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Literatura cubana contemporánea

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Jesús David Curbelo:

La poesía es una sucesión de fracasos absolutos

A propósito del espacio Informalmente formal, su fundador y conductor Racso Morejón conversó con Jesús David Curbelo, poeta, narrador, crítico literario…

A propósito del espacio Informalmente formal, su fundador y conductor Racso Morejón conversó con Jesús David Curbelo, poeta, narrador, crítico literario, traductor y profesor universitario; Licenciado en Filología por la Universidad Central de Las Villas, Jefe de la Redacción de Poesía de Ediciones UNIÓN, profesor adjunto de la Universidad de La Habana y Premio David de Poesía en 1991 por su poemario Salvado por la danza.

Para la presentación de su invitado el anfitrión del espacio habitual de La Casa de la Poesía aseveró, refiriéndose a la trayectoria literaria de Jesús David Curbelo: “Estamos delante de un poeta, de un intelectual que le tiene cogida la temperatura, el estado de ánimo y la fuerza de las vibraciones a buena parte de lo más granado de la literatura cubana y universal. Curbelo es un poeta de la persistencia sobre el aliento de la palabra. Plural y heterogéneo vienen siendo afinidades en este autor para quien la literatura, en tanto destino, es una estocada con la que trasgrede su actualidad”.

RM: Curbelo, la primera pregunta que me asalta tras leer tu ficha de autor, está relacionada con el tiempo, el justo tiempo físico al que “ajustas” tu quehacer intelectual. ¿Cómo lo acomodas para cada una de tus responsabilidades?

JDC: Visto así parece mucho, pero es el resultado del trabajo sostenido durante veinte años; trabajo que en una época de mi vida fue muy intenso, de entusiasmo por la poesía, por la escritura de poesía; ya no lo es tanto, he tenido períodos en que no escribo casi poesía, lo que hago es traducir, que es quizás el centro, el imán de toda esa producción, porque me permite, como se dice en el béisbol, ir calentando el brazo, ir mirando desde adentro las poéticas de algunos autores que me parecen importantes.

“En el caso de la narrativa, viene por el mismo camino; hay asuntos, temas, que necesitan acercamientos con prosa de ficción, un cuento, una novela, y no con poesía, con lo que tradicionalmente se entiende como poesía, a pesar de que en este momento los géneros se intercomunican, se contaminan, difuminan sus fronteras; lo cual me parece interesante y, al menos en la prosa, casi siempre trato de buscar esos libros híbridos que puedan estar a medio camino entre el libro de ensayos, el de testimonio, la crónica, la novela…

“Yo digo siempre en broma que vivo de la literatura, pero no de la que yo escribo, sino de los campos aledaños: la docencia, la crítica literaria, la traducción, de ese tipo de cosas que siempre tienen la doble utilidad de que me permiten organizarme, reflexionar. Todas esas labores se complementan, porque unas calzan a las otras, y todas tienen un eje que es el asunto de la literatura. El tiempo y el quehacer intelectual se van complementando, sencillamente”.

RM: Según Manuel Sosa, eres un filólogo que —cito—ejemplifica el posible ideal filológico: abraza lengua y literatura, análisis y entendimiento; sabe leer y por qué se lee; sabe desarmar el andamiaje lexical y calar intuitivamente su mensaje. Y calla más de lo que dice, por insinuar con elegancia”. ¿Consideras que estas son visibles claves para tu desempeño como crítico literario?; y por otro lado ¿qué importancia le imprimes al silencio en función del texto poético y de ese “insinuar con elegancia”?

JDC: En el caso específico de esto que él habla allí, de esta sección1, fue un experimento complicado, porque empezó siendo una columna de periodismo cultural, pero la fui convirtiendo en una onda de corte más ensayístico, más analítico; eso tenía la virtud de que me obligaba a reflexionar y el defecto de que me obligaba a reflexionar muy de prisa. No es demasiado humano poder producir un ensayo coherente, a un nivel en el que estén parejos el análisis y el manejo de la prosa, cada quince días.

“Eso dio un volumen, que conserva algunas virtudes, pero también tiene muchos defectos que yo quisiera subsanar; entonces lo que he tratado de hacer es usarlo como cantera para escribir otros ensayos, sobre todo lo relativo a poesía cubana; aunque la utilicé también como un pretexto para reflexionar sobre asuntos generales de la poesía o sobre la repercusión de obras de poetas universales en la literatura cubana, que es realmente lo que me interesa. Yo no entiendo la historia ni el devenir de la poesía cubana como un asunto cerrado, en ese diálogo es donde está la riqueza y el posible crecimiento de esa poesía.

“El silencio en el acto poético para mí tiene un peso que lo he ido entendiendo a medida que pasan los años, aunque mi primer libro se llama Apología del silencio, y se publicó muchos años después, es un título más bien irónico; sí me he dado cuenta de la importancia del silencio como pretexto, o sea, no como motivo, sino como algo anterior y posterior al texto y al poema, en fin, todo lo que eso implica para la maduración y la asimilación de una obra poética.

“En el ensayo prefiero otro tipo de variante, la insinuación, efectivamente, la ironía, esos son textos cargados de doble sentido, de sarcasmo, de mueca, de guiños intertextuales, a veces coyunturales, pero tratando de que no se convierta el texto en un galimatías que no pueda leer quien no conozca las claves. La función del ensayo es más bien mover el pensamiento, antes que asentar determinadas verdades supuestamente sacrosantas”.

RM: Recientemente leí que tus ensayos y críticas matizan el tejido literario contemporáneo “sacudiendo la pereza intelectual del medio que le rodea”. Me gustaría saber si en verdad consideras que existe un cierto estado de somnolencia y que expusieras algunas de tus valoraciones sobre ese particular desánimo que amordaza a la literatura cubana, específicamente la crítica literaria.

JDC: Para mí es bastante visible. El clima literario cultural cubano es terrible para hacer crítica literaria, casi nadie logra asimilar que cuando tú hablas de lo que crees que son las virtudes o problemas de un libro, no estás mentándole la madre bajo cuerda al autor, sino tratando de establecer un conjunto de conexiones con determinadas maneras de entender la literatura. Durante años hubo —que tampoco creo que se haya resuelto del todo— escasez de espacios donde publicar esa crítica, pero también me imagino, o sé, que lo que más les cuesta casi siempre a las revistas literarias es armar su sección de crítica. Nadie quiere asumir ese complicado rol.

“La crítica, por lo general, juega a establecer determinadas estrategias de jerarquización, de homologación, de publicidad encubierta, y a veces ni siquiera encubierta y también a veces tiene que ver con la ausencia de variedad de críticos”.

RM: ¿Cómo se da eso?

JDC: Hay un tipo de crítico bastante usual en Europa o en Estados Unidos, que habla con todo el peso de la tradición, los llamados críticos guardianes, como los define Constantino Bértolo, los tipos que dicen “bueno, este libro no entra en la tradición…”. Harold Bloom y otros de ese nivel. Hay otros que son los críticos tribunos, que representan los intereses de un grupo, se dedican a hacer ese tipo de publicidad encubierta y de validación, unas tendencias en detrimento de otras; y están los que son críticos eventuales, los catadores, los que dicen: “me gusta, no me gusta”. Los más raros son los guardianes, llevan una preparación, un sustrato cultural que no siempre está a disposición de todos y a veces las personas que lo tienen no lo emplean.

“En Cuba es bastante usual el crítico proveniente de los medios académicos, tienen otra manera de ver la literatura. Con eso no quiero decir que usted sea graduado de la Universidad y ya eso lo convierte en un crítico, sino que usted ejerza, por lo general, desde la Academia. Estos críticos trabajan con determinados procedimientos de análisis, pero trabajan con verdades no conflictivas, casi nunca ejercen interferencias en el canon, evitan todo tipo de fricción conceptual, estética, y van más bien a autores más o menos canónicos; mientras a los que yo les llamo críticos no profesionales, que son básicamente escritores, se inclinan más por ese otro tipo de propuestas contra-canónicas, de subversión de determinadas maneras de leer o de entender la literatura.

“La otra fatalidad ha sido la obsesiva manía de la crítica literaria cubana de estar buscando a Rimbaud. Siempre hay una propuesta, este es el niño genio de esta promoción —o la niña—; eso distorsiona mucho las cosas. Al final es más fácil entender que la literatura es un tejido en el que está Rimbaud, pero también está Víctor Hugo. Es mucho más cómodo entenderla así, desde la multiplicidad, que desde esa autocracia del criterio que le ha hecho muchísimo daño a la crítica literaria cubana”.

RM: De tu desempeño como traductor has declarado: “Salgo bastante edificado espiritualmente de cada proyecto terminado y, por si no bastara, lleno de inquietudes estéticas por resolver”. ¿Cuáles serían esas “inquietudes estéticas por resolver” y cómo sueles canalizar esas preocupaciones?

JDC: Eso depende del texto a traducir o del autor. Cuando traduje Vida nueva, de Dante, tuve que leer minuciosamente a Dante, y ponerme a pensar si tenía sentido traducir eso que, de algún modo, ya había sido traducido; y si tenía sentido, por qué lo tenía, cuál era la cosa que hacía que Dante fuera un poeta que todavía podría interesarle a alguien.

“Es un acto de aprendizaje rudo, porque por lo general cuando traduces a grandes autores, al menos a mí me enseñan mucho, en el sentido de imaginar cómo esos tipos pudieron llegar ahí con lo fácil que parece hoy cuando uno lo ve, sin embargo, ¡qué cadena de razonamientos, de estudios, de observaciones de las cosas los llevaron a esas soluciones! Eso me crea determinados retos que después trato de extrapolar a mis poemas. Sin conseguirlo la mayoría de las veces.

“Al final he terminado por creer que la poesía es una sucesión de fracasos absolutos; y si vamos a hablar de economía, la poesía es absolutamente un fracaso de concepción, también puede ser un fracaso cognoscitivo, porque son verdades tan efímeras, subjetivas y transitorias que a veces son de consumo absolutamente personal.

“Traducir poesía puede ser un acto baladí, un lujo que uno se da de manera espiritual, pero que me enseña cómo resolvieron, poetas considerados grandes autores, grandes problemas de carácter estético, ético, ideológico o de mil aspectos. Y lo otro es que también es una lección moral, porque te obliga a darte cuenta de que no vas a poder llegar a esas cimas; es una especie de sucedáneo, para creerme un gran poeta el ratico que estoy traduciendo”.

RM: Para el diario digital de Juventud Rebelde declaraste en una ocasión: “La poesía es también, como la entiendo, un continuo acertijo ético-estético”. Vista así, ¿Cuál sería para Jesús David Curbelo la utilidad que le imprime virtud a la poesía, sobre todo en estos tiempos donde impera la antipoesía con delimitados matices globalizadores?

JDC: No creo en que la poesía pueda tener una función de saneamiento social a nivel colectivo, pero sí puede jugar un papel importante de saneamiento individual.

“La utilidad de la poesía está muy venida a menos porque ha salido bastante de los programas de estudio de las escuelas y las universidades. La poesía contemporánea es difícil, muy intelectiva; bien valdría la pena que regresara a los programas de estudio del Preuniversitario. Incluso esos poetas complicados, difíciles, porque Quevedo es un poeta difícil, pero es un poeta del barroco. Y esas carencias uno las puede notar en los libros destinados a la educación primaria; casi toda la poesía que está, aunque alguna proviene de grandes autores cubanos e hispanoamericanos, tiene un importante valor desde el punto de vista formativo, ético, patriótico, pero no siempre eso va en consonancia con los valores estéticos de ese poema y termina por lacerar el gusto de las personas por la poesía.

“Si le sumas a eso que en las universidades cubanas, en las que se estudia Literatura básicamente, los programas están más cargados de teoría literaria y narrativa, la gente se gradúa alegremente de filología sin haber leído a William Blake, y apenas ha leído a Fernando Pessoa, que no están en los programas de estudio, o apenas han leído a T.S. Eliot, a Ezra Pound o a Paul Celan. Es muy difícil pedirle a un supuesto profesional que tiene esas carencias que logre trasmitir pasión.

“Eso de los acertijos ético-estéticos lo decía porque siempre he creído que los mejores poetas son aquellos que cambian, que mutan de poética. No quiere decir que un poeta que sea más bien inmutable no pueda tener cimas; de hecho hay poetas que tienen una obra bastante exigua y son poetas monumentales, porque no les dio tiempo, vivieron poco o escribieron poco, y lograron cimas de una forma determinada; pero esos poetas que tienen una vida más bien larga y se mantienen casi siempre haciendo el mismo tipo de poesía, llega un momento en que ven desde la retórica, desde el agotamiento de su propio mundo”.

RM: Te han propuesto una nueva responsabilidad profesional al frente del Centro Cultural Dulce María Loynaz. ¿Cuáles son tus expectativas y cómo asumes este nuevo rol? ¿Tiene puntos de congruencias con tu visión de la realidad y de la poesía dirigir una institución que por lo regular, se suele pensar, mata al creador?

JDC: Bueno, es posible, pero igual es un desafío. Yo he terminado por asumir cualquier tipo de trabajo como un complemento de mi compromiso principal, que es este alrededor de la literatura. Esto me va a dar la posibilidad de seguir haciendo algún tipo de trabajo de este corte y, como cualquier empleo, es finito; o sea, tanto porque yo no dé la talla, como porque a mí no me convenga. Es un lugar que, supuestamente, puede ser muy potable para mí, o no, pero igual tengo que irlo descifrando en la medida en que voy metiéndome en él, cosa que todavía no he hecho.

NOTAS

1. Se refiere a “Juez y parte. Meditraiciones”; columna quincenal que le encargara el portal digital CubaLiteraria, destinado a la reflexión crítica sobre la poesía cubana contemporánea.

Poesía de Jesús David Curbelo

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Sobre el autor

  • Racso Morejón

    . (La Habana, 1965). Carpintero, poeta y promotor cultural. Aparece incluido en la antología Rapsodias, selección de poesía contemporánea, Montevideo-2006-Brasilia, Editores Bianchi del Movimiento Cultural aBrace que organiza el Festival de Poesía de Montevideo, Uruguay y en El ojo de la luz. Antología de poetas y artistas plásticos cubanos, editado por Diana Ediciones, edición bilingüe sin fin lucrativo. Poemas suyos han sido publicados en las revistas El Caimán Barbudo y Educación. Colabora con reseñas literarias para publicaciones seriadas como Cubaliteraria, Esquife y El Caimán Barbudo.