacción mundial y de los medios más poderosos de nuestros tiempos, si yo afirmara haber descubierto el rastro galáctico de la cepa viral que pudo haber obrado los milagros atrás mencionados?

Fragmento de “Conferencia Introductoria para la Recaudación de Fondos”

Tomado del blog de Martín Ivanovich.

www.allcrazytheoristandnotes.com

***

Gia golpeó otra vez la pantalla de operaciones y maldijo su mala suerte. Dos semanas, ya habían pasado dos semanas desde la última comunicación con la nave Nodriza (¿quién sería el gracioso que le puso un nombre tan irónico?). En fin, si Artie, ese desgraciado mecánico de pacotilla, no acababa de arreglar la antena de transmisión, ella no podría hablar con Pierre y eso la desesperaba tanto o más que las quejas de los estúpidos Doctores Nassif y Krum.

Por supuesto, no estaba para nada preocupada por su seguridad o por la de la misión, pero realmente necesitaba conversar con alguien, fuera de las seis personas que cohabitaban con ella en la Estelios. El capitán Narayana la consideraba un copiloto de poca monta, ni siquiera le atribuía el valor de haberse ganado su puesto de manera digna, pero ¿qué se podía esperar de un hindú con una tradición familiar en viajes espaciales de casi dos centurias? Si fuera solo él, ella podría soportarlo, pero habían más.

Estaban esas otras dos, la Dra. Krum y Helena (Gia se negaba a llamar Dra. a una colegiala por prodigiosa que fuera, incluso la tuteaba sin ninguna vergüenza). Con la Krum era distinto, la presunción de la arqueóloga búlgara la sacaba de sus cabales, hasta el punto de tener que abandonar la misma habitación por no poder contenerse. Helena era sencilla y algo tímida, pero tenía la mala costumbre de usar sus doctorados en psicología en todas las conversaciones. ¡Qué demonios! Ella no tenía la culpa de odiar a la mediquita. ¿A quién le gustaba que estuvieran sacando sus traumas infantiles cada cinco frases?

Y ni hablar de Alí Nassif, el científico loco (como ella le apodaba en su mente). A ese pequeñajo intento de hombre le gustaba encaramarse en sus títulos antes de decir una sola palabra. A Gia tampoco le hacía gracia que le recordaran quien era (o debía ser) el más inteligente de sus compañeros. Finalmente estaban Artie Brown, el mecánico cuyas canas le hacían pensar que era el hombre más experimentado de la galaxia, y su ayudante, Louis, un tontorrón que ni siquiera era capaz de entablar una conversación por más de dos minutos.

La entrada del capitán Narayana al cuarto de control la sacó de sus meditaciones. Eso era lo que le faltaba, tener una charla rutinaria con su superior. Bueno, al menos podría saber por él la ubicación del resto de la tripulación y luego evitarlos estratégicamente.

—¿Todo en orden? —pregunta típica de un capitán de navío que no sabe que decirle a un subalterno.

—Si “orden” incluye las comunicaciones muertas, sí, todo en orden. ¿Alguna novedad fuera de esta habitación?

Itama Narayana, piloto galardonado por casi todas las agencias espaciales conocidas, decidió ignorar el tono con que su subalterna se dirigía a él. Por esta vez se lo atribuiría a las cinco horas que llevaba encerrada en la cabina de mandos. Por esta vez.

—Ya deberías saberlo, Melanopus —Itama no perdía la costumbre de llamar a todos por sus apellidos, ni siquiera después de meses conviviendo juntos—, pero supongo que estabas muy concentrada en establecer contacto con Nodriza. Brown ha reportado otros tres sistemas con desperfectos.

—¡¿Qué?! ¡Maldita sea! ¿Ahora qué?

—Bueno —dijo el capitán mientras giraba su asiento para luego dejarse caer en él—, hay problemas con los motores, con la regulación climática, por lo que vamos a estar un tiempo a temperatura ambiente y para rematar, los sistemas eléctricos también dan fallos. Si sumamos la rotura de la antena principal, creo que podríamos declararnos como náufragos hasta que Nodriza venga al planeta a rescatarnos.

—¿Existe alguien en esta chatarra que me pueda explicar como Artie y Louis pueden siquiera aspirar a cobrar sus primas?

Narayana tomó la pregunta como retórica y no respondió. Tras unos segundos de silencio, Gia reinició la charla.

—¿Y los demás? ¿Qué tienen que decir nuestro clan de letrados?

—La Dra. González. se ha retirado a su habitación a leer Freud, dice que si alguien la necesita vayamos a buscarla. La Dra. Krum volvió a las excavaciones, mientras haya un objeto que desenterrar estará bien. El Dr. Nassif es el más afectado. Los circuitos de la puerta de su laboratorio no están recibiendo energía y él se ha quedado sin mucho que hacer. Le he dicho que podría ser peor, él pudiera haber estado adentro cuando los sistemas fallaron.

—¿Eso es peor? Eso sería el paraíso.

Una vez más, el capitán Itama obvió el sarcasmo de Gia. En verdad, no estaba de humor para amonestarla y de paso comenzar una discusión con semejante bocazas. Con lo las quejas de Nassif le bastaba para una semana. Después de todo, había ido al puesto de mandos para buscar tranquilidad después de tantos problemas. Si tan solo la copiloto Melanopus fuera lo suficiente sensible como para dejarlo a solas…

—Odio estás misiones de pacotilla.

…o como para quedarse callada. A él ya le dolía la cabeza de escuchar los mismos lloriqueos. ¿Es que nadie en aquella nave iba a comportarse como un adulto? A un buen capitán deberían pagarle por mucho más que solo conducir un navío. ¿Alguien le había preguntado cómo se sentía? ¿A alguien le importaba su opinión? NO. Y sin embargo, él tenía que escucharlos a todos. Incluso a la malcriada que ocupaba el cargo de segundo al mando.

Una misión de rutina —pensó para sí—¿Qué podría salir mal? Respuesta: todo. En fin, a lo que vine.

Narayana, abrió su gabinete personal, sacó un par de audífonos y unos espejuelos oscuros. Una vez colocados ambos, se recostó en el asiento mientras decía:

—Melanopus, puede tomarse el resto del día libre. Yo me encargo de la cabina.

De eso es justo de lo que hablo. Eres un estúpido y un arrogante pedazo de mierda —se dijo Gia sin siquiera pensar por un momento cumplir la orden. Si alguien iba a tener que aguantar las peroratas de Alí Nassif, no iba a ser ella.

***

Día 1.

Ya estoy en Génesis. El planeta de donde proviene nuestra especie. El lugar de procedencia de los seres que poblaron la Atlántida en la Tierra. El origen detrás de los orígenes. Sé que el virus está aquí. Puedo presentirlo…

Día 3.

El plan ya ha sido puesto en marcha. Cuatro semanas antes del próximo contacto preestablecido con Nodriza. Dos más antes de que llegue la nave de rescate. Seis en total, tiempo de sobra…

Día 5.

He regresado de mi primera caminata por el planeta. Por suerte nunca ha sido terraformado o la flora y fauna hubieran sido expuestas en el proceso. Atmosfera oxigenada y similitud natural con la Tierra, una maravilla. Sin embargo, esos malditos arqueólogos lo han devastado durante todos estos años buscando hasta las cosas más insignificantes. Un tiempo atrás nunca hubiera podido llegar hasta aquí., pero ahora solo envían una nave cada tres meses y las verificaciones son más flexibles. Creen que ya le han sacado suficiente jugo a Génesis. ¿Qué pueden saber ellos? Yo les demostraré lo que es un verdadero descubrimiento. Se van a arrepentir de no haberme escuchado antes. Las muestras de formas de vida que tomé deben ser analizadas lo más rápido posible. Encontrar el virus puede que sea fácil. De hecho, tengo los reportes de los biólogos que ya estudiaron la vida del planeta, en ellos hay una lista de patógenos inofensivos al cuerpo humano. Solo debo definir cuál de todos es el que busco…

Día 15.

Hace dos días que lo encontré. Es el único que reacciona activando su reproducción cuando las células humanas mueren. Al parecer los aminoácidos de las proteínas son lo que le mantienen en hibernación. Cuando se dejan de producir estos, el virus despierta y comienza a atacar células muertas, sustituyendo en el proceso proteínas y aminoácidos conocidos por otros nuevos (NOTA: compararlos con los existentes en la fauna de Génesis, hacer nuevos cultivos de células humanas). Tal y como lo imaginé, no se comporta como un virus común. No destruye a su hospedero durante la reproducción, solo lo modifica y lo prepara para el siguiente pasó: “el toque divino”, el momento en que las células, gracias a una ayuda externa (todavía por definir) vuelven a la vida, recuperen su actividad normal y reaniman el cuerpo del fallecido…

Día 18.

Creo que es la temperatura. Por eso no funciona. Necesito mucho más tiempo en el laboratorio, a una temperatura estándar de Génesis y que nadie me interrumpa. Además, hay que retrasar cualquier intento de regreso a Nodriza. Ya he tomado medidas para esto…

Día 20.

“El Toque Divino”. Esa es la clave para echarlo todo a andar. Creí que era el clima, pero no. Por supuesto, sería muy fácil. Incluso si ninguno de los exploradores que han venido a Génesis hubiera muerto, ya alguien lo habría descubierto. Pero no ha pasado nada porque la respuesta para alcanzar “el toque divino” está oculta en las mismas leyendas que me dieron la idea del virus. Por eso yo soy el elegido, porque soy el único que presta oídos al pasado. Si está ahí, en los misterios de las religiones, en la mitología, en la realidad que oculta la ficción. He perdido tiempo yendo por mal camino. Es mi culpa por apartarme de mis ideales. Nunca debí dejar de lado las leyendas, en ellas se halla la esencia que buscó…

Día 21-22-23

Si existiera la buena suerte, quizás podría encontrar “el toque divino” en unos pocos intentos, pero la ciencia no tiene nada que ver con la fortuna. He tomado tres sujetos para investigación, dos mujeres y un hombre. No creo que sea suficiente.

Primera prueba: he seleccionado el mito egipcio de Osiris. El sujeto fue inoculado con el virus y procesado según la tradición de embalsamiento. Le fueron retirados todos los órganos, incluyendo el cerebro, luego rellenado con sal y envuelto en telas bañadas con resina de la flora de Génesis. Las pruebas de laboratorio indican que el virus aumenta su actividad bajo estas circunstancias, pero el trabajo de campo no da resultados positivos. Experimento fallido.

Día 24-25

Segunda prueba: mito greco-romano de Asclepios/Esculapio. Es un hecho que la presencia de la lignina de la madera estimula la reproducción viral. El famoso médico de la mitología llevaba como símbolo una vara otorgada por los dioses, la cual revivía a los muertos. He mezclado cultivos de células infestadas con algunas muestras de lignina endémica y esto ha sido inoculado en el sujeto número dos. Los resultados siguen siendo negativos. Quizás la combinación virus/madera requiera una especie plantae oriunda de la Tierra, en cuyo caso no cuento con la materia prima necesaria. Experimento fallido, por falta de componentes.

Tercera prueba: la mitología celta recoge la leyenda de un caldero mágico con la facultad de regresar a los guerreros de la muerte. Es de apreciable la diferencia entre los casos anteriores y este. Después de todo, mi teoría sobre la temperatura no parece estar tan errada. En Egipto y en los pueblos greco-romanos el clima era más favorable que en las frías regiones celticas. El caldero, marmita u olla, es un elemento que se asocia con el fuego, el fuego que devuelve la vida. Preparé al sujeto tres con suficientes agentes virales y aumenté la temperatura de su cuerpo a un porciento que en el laboratorio hace al virus abandonar su hibernación con mayor rapidez. Respuesta equivalente en la investigación de campo. Sin embargo, sigo sin obtener la reacción esperada. Experimento fallido.

Necesito más sujetos. Por desgracia solo quedan dos. Mi camarada los ha mantenido distraídos hasta ahora. No sospechan nada. Por el momento, solo creen desaparecidos a los demás…

Tomado del diario electrónico de Martin Ivanovich.

www.martinivanovichistrue.ru

***

El capitán Narayana cerró tras de sí la compuerta y se abalanzó hacia los controles del Estelios. En el asiento de al lado, Gia lo observaba. Esta vez no había sarcasmo, ni preguntas sin respuestas por parte de la copiloto. Sus heridas apenas le permitían respirar sin sufrir nuevas acometidas de dolor. Hablar era un lujo que debía preservar con cuidado.

—Marcell también ha sido atacado —dijo Itama sin mirarla mientras introducía código tras código en el panel de control— Su habitación estaba hecha un desastre. Parece haber dado una buena pelea, pero por el rastro de sangre y la ausencia del cuerpo, yo diría que perdió.

La noticia hizo sentir mal a Gia. Involuntariamente, su mente recordó las muchas ocasiones en que maltrató al pobre ayudante de mecánica. Luego de haber sido atacada por el maniático, ella podía imaginar con detalles los últimos momentos del muchacho. ¡Qué demonios! Sin la ayuda del capitán, nunca hubiera sobrevivido.

—Dejé a Brown tratando de reparar la energía – continuó diciendo Narayana— No tenemos armas y falta una semana para que Nodriza mande una nave de rescate. Abrir la escotilla y escapar de aquí son las prioridades. Si nuestro mecánico falla…

La copiloto no necesitaba escuchar el resto. Tras poner los últimos códigos y activar los comandos manuales, el oficial se permitió reposar en su asiento. Ahora todo dependía de Artie y sus remiendos. Mientras tanto, Gia y él solo podían esperar a que el mecánico se comunicara con ellos.

—Primero Gonzalez; luego Krum, a quien le robó las herramientas de excavación con las que atacó a ti y a Marcell. ¿Cómo pudimos ser tan ingenuos? Nosotros preocupados por él, y el muy bastardo del Dr. Nassif planeando cómo arrancarnos las cabezas. ¡Diablos! Pensar que estuve así de cerca de atrapar a ese loco, pero haberlo perseguido significaba dejarte desangrar en el comedor. Y no me arrepiento, que conste.

—¿Por qué lo haría? —lo interrumpió Gia y a sus palabras le siguieron unos punzantes dolores.

—No deberías hablar —dijo Itama acercando su asiento a ella— Déjame revisarte.

El oficial levantó el chaleco que cubría a la mujer a modo de manta. Gia estaba desnuda de la cintura para arriba, con el torso cubierto de vendajes. Aquí y allá se observaban manchas rojizas que indicaban los lugares donde el laser la había alcanzado. Narayana observó satisfecho las heridas y agradeció por la limpieza de los cortes.

—Estás bien —afirmó— Si la unidad médica tuviera energía, no ibas a pasar de los cinco minutos de tratamiento. Incluyendo el arreglo de esas costillas.

Gia sonrió.

—No lo sé —dijo Itama refiriéndose a la pregunta de su subalterna— Si González estuviera aquí, tal vez pudiera explicarnos. Quizás ella y su psicología le encontraran algún sentido a que Nassif desaparezca los cadáveres o pudiera establecer alguna conjetura por el carácter de nuestro científico loco. ¿No es así como le decías?

Esta vez ella no pudo contener la risa. Por supuesto, los dolores se repitieron pero valió la pena. ¿Acaso no era irónico que encerrados en una cabina, con la posibilidad de morir a manos de un psicópata, finalmente ella y el capitán lograran entenderse? Era ella o la tensión lo había vuelto un parlanchín.

—Nassif, Alí Nassif —al escuchar el nombre, un escalofrío hizo desvanecer la cálida sensación que Gia había sentido momentos antes— ¿Quién lo hubiera imaginado? Pero tú lo reconociste, ¿no? A pesar de llevar esa estúpida máscara. Sí, era un tipo que se alteraba con facilidad y bastante egocéntrico, pero de ahí a volverse un asesino… Como ya dije, solo González hubiera podido responder a eso. ¿No es así, Gia?

Nunca antes la había tuteado. Itama se estaba tomando las cosas muy en serio.

—Al final, estamos tú y yo solos, atrapados sin saber qué ocurre allá afuera. Quizás Nassif mató a Brown y ya podemos darnos por muertos – Gia se estremeció con la idea pero no lo interrumpió – Por cierto, se me ocurre algo, tal vez esto tenga que ver con la misión de Nassif, aquí en Génesis. Recuerdas como se puso cuando se dañó su laboratorio. Por casualidad, ¿no sabes qué venía a hacer? – la mujer negó con la cabeza – Sí, eso imaginé. ¿Qué se puede esperar de nosotros, los humildes conductores de esta chatarra?

—Capitán Narayana. Itama Narayana, ¿está ahí?

Era la voz de Artie, el mecánico, y se escuchaba en el intercomunicador a sus espaldas. El oficial se levantó de un salto y corrió hasta la puerta.

—¿Brown? ¿Lo has conseguido? – le preguntó casi a gritos al pequeño aparato.

—Sí, capitán, todo está listo, pero debemos apurarnos. No sé cuánto puedan soportar las conexiones hacia la escotilla. Abra la puerta y salgamos de esta maldita nave.

Desde su posición, Gia tuvo un mal presentimiento. Tal vez fuera el tono de Brown o el detalle de no haber preguntado por ella. No lo sabía. Quiso advertirle a Itama de que algo no estaba bien, pero ya era tarde. Sintió abrirse la puerta y luego la voz asombrada del capitán Narayana.

—¿Tú…?

Gia Melanopus, copiloto de la nave de investigación Estelios, no tuvo necesidad de escuchar el vibrante sonido del láser para saber que el oficial estaba muerto. Ella era la próxima.

***

He fallado al tratar de tomar a la tercera mujer. No obstante, Artie me advirtió que ella y Narayana no se separaban mucho después de las desapariciones. Gracias a la sugerencia de usar la máscara y la ropa del Dr. Nassif, no me reconoció. Si lo hubiera hecho, ahora el capitán sospecharía del viejo mecánico en lugar de confiar en él. Tuve que hacer algunos arreglos en mi compartimento para despistar a Narayana. Todo ha sido idea de Artie. El dañar la nave o al menos simularlo, el hacerme pasar por Nassif, el fingir mi muerte, ha logrado que el capitán y la copiloto estén juntos, esperando a que nosotros vayamos a recogerlos. Arthur Brown, te has ganado con creces ser el primer beneficiario del triunfo de mis experimentos. Para ti la inmortalidad será gratis.

Cuarta prueba: el emperador y tirano Qin Shi Huang, anheló durante toda su vida la inmortalidad y murió durante la búsqueda de esta, por ingerir una cantidad inadecuada de mercurio. Se hizo rodear de guerreros hechos de terracota que despertarían a la vida junto con su líder. Hay muchos elementos significativos en esta historia. El mercurio como propiciador de la vida eterna, una vuelta a la tradición de la tierra como base de la creación del hombre y la terracota, barro horneado (de nuevo fuego y  temperatura). Esta vez, trataré de reproducir con mayor esmero, cada detalle del mito. Tengo a mi disposición un sujeto vivo, mujer, a quién provocaré la muerte con mercurio tras haberla infectado. Luego, vendrá un embalsamamiento con lodo para finalmente hornear el cadáver a la temperatura obtenida en el laboratorio. Por supuesto, en la leyenda de Qin Shi Huang falta “el toque divino”, pero asumo como tal la presencia de mi virus, algo con lo que no contaba el emperador. Nuevo fracaso. Experimento fallido.

Quinta prueba: debo ser muy cuidadoso, este es el último sujeto de investigación. Aún tengo tiempo. Cristo volvió a la vida a los tres días de muerto. El cuerpo con que voy a trabajar ya tiene 48 horas, debo ser rápido. Antes de morir, Jesús realizó el milagro de revivir a Lázaro, para ello solo necesito decir “levántate y anda”. En más de una ocasión he citado esto como uno de los mejores ejemplos de “el toque divino”. Creo tener la clave, siempre la tuve. Es la frase, la entonación, los sonidos. Una frecuencia musical que abre la puerta del mundo de las tinieblas. Sí, tengo la traducción en hebreo antiguo y en arameo. La conjunción del virus con la frecuencia sónica de las palabras mágicas, debe funcionar. Experimento fallido.

No puedo decírselo a Artie. El pobre viejo ha puesto demasiado en juego. No puedo desilusionarlo. Llevo tres días engañándolo con mentiras. Ya he probado con todas las combinaciones de tonos posibles, no logro reproducir el milagro. He gastado a todos mis sujetos y todavía mi mente está llena de mitos y leyendas que me gustaría probar. Orfeo; el día de los muertos, en el antiguo México; la mitología hindú, la japonesa; el regreso de Budha, después de la iluminación; la magia de los africanos y australianos; las leyendas de los lapones; la medicina chamánica…

Lo siento, Artie, te necesito.

Sexta Prueba: el sujeto será inoculado con una combinación de la sangre de los cinco pacientes anteriores. Esta comprobado que a partir de los diferentes tratamientos detallados con anterioridad, mi virus crea diferentes proteínas en las células muertas. He dado un buen paso de avance. Las proteínas nuevas creadas tras la muerte celular son compatibles con el metabolismo vivo. Si soy capaz de introducir el virus ya activo, junto con sus proteínas y aminoácidos, en un sujeto no fallecido, entonces, el sistema inmunológico reaccionaría a esto creando nuevos anticuerpos a partir de los aminoácidos virales. Por supuesto, que mi virus pasaría a hibernar pero su función está garantizada. Si todo da resultado, la médula ósea iniciará la formación de un tipo de leucocito desconocido que primero producirá una leucemia terminal para, finalmente, activar los anticuerpos justo con el despertar de mi virus. La conjunción correcta de todo esto, probaría en la práctica el mito de los vampiros. Suerte, Artie.

He fallado por última vez. Defraudé a amigo, al único que confió en mí. Dentro de pocas horas llegará la nave de rescate. Sin Artie no creo que pueda inventar una buena historia para justificar todo lo que he hecho. Estoy perdido. No importa, debo conseguir mi objetivo. Aún me queda un último sujeto.

Séptima Prueba (y última, en esta vida): paciente, Louis Marcell; conocido como Martin Ivanov. El sujeto, por el bien de la humanidad, se presta voluntario para la someterse a sí mismo a una mezcla, no especificada aún, de los experimentos anteriores. Si fracasa, su última voluntad es que otros continúen con las investigaciones que él ha llevado a cabo. He dejado notas y datos detallados para ayudar a mis futuros seguidores en el esclarecimiento del misterio de la muerte y el virus de la vida. Una última advertencia, no se amilanen ante mis fracasos, mantengan la vista en los grandes logros científicos que podríamos alcanzar de obtener resultados, y recuerden, la clave está en las leyendas…

Fragmentos tomados de “Martin Ivanovich: Sus Últimas Anotaciones”

Link restringido de la página: www.theesteliostragedy.com

Eric Flores Taylor. La Habana, 1982. Narrador

Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. En el año 2004 obtuvo el Premio Arena del Taller Espiral y resultó finalista del Concurso de Minicuentos El Dinosaurio. Ha obtenido varios premios en el concurso convocado por la revista Juventud Técnica. En el año 2010 ganó el Premio Oscar Hurtado de Fantasía del Taller Espacio Abierto y en 2011 mereció también el Casa Tomada. Relatos suyos han sido publicados como parte de las antologías Axxis Mundi y En sus marcas, listo, futuro (Editorial Gente Nueva). Ha sido incluido también en Tiempo 0 (Compilación de Cuentos de Ciencia Ficción a cargo de Raúl Aguiar), presentada en la XXI Feria Internacional del Libro por la Casa Editora Abril.