
Janet Asimov
Janet Asimov (1926-2019), nacida Janet Opal Jeppson, fue una de esas figuras discretas cuya obra quedó durante años a la sombra de un nombre inmenso. Sin embargo, detrás de esa aparente condición secundaria se encontraba una mujer de extraordinaria inteligencia: psiquiatra, psicoanalista y escritora de ciencia ficción, capaz de tender puentes entre la exploración del cosmos y los laberintos de la mente humana.
Nació el 6 de agosto de 1926 en Estados Unidos y creció con una curiosidad insaciable por el conocimiento. Estudió primero en Wellesley College y posteriormente obtuvo su licenciatura en la Universidad de Stanford. Más tarde se doctoró en Medicina por la Universidad de Nueva York y completó su especialización en Psiquiatría en el histórico Hospital Bellevue. Su formación culminó en el prestigioso Instituto William Alanson White de Psicoanálisis, donde desarrolló una larga carrera profesional.
Durante décadas ejerció como psiquiatra y psicoanalista, observando de cerca las complejidades del comportamiento humano. Aquella experiencia clínica acabaría filtrándose en sus relatos, dotándolos de una profundidad psicológica poco habitual dentro de la literatura juvenil de ciencia ficción. Sus personajes no solo viajaban por galaxias lejanas; también se enfrentaban a preguntas sobre la identidad, la conciencia y la naturaleza del ser.
Su carrera literaria comenzó en la década de 1960 con la publicación de un relato de misterio. Sin embargo, fue en 1974 cuando dio el salto a la novela con The Second Experiment, una obra que marcó el inicio de una trayectoria dedicada principalmente a la ciencia ficción para jóvenes lectores. Escribía habitualmente bajo el nombre de J. O. Jeppson, conservando así la identidad profesional con la que era conocida en el ámbito médico.
La historia quiso unir su vida a la de uno de los grandes nombres de la literatura del siglo XX: Isaac Asimov. Ambos comenzaron su relación a principios de la década de 1970 y se casaron en 1973. Su matrimonio se prolongó hasta la muerte del escritor en 1992 y estuvo marcado por una intensa complicidad intelectual.
Juntos desarrollaron varias obras dirigidas al público juvenil, entre ellas la popular serie Norby. Aunque el nombre de Isaac Asimov aparecía en las cubiertas, el propio autor reconoció en numerosas ocasiones que aquellas historias eran, en gran medida, obra de Janet. Ella construía los argumentos y desarrollaba los personajes; él intervenía como editor, afinando detalles y supervisando la coherencia científica. Era una colaboración basada en el respeto mutuo y en la admiración compartida por el poder de la imaginación.
Tras la muerte de su marido, Janet asumió una nueva responsabilidad: continuar la divulgación científica que tanto había caracterizado a Isaac. Durante un tiempo escribió la columna de ciencia que él había mantenido en el Los Angeles Times, prolongando así una conversación con los lectores que parecía destinada a no apagarse nunca.
Su vida también estuvo marcada por la valentía personal. Cuando Isaac enfermó gravemente, Janet fue una de las primeras personas en sospechar la verdadera naturaleza de la enfermedad. Años después de su fallecimiento, decidió revelar públicamente que había contraído el VIH a través de una transfusión sanguínea realizada durante una operación cardíaca. Con ello contribuyó a esclarecer una historia rodeada durante mucho tiempo de silencio y estigma.
Janet Asimov falleció el 25 de febrero de 2019 a los 92 años. Dejó tras de sí una obra que combina ciencia, imaginación y sensibilidad psicológica, además de una trayectoria profesional dedicada a comprender los misterios de la mente humana. Su legado demuestra que la ciencia ficción no solo sirve para imaginar otros mundos, sino también para iluminar las regiones más profundas de nuestra propia condición.