Franklin Evans, el borracho

Franklin Evans, el borracho, una novela de Walt Whitman

Resumen del libro: "Franklin Evans, el borracho" de

Despreciada durante décadas y vista incluso por su autor como un trabajo menor, Franklin Evans, el borracho emerge hoy como un documento literario fascinante sobre la sociedad estadounidense del siglo XIX. La novela narra la caída y posible redención de un joven que sucumbe a los excesos del alcohol, un tema que en su tiempo conectó con fuerza con el público y con el clima moralizante impulsado por los movimientos de la templanza. Su trama directa y su tono casi pedagógico convierten la obra en un claro ejemplo de la llamada “ficción antialcohólica”, un género muy popular que inundó periódicos, folletines y libros de la época.

Aunque su argumento pueda parecer simple, la novela revela las tensiones sociales y económicas que agitaban a un país en plena transformación. Whitman traza el itinerario vital de un joven norteamericano atrapado entre la ingenuidad rural y los peligros de la vida urbana, un viaje que encarna la preocupación por la educación moral, la movilidad social y el futuro de una democracia todavía frágil. En el fondo, Franklin Evans funciona como una advertencia sobre los riesgos del alcohol, pero también como un retrato vivo de una sociedad que oscila entre el progreso y la crisis.

Hablar de esta novela es también hablar del propio Walt Whitman. Cuando la escribió, aún firmaba como Walter Whitman y trabajaba como periodista popular, inmerso en la cultura impresa de su tiempo. Años después, se convertiría en la figura revolucionaria que transformó la poesía con Hojas de hierba. Sin embargo, en esta obra temprana ya asoman sus intereses por la identidad nacional, la vida cotidiana del ciudadano común y las tensiones morales de un país en construcción. Que vendiera veinte mil ejemplares —una cifra que ninguna edición de su obra maestra alcanzó en vida del poeta— recuerda que antes de erigirse como símbolo de modernidad, Whitman fue un escritor atento a las demandas del mercado y a los debates sociales.

En conjunto, Franklin Evans es mucho más que una curiosidad bibliográfica. Es una ventana a los orígenes literarios de un autor inmenso y a un momento clave de la cultura estadounidense. Un relato sencillo y moralizante, sí, pero también un testimonio histórico, un eco del espíritu reformista y un sorprendente antecedente del Whitman que cambiaría para siempre la literatura.

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Introducción

Despreciada por su propio autor, obviada por la crítica, olvidada por los más apasionados whitmanianos y desconocida por la mayoría de lectores, Franklin Evans es, sin embargo, la única novela que Whitman escribió durante toda su vida. Contrariamente a las opiniones que le niegan cualquier atisbo de interés, la obra es un compendio enciclopédico de las preocupaciones y gustos del entonces joven periodista y popular autor Walter Whitman, quien una década más tarde se convertiría en el famoso Walt Whitman. Es en esta summa americanensis de la cultura popular de la época donde el futuro e inmortal bardo exhibe sin tapujos una rabiosa norteamericaneidad que le acredita para erigirse años más tarde en la voz poética representativa de los Estados Unidos del siglo XIX.

De Franklin Evans llegaron a venderse unos veinte mil ejemplares, una cifra que jamás alcanzó ninguna edición de Hojas de hierba durante la vida de su autor. La obra pertenece a un género hoy en día denostado, pero que durante el siglo XIX inundó literalmente el mercado literario y la vida de los norteamericanos: la ficción antialcohólica. Y esto fue así porque el sentimiento antialcohólico ha de entenderse como un fenómeno integrado dentro de las corrientes reformistas que barrieron los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX, cuyo impacto sobre la literatura norteamericana fue el más extraordinario de los producidos por estas manifestaciones de cambio social. Ralph Waldo Emerson en «Man the Reformer», la conferencia pronunciada el 25 de enero de 1841, casi un año y medio antes de la publicación de la novela, declararía que «en la historia del mundo, la doctrina de la reforma nunca ha gozado de tanta amplitud como la que tiene en estos tiempos». De ahí que no extrañe que con anterioridad a Franklin Evans hubieran aparecido ya en el mercado unas setenta novelas antialcohólicas de las que por lo menos ocho habían sido publicadas en Nueva York.

El hecho de que el primer poeta de los Estados Unidos, y para muchos del Nuevo Mundo, sea también el autor de una novela popular y exitosa que condena la bebida es motivo suficiente para invitar a la reflexión sobre el tema que trata. Lejos de calificar la obra como mero ejercicio narrativo o como simple mecanismo de supervivencia económica, es más sensato intentar dilucidar las razones que posibilitaron su composición, las características de la misma en relación a la ficción antialcohólica de la época y a la propia producción de su autor, y su integración dentro de la maquinaria cultural que desarrolló las ideologías de clase y género que sustentaron los movimientos de reforma de la primera mitad del siglo XIX norteamericano. Como advierte Félix Martín, uno de nuestros estudiosos whitmanianos más destacados, Franklin Evans es «una respuesta novelada, muy alerta al clima reformista en el que se movía Whitman, pone sobre todo de manifiesto su proximidad al pueblo y a la juventud neoyorquina, por más que el sensacionalismo gratuito y la moralina alejen al lector actual».

Hacia la década de 1840 los esfuerzos por refrenar la plaga de la intemperancia estaban presentes en cualquier espacio de la sociedad y cultura norteamericanas: en la ficción, poesía, obras de teatro, periódicos, alegatos propagandísticos, pero también en las óperas, en las casas de comidas, en las de huéspedes, en las tabernas, etcétera. En un principio fueron los clérigos y reformistas los que hicieron uso de discursos que se aproximaban a la condena total del alcohol en cualquiera de sus manifestaciones; sin embargo, a partir de esa década, el debate tomó un giro inesperado, pues sería el mismo borracho el que se apropiaría de su historia de degradación en un momento en que iban surgiendo formas de comunicación nuevas que, si bien con anterioridad habían sido espacio exclusivos de las élites, ahora pasarían a ser dominadas por las clases populares.

Pero antes de adentrarnos en la historia del movimiento antialcohólico en los Estados Unidos y en el análisis de Franklin Evans, conviene recorrer la biografía de su autor cuando todavía se llamaba a sí mismo Walter Whitman y lejos quedaban los años que verían el crecimiento de sus Hojas de hierba.

«Franklin Evans, el borracho» de Walt Whitman

Walt Whitman. (1819-1892) fue un poeta, ensayista y periodista estadounidense, considerado uno de los pilares de la literatura universal. Nació en West Hills, Nueva York, en el seno de una familia humilde, y desde joven se dedicó a diversos oficios, desde tipógrafo hasta maestro de escuela, antes de volcarse completamente a la escritura. Su vida estuvo profundamente influenciada por el espíritu de cambio y expansión de los Estados Unidos del siglo XIX, lo que marcó su visión profundamente democrática y humanista.

La obra más emblemática de Whitman, Hojas de hierba (1855), es un compendio de poesía innovadora que rompe con las formas tradicionales para explorar temas como la naturaleza, la libertad, la individualidad y la espiritualidad. Publicada inicialmente con pocos poemas, Whitman la revisó y amplió a lo largo de su vida, añadiendo textos que celebraban la diversidad humana y el espíritu de igualdad. Su estilo, caracterizado por el verso libre y un tono profundamente personal, influyó en generaciones de escritores y marcó una nueva etapa en la poesía anglosajona.

Whitman vivió intensamente los cambios de su época, desde el fervor expansionista hasta el trauma de la Guerra Civil Estadounidense, donde trabajó como enfermero voluntario. Estas experiencias moldearon su sensibilidad y lo llevaron a escribir obras como Memorias de un enfermero de guerra, que reflejan su compasión por el sufrimiento humano. Su vida personal también estuvo marcada por su carácter reservado, especialmente en lo relacionado con su orientación sexual, un tema que aún genera debate en los estudios sobre su figura.

A pesar de la controversia que acompañó su obra, especialmente por su exaltación del cuerpo y la sensualidad, Whitman fue reconocido en vida como un innovador y como la voz de una nación en formación. Su poesía continúa siendo una celebración de la experiencia humana, un canto al individuo y a la conexión universal. Walt Whitman permanece como un símbolo de la amplitud y la profundidad del espíritu estadounidense, dejando un legado que trasciende fronteras y épocas.