
Por Ehabich - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=159091304
Raymond A. Moody, Jr. (Porterdale, Georgia, 1944) es una de esas figuras que parecen vivir a caballo entre la ciencia y el misterio, entre la razón cartesiana y la intuición mística. Psiquiatra, filósofo y escritor, ha hecho de la muerte —o, mejor dicho, de lo que ocurre justo después— su territorio de exploración. A través de su célebre obra Vida después de la vida, publicada en 1975, Moody inauguró un campo de estudio que, hasta entonces, se movía entre el tabú y la superstición: las experiencias cercanas a la muerte (ECM). Con él, la frontera entre el más allá y la ciencia dejó de ser una línea infranqueable para convertirse en un espacio de preguntas, de relatos y de asombro.
Nacido en la pequeña localidad de Porterdale, en Georgia, y residente desde hace años en la serenidad de la Alabama rural, Moody se formó primero en filosofía —su gran pasión— en la Universidad de Virginia, donde obtuvo su doctorado en 1969. Luego amplió su horizonte con la psicología en la West Georgia College y la medicina en el Medical College de Georgia, hasta convertirse en psiquiatra forense. Esa triple formación —filósofo, psicólogo y médico— lo dotó de una mirada insólita: científica pero humanista, rigurosa pero abierta al misterio.
Su libro Vida después de la vida fue, curiosamente, un texto huérfano de editoriales antes de transformarse en fenómeno editorial y cultural. Traducido a decenas de idiomas, inspiró una película homónima y le valió el World Humanitarian Award. En él, Moody reunió más de ciento cincuenta testimonios de personas que habían estado clínicamente muertas y regresaron. De esos relatos destiló nueve experiencias comunes: el túnel, la luz, la revisión de la vida, la paz, la aversión a volver. Con esa estructura casi poética, el libro tendió un puente entre la ciencia empírica y la experiencia trascendente.
Moody no se detuvo ahí. Fundó el Dr. John Dee Memorial Theater of the Mind, un laboratorio de la conciencia dedicado a la exploración de los estados alterados mediante el psicomanteum: un espejo, una habitación en penumbra y la disposición de mirar más allá de lo visible. Su búsqueda —tan audaz como provocadora— no pretende demostrar dogmas, sino ampliar los límites de lo posible.
A lo largo de su vida, ha indagado también en las regresiones a vidas pasadas y en la hipnosis como vía de exploración interior. En sus palabras resuena una curiosidad casi infantil por lo desconocido, una fe en que la muerte no es un final sino un umbral. Con The Last Laugh, su obra más reciente, vuelve sobre los ecos de su primer libro, ofreciendo nuevos materiales y matices sobre aquel fenómeno que marcó su nombre para siempre.
Raymond Moody es, en definitiva, un viajero de los umbrales: un médico del alma que ha sabido combinar la precisión del diagnóstico con la intuición del poeta. Su obra se mueve entre la ciencia y la revelación, entre el laboratorio y el mito. Hablar de él es hablar del deseo humano —eterno e irrenunciable— de entender qué hay al otro lado de la luz.