El vampiro de Sussex

El vampiro de Sussex - Arthur Conan Doyle

El vampiro de Sussex es una de las 56 historias cortas de Sherlock Holmes escritas por el autor británico sir Arthur Conan Doyle. Es una de las 12 historias del ciclo conocido como El archivo de Sherlock Holmes y fue publicada en 1924.
Por más loco que parezca, Sherlock Holmes resolverá dos casos relacionados con vampirismo en la Inglaterra del Sigo XIX.
Una madre Peruana bebe la sangre del cuello de su bebé recién nacido, ella lo hace constantemente y a escondidas de su esposo inglés, el Sr. Ferguson.
Cuando su esposo la descubre, ella se encierra en su cuarto mostrando delirios de locura, mientras el Sr. Ferguson observa como su sueño familiar se desvanece sin explicación alguna.
El Sr. Ferguson acudirá al consultorio de Sherlock Holmes y el Dr. Watson para que le ayuden a descifrar la verdad.

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—Holmes acabó de leer cuidadosamente una nota que le había llegado en el último reparto de correo. Luego, con una risita contenida, que era en él lo más cercano a la risa, me la tendió.

—Como ejemplo de mezcla de lo moderno y lo medieval, de lo práctico y lo demencialmente fantástico, creo que este debe ser indudablemente el límite —dijo—. ¿Qué le parece, Watson?

Leí lo que sigue:

»46 OLD JEWRY

»19 de noviembre.

»Asunto: Vampiros.

»Señor,

«Nuestro cliente, el señor Robert Ferguson, de Ferguson & Muirhead, mayorista de té, de Mincing Lane, nos ha dirigido una consulta con fecha de la presente en relación a los vampiros. Dado que nuestra firma está enteramente especializada en impuestos de maquinaria, el asunto difícilmente queda dentro de nuestra esfera de actividades, y, en consecuencia, hemos recomendado al señor Ferguson que le visite a usted y le exponga el caso. No hemos olvidado el éxito de su actuación en el caso Matilda Briggs.

»Quedamos, querido señor, sinceramente suyos.
»MORRISON, MORRISON Y DODD.
»per E.J.C.»

—Matilda Briggs no era el nombre de ninguna joven, Watson —dijo Holmes, en tono reminiscente—. Era un buque relacionado con la rata gigante de Sumatra. Es una historia que el mundo no está todavía preparado para oír. Pero, ¿qué sabemos de vampiros? ¿Entra eso en nuestra esfera de actividades? Cualquier cosa es mejor que la inactividad, pero lo cierto es que parece como si nos hubieran trasladado a un cuento fantástico de los hermanos Grimm. Extienda el brazo, Watson, y veamos qué nos cuenta la V.

Me eché hacia atrás y tomé el enorme fichero al que Holmes había aludido. Lo sostuvo sobre las rodillas, y su mirada fue pasando, lenta y amorosamente, por el registro donde los viejos casos se mezclaban con la información acumulada a lo largo de su vida.

—Viaje del Gloria Scott —leyó—. Fue un feo asunto. Me parece recordar que usted lo puso por escrito, Watson, aunque no puedo felicitarle por el resultado. Victor Lynch, el falsificador. Veneno… lagarto venenoso, o gila. Un caso notable, ese. Vittoria, la bella del circo. Vanderbilt y el ladrón ambulante. Víboras. Victor, el asombro de Hammersmith. ¡Vaya, vaya! ¡Querido viejo índice! Nada se le escapa. Escuche esto, Watson: Vampirismo en Hungría. Y también: Vampiros en Transilvania.

Recorrió impacientemente las páginas con la mirada, pero al cabo de una breve lectura ensimismada dejó a un lado el enorme registro con un gruñido de decepción.

—¡Basura, Watson! ¡Basura! ¿Qué tenemos nosotros que ver con cadáveres andarines que solo se quedan en sus tumbas si se les clava una estaca en el corazón? Es pura chifladura.

—Pero, indudablemente —dije yo—, el vampiro no es necesariamente un muerto. Una persona viva podría tener la costumbre. He leído algo, por ejemplo, de viejos que chupaban la sangre de jóvenes para apoderarse de su juventud.

—Tiene usted razón, Watson. En una de esas referencias se menciona esta leyenda. Pero, ¿vamos a prestar seriamente atención a esta clase de cosas? Esta agencia pisa fuertemente el suelo, y así debe seguir. El mundo es suficientemente ancho para nosotros. No necesitamos fantasmas. Me temo que no podemos tomarnos al señor Robert Ferguson demasiado en serio. Quizá esta nota sea suya, y pueda arrojar alguna luz sobre lo que le preocupa.

Tomó una segunda carta que había permanecido olvidada sobre la mesa mientras había estado absorto en la primera. Empezó a leerla con una sonrisa divertida en el rostro, pero esa expresión se fue mutando en otra de intenso interés y concentración. Cuando terminó, permaneció algún rato perdido en meditaciones, jugueteando con la carta entre los dedos. Finalmente, se despertó sobresaltado de su ensueño.

—Mansión Cheeseman, Lamberley. ¿Dónde está Lamberley?

—Está en Sussex, al sur de Horsham.

—No muy lejos, ¿eh? ¿Y la mansión Cheeseman?

—Conozco esa zona, Holmes. Está llena de viejas casas que llevan los nombres de los hombres que las construyeron hace siglos. Tiene usted las mansiones Odley, y Harvey, y Carriton… A la gente se la ha olvidado, pero sus hombres viven en sus casas.

El vampiro de Sussex – Arthur Conan Doyle

Arthur Conan Doyle. (Edimburgo, 1859 - Crowborough, Reino Unido, 1930). Novelista británico de familia escocesa. Entre 1882 y 1890 ejerció como médico en Southsea (Inglaterra) y para redondear sus magros ingresos publicó una novela de intriga, Estudio en escarlata, que se convertiría en el primero de los sesenta y ocho relatos en los que aparece uno de los detectives literarios más famosos de todos los tiempos, Sherlock Holmes.

En un momento de auténtica inspiración, basándose en el modelo de Quijote y Sancho que tantos novelistas han utilizado, el autor creó al doctor Watson, un médico leal pero intelectualmente torpe que acompaña a Sherlock y escribe sus aventuras. En julio de 1891 empezó a publicar en la revista Strand Magazine las andanzas de su personaje, basado parcialmente en uno de sus profesores de la universidad, que abogaba por seguir estrictos razonamientos deductivos en todos los órdenes de la vida.

En 1893, harto de Sherlock, decidió darle muerte en la ficción junto a su enemigo mortal, el maligno profesor Moriarty; pero a causa de la presión de sus lectores, debió resucitar al detective en 1902, con El sabueso de los Baskerville.

Las novelas de Sherlock Holmes han suscitado un culto de gran arraigo tanto de los lugares e indumentarias del personaje como de su ficticio domicilio en Londres. Existe una vasta cantidad de publicaciones pseudoeruditas que se ocupan del excéntrico personaje.

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