Friedrich Schlegel

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Friedrich Schlegel. Fue uno de esos espíritus incandescentes que no caben en una sola disciplina. Nacido en Hanóver en 1772, se rebeló pronto contra el destino burgués que le imponía una carrera de banquero. Prefirió el laberinto del pensamiento, el eco de los antiguos griegos, la belleza fragmentaria de la poesía. En lugar de números, eligió palabras; en lugar de cuentas, símbolos. Y así, su vida entera se volvió una búsqueda, a veces desordenada, pero siempre apasionada, de la unidad entre el arte, la filosofía y la existencia.

Hombre de muchas voces —crítico literario, novelista, filólogo, traductor, filósofo—, Schlegel se convirtió, junto a su hermano August Wilhelm, en el núcleo del Círculo de Jena, uno de los grandes hervideros del primer Romanticismo alemán. Allí forjó su idea de una poesía universal progresiva, un arte total que reuniera lo racional y lo irracional, lo antiguo y lo moderno, lo humano y lo divino. Acuñó conceptos como la ironía romántica —esa tensión entre lo que el autor imagina perfecto y lo que la obra logra expresar—, y soñó con una nueva mitología que uniera a la humanidad bajo una estética renovada.

Fue amigo de Novalis y amante de Dorothea Veit, con quien vivió en París, ciudad donde estudió sánscrito y comenzó a vislumbrar el papel fundacional de la India en la historia de Occidente. En sus estudios filológicos y comparatistas, Schlegel intuyó que las lenguas no eran meros vehículos del pensamiento, sino huellas profundas de civilizaciones. Su obra Del idioma y la sabiduría de los indios lo colocó como pionero en el campo de la indología y la lingüística moderna. Defendió con fuerza la existencia de una Ursprache, una lengua madre aria que habría dado origen a las culturas europeas.

Convertido al catolicismo en 1808, Schlegel se integró plenamente en los ambientes políticos y religiosos del Imperio Austriaco. Trabajó para el Ministerio de Asuntos Exteriores y defendió con fervor la restauración del orden frente al huracán napoleónico. En este nuevo marco ideológico, se volvió portavoz del conservadurismo romántico, sin abandonar nunca su vocación de pensador. En su revista Concordia, intentó conciliar fe y razón, tradición y modernidad, estética y política.

Sus últimos años transcurrieron entre Fráncfort y Viena, donde preparó la edición de sus obras completas. Murió en Dresde en 1829, dejando tras de sí una constelación de ideas que aún hoy brillan. Friedrich Schlegel no fue solo el teórico del Romanticismo alemán; fue su pulso, su contradicción, su fuego. Desde sus fragmentos hasta sus ensayos, todo en él respira una voluntad de síntesis, de trascendencia y de belleza. Como pocos, entendió que la crítica podía ser también un arte, y que en la poesía cabía el mundo entero.

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