El Librero Semanal

Borís Godunov

Sobre el autor:

Sobre el libro:

Borís Godunov es, sin duda, la más perfecta y brillante de las obras dramáticas de Pushkin, cuya publicación supuso el fin del clasicismo vigente y transformó radicalmente el teatro en Rusia. Concebida durante uno de sus repetidos destierros, Pushkin fue consciente de que sería rechaza y la guardó consigo hasta que finalmente vio la luz, censurada, en 1831. Como su autor esperaba, fue criticada e incomprendida, pero pronto el realismo de Borís Godunov alcanzó el reconocimiento que merecía hasta el punto de ser definida por Máximo Gorki como «el mejor drama histórico ruso» o inspirar la gran ópera de Mussorgski. Borís Godunov retrata con una belleza y profundidad inusitadas la sociedad medieval de la Rusia de finales del siglo XV y principios del XVI a través de la figura del zar que le da nombre.

Fragmento:

EL PALACIO DEL KREMLIN

(20 de febrero del año 1598)

EL PRÍNCIPE SCHUISKI Y VOROTINSKI

VOROTINSKI

Destinados estamos ambos a regir esta ciudad,
Mas creo que ya no tenemos a quién gobernar.
Moscú está desierta; detrás del Patriarca,
El pueblo marcha hacia el convento.
¿Con qué crees que acabará esta alarma?

SCHUISKI

¿Con qué? Pues no es difícil suponerlo:
El pueblo peleará y llorará aún.
Borís se hará rogar algo todavía,
Como un ebrio ante una copa de vino,
Y por último, gracias a su benevolencia,
Aceptará humildemente la corona,
Y luego regirá nuestro destino,
Como antes.

VOROTINSKI

Ha transcurrido ya un mes,
Desde que junto con su hermana,
Encerróse en un convento, abandonando
Todo lo mundano. No pudieron doblegar
Hasta ahora su opinión, ni el patriarca
Ni los boyardos más inteligentes. No cede
A las promesas suplicantes, ni a los rezos,
Ni a las plegarias de toda Moscú, ni a la voz
De nuestra santa Catedral.
En vano a su hermana le suplican
Bendecir a Borís para subir al trono.
La triste monja y zarina es
Firme como él, y como él, inconmovible.
Es evidente que el propio Borís,
Le inculcó ese temple, pero, ¿qué ocurrirá
Si el propio soberano harto ya
De las graves preocupaciones del Estado,
No quiera asumir el mando todopoderoso?
¿Qué dices tú de todo esto?

SCHUISKI

Diré que en vano,
Se derramó la sangre del zarevich, el infante,
Y si así sucede, Demetrio
Hubiera podido continuar viviendo.

VOROTINSKI

¡Horrible crimen! ¿Es seguro
Que Borís asesinó al zarevich?

SCHUISKI

Ya lo creo,
¿Quién, sino él, en vano trató de sobornar a
Chepchúgov?
¿Quién envió a los hermanos Vitiagóvski con Kachalov?
Yo fui enviado entonces a Uglich,
A investigar el asunto en el lugar del hecho:
Llegué cuando las huellas estaban aún frescas;
La ciudad entera era testigo de la infamia.
Todos los habitantes manifestaron desacuerdo,
Y al regresar, con una palabra sola hubiera podido
Desenmascarar al emboscado criminal.

VOROTINSKI

¿Por qué no lo has eliminado?

SCHUISKI

Reconozco que me turbó en aquel entonces,
Con su serenidad e inesperada falta de vergüenza;
Como si tuviera razón, me miraba a los ojos fijamente,
Me interrogaba, e indagaba nuevos detalles.
Delante suyo repetí el absurdo que el propio zar me sugería.

VOROTINSKI

No es claro, príncipe.

SCHUISKI

¿Y qué podía hacer?
¿Contarle acaso todo a Feodor? El zar
Observaba todo con los ojos del propio Godunov,
Entendía todo con los oídos del propio Godunov.
Por más que yo intentara convencerlo en algo,
Borís lo hubiera disuadido igual en todo,
Y tal vez, en buena hora, como mi tío,
Sería proscripto o quizás encarcelado,
O asesinado en silencio en una celda fría.
No me vanaglorio, pero en caso necesario,
Desde luego, ninguna condena a mí me asusta;
No soy cobarde, ni tampoco necio;
Y no iré a la horca sin pensarlo.

VOROTINSKI

¡Horrible crimen! Oye, ¿es verdad
Que la culpa aún inquieta al asesino?
Tal vez por eso la sangre de la inocente criatura
Le molesta para subir ahora al trono.

SCHUISKI

¡Pasará igual! ¡Borís no es tan tímido!
¡Qué honor para nosotros, y para toda Rusia!
El esclavo de ayer, tártaro, cuñado de Maliuti,
Cuñado del verdugo, y en el alma, él mismo un verdugo,
Tomará la corona y el cetro de Monomaj.

VOROTINSKI

¿Pues, entonces, no es de cuna noble,
Y nosotros somos más que él de la nobleza?

SCHUISKI

Así creo.

VOROTINSKI

Schuiski, Vorotinski…
No es poco decir. Somos príncipes de cuna.

SCHUISKI

De cuna, y de la sangre de los Riúricov.

VOROTINSKI

Mas oye, príncipe, entonces tenemos derechos
Más que él de heredar a Feodor.

SCHUISKI

Mucho más que Godunov.

VOROTINSKI

Ya lo creo.

SCHUISKI

¿Y entonces? Tratemos de azuzar al pueblo
Si Borís no abandona sus acostumbradas picardías.
Deja que ellos abandonen a Godunov,
Pues tienen suficientes príncipes, y que escojan
Entre ellos a alguno, como zar.

VOROTINSKI

No somos pocos los herederos de Variagos,
Es difícil rivalizar con Godunov.
El pueblo ya no ve en nosotros
A los herederos de sus aguerridos defensores.
Hace mucho que hemos perdido las riendas,
Hace mucho que servimos de falderos a los zares.
Y él ha sabido con terror, y con amor,
Y también con gloria, encantar al pueblo.

SCHUISKI (Mirando por la ventana)

Es valeroso, y nosotros… Pero ya es suficiente;
Veo que el pueblo se está ya dispersando,
Vamos pronto, y averigüemos su decisión.

Comentarios a: "Borís Godunov"

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