
Laurence Manning, December, 1951
Laurence Manning fue una figura singular de la ciencia ficción canadiense del siglo XX, un autor que escribió desde la herida del tiempo y la esperanza del porvenir. Nacido el 20 de julio de 1899 en Saint John, New Brunswick, su obra se sitúa en el cruce entre la imaginación científica, el pensamiento utópico y una sensibilidad marcada por la pérdida. Murió el 10 de abril de 1972, dejando una producción breve pero influyente, discreta en volumen y profunda en resonancia.
Formado en el King’s College de Halifax, Manning perteneció a una generación atravesada por la Primera Guerra Mundial. Aunque se alistó como sus dos hermanos mayores, la guerra terminó antes de que pudiera combatir. La experiencia no fue menos devastadora: uno de sus hermanos murió en la batalla de Vimy Ridge y el otro falleció pocos años después, aún joven, lejos de casa. Estas pérdidas tempranas imprimieron en Manning una conciencia trágica que más tarde se transformaría en una búsqueda persistente de mundos mejores, racionales, justos.
En la década de 1920 se trasladó a Estados Unidos y se instaló primero en Manhattan y luego en Staten Island. Allí comenzó a publicar relatos en revistas pulp, el laboratorio popular de la ciencia ficción clásica. Su nombre quedó ligado a títulos hoy fundamentales como The Man Who Awoke, una reflexión visionaria sobre el paso de los siglos, el progreso humano y el extrañamiento del individuo frente al futuro. Su colaboración con Fletcher Pratt en City of the Living Dead consolidó su entrada en el género.
La obra de Manning se distingue por una ciencia ficción reflexiva, menos interesada en el espectáculo tecnológico que en las consecuencias morales y sociales del avance humano. Fascinado por las utopías, llegó a reunir una biblioteca de más de quinientos volúmenes sobre el tema. En ese impulso intelectual entabló una amistad decisiva con David Lasser, editor y pensador clave del fandom científico de la época, vínculo que marcó tanto su escritura como su vida personal.
A finales de 1935, cuando su carrera literaria parecía afianzarse, Manning tomó una decisión inesperada: abandonó casi por completo la ficción para dedicarse a su negocio de horticultura. Este giro no fue una renuncia, sino otra forma de coherencia vital. Su libro The How and Why of Better Gardening se convirtió en una obra de referencia durante décadas, demostrando que su vocación pedagógica y su amor por el orden natural eran tan firmes como su imaginación especulativa.
Paralelamente, participó activamente en los inicios de la astronáutica moderna. Fue miembro fundador de la American Interplanetary Society, presidente de la entidad y editor de su revista Astronautics. Reconocido hoy como pionero de la cohetería, supo retirarse cuando el campo dejó de ser terreno de visionarios amateurs y pasó a manos de la gran ingeniería, gesto que define su carácter lúcido y poco dado a la grandilocuencia.
En lo personal, Laurence Manning fue también músico, pianista y compositor, un hombre de intereses amplios y silenciosos. Casado con Edith Mary Finette Burrows, tuvo tres hijos y pasó sus últimos años en Highlands, Nueva Jersey. Fumaba en pipa, dirigía la música de su iglesia y vivía lejos del ruido literario que había contribuido a fundar.
Hoy, Laurence Manning ocupa un lugar discreto pero sólido en la historia de la ciencia ficción clásica. Su legado no se mide por la cantidad de obras, sino por la claridad de su mirada: una imaginación guiada por la ética, una fe crítica en el progreso y una melancolía serena ante el paso del tiempo. Un autor que escribió el futuro con la conciencia intacta del pasado.