Gringo viejo

Resumen del libro: "Gringo viejo" de

Un fulgurante best seller mexicano en Estados Unidos, Gringo viejo (1985) es una de las novelas más famosas de Carlos Fuentes, figura central de la narrativa y la ensayística mexicana. En Gringo viejo Fuentes plasma los turbulentos años de la lucha revolucionaria en México, cuando un viejo escritor norteamericano escéptico, insalvablemente amargo,
que no se resigna a esperar la muerte por enfermedad o por accidente, decide cruzar la frontera de su país en busca de una muerte digna.

Inspirada en la desaparición del escritor Ambrose Bierce en tiempos de la Revolución mexicana, la novela aborda temas como la muerte, el intercambio cultural y, sobre todo, una constante de la obra de Fuentes: la identidad mexicana. Un escritor y periodista estadounidense decide dejar su vida atrás y va en busca de una muerte gloriosa en medio de la Revolución mexicana. Este gringo viejo eventualmente formará parte de la comitiva de Pancho Villa, quien ha liberado tierras que poseían los Miranda, una familia de terratenientes acaudalados. Su vida en territorio nacional, en medio del pueblo, le enseñará sus costumbres e ideas, otra forma de ver la vida.

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Prólogo

LOS MAPAS DE CARLOS FUENTES Y AMBROSE BIERCE

PARA CARLOS FUENTES las relaciones entre México y los Estados Unidos siempre han sido un elemento decisivo cuando se trata de comprender la idiosincrasia del mexicano. Gringo viejo, al tener entre sus protagonistas principales a dos “gringos” que se descubren a sí mismos al descubrir México, explora la ignorancia de esas relaciones cuando los estadounidenses intentan definir su propia idiosincrasia. En esta novela, Fuentes indaga en el proceso de reconocimiento por el cual pasan unos personajes que al enfrentarse con el sujeto “otro”, ya sea éste mexicano o gringo, llegan a comprender el significado de las marcas que han dejado en ellos sus respectivas historias nacionales. Este conflicto se manifiesta a través de la imagen de una frontera territorial que se siente como si fuera una cicatriz a la que dan forma los viajes reales e interiores de los protagonistas.

Inocencio Mansalvo, uno de los personajes secundarios de la novela, es quien bautiza la línea geopolítica que divide el destino de los del norte y los del sur refiriéndose a ella como cicatriz. Con ese símil Carlos Fuentes cuestiona una escritura de la historia que ignora el hecho de que la frontera es una geografía íntima, definida como producto del dolor. La geografía imprime en los personajes de Gringo viejo los sellos de identidad nacional de un pasado que en el norte creyó en el “destino manifiesto”, concebido como el derecho de apropiarse de todo territorio asignado por la Providencia, y que en el sur significó la amputación de más de la mitad del país por parte del vecino del norte. Las agonías de ese pasado hacen de esta frontera que es cicatriz, o de esta cicatriz que es frontera, la encrucijada vital de tres personajes conscientes de que se deben a la impronta de sus historias nacionales.

En Gringo viejo, los desplazamientos de la joven maestra norteamericana Harriet Winslow y del autonombrado general del ejército villista, Tomás Arroyo, se cruzan y entrecruzan con el periplo mexicano del amargado soldado de la Guerra de Secesión (1861-1865), Ambrose Bierce (1842-1913?), reconocido periodista y escritor, que transita la frontera entre la realidad y la ficción. En esos cruces, la novela revela cicatrices olvidadas y descubre heridas nuevas. Son, así, varias las fronteras vencidas por esta historia de los viajes interiores de unos personajes que al verse frente a frente se descubren uno en el otro. Y es que si, como ha dicho Carlos Fuentes, el arte cuenta lo que la historia mata, los personajes de Gringo viejo intentan complementar esa historia transfronteriza desde el ámbito más personal; es decir, desde los dilemas de la propia identidad.1

En el plan de ofrecer una visión del “otro” y del “otro lado” que propone la novela, la figura de Ambrose Bierce sirve como plataforma para explorar la dinámica histórica que desde el siglo XIX alimenta las tensiones que regulan las relaciones entre México y los Estados Unidos. Aunque hoy en día Bierce es considerado un escritor menor dentro del canon de la literatura norteamericana, en su época fue muy celebrada la prosa sardónica de sus artículos periodísticos y el gusto por lo macabro de sus textos literarios. El “Amargo Bierce” (“Bitter Bierce”) se ganó el apodo gracias a la mordacidad de su ingenio, del cual siempre dejó muestras en sus escritos. Su experiencia como soldado de la Guerra Civil, en donde participó como oficial de la Unión en batallas tan importantes como las de Shiloh y Chickamauga, fue determinante en el desarrollo de la perspectiva cínica que caracterizó tanto su escritura como su visión de la vida.

El experimentalismo que Ambrose Bierce desarrolló en sus Cuentos de soldados y civiles(Tales of Soldiers and Civilians), de 1891, y la inventiva que distinguió las entradas de su Diccionariodel Diablo (Devil’s Dictionary), de 1911, hallaron eco entre autores del calibre de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Carlos Fuentes. Bierce, quien ha sido caracterizado como el “profeta de la desesperanza”,2 como un escritor que encontraba placer en representar al individuo como “un hipócrita, iluso y sentimentalista idiota”,3 halló entre figuras prominentes de la literatura latinoamericana una valoración que, puede decirse, raramente encontró entre los representantes de las letras norteamericanas.

La figura de Ambrose Bierce en la novela sirve para anclar la trama en un discurso capaz de dialogar con la historia gracias a la condición real del gringo viejo. Sin embargo, a pesar del pretendido halo historicista que guía el proceso de interpretación del texto, el lector de Gringo viejo no puede dejar pasar por alto la importancia de la “Nota del autor” que aparece al final de la novela. La apostilla informa que Bierce “Entró a México en noviembre y no se volvió a saber de él. El resto es ficción” (249). Con ese comentario, Fuentes inserta la lectura en un espacio que ofrece una tarima para la expresión de otra forma de entender el pasado. El valor que dentro de la estructura narrativa tiene entonces el personaje de Bierce es el de proponer, desde la base que brinda el sujeto real, la posibilidad de darle a los hechos históricos una lectura alternativa o si se quiere complementaria. En dicha nota, es importante apuntar, se hace referencia directa a la frase con que uno de los biógrafos de Bierce, Paul Fatout en el libro Ambrose Bierce: The Devil’s Lexicographer, resume el incierto destino del escritor norteamericano después de la escritura de su última carta: “El resto es silencio”.4 Con esa alusión al texto de Fatout, Fuentes deja en claro que se apropia de un nombre pero no necesariamente de una biografía. Para Fuentes está claro que el silencio fue lo que hizo historia (nunca se supo nada más de Bierce), pero es en el terreno de la ficción en el que el escritor puede eliminar o reelaborar fronteras, tanto históricas como literarias, y así proponer distintas instancias de diálogo en torno al tema de México y los Estados Unidos.

El interés que expresa el Bierce que recrea Carlos Fuentes por México, es consecuencia del peso que las prácticas de la política exterior de los Estados Unidos representan para el gringo viejo. Como resultado, en la época que la novela reconstruye, y como bien lo sabe el personaje, un americano en México conseguiría la muerte sin tener que esforzarse demasiado en buscarla. Sin embargo, para el Bierce real (el que toma forma a partir de la lectura de sus cartas y de las biografías dedicadas a su persona), las intenciones eran las de ser testigo de los acontecimientos de la Revolución. Bierce sabía que podría encontrar la muerte en México y que eso sería un logro circunstancial, sin embargo su intención era llegar a Sudamérica. Esta información es importante de tener en cuenta porque prueba que Gringo viejo representa algo más que un esfuerzo por aferrarse a una siempre discutible exactitud histórica. La importancia de la novela radica en el propósito de explorar las consecuencias que sobre los sujetos tiene la sombra de los pasados nacionales. Además, la apropiación que de la vida del periodista norteamericano hace Carlos Fuentes le permite elaborar otra perspectiva de aproximación a México y su historia: la de la hipotética reflexión de un representante del periodismo norteamericano consciente del papel que tuvieron las imprentas del imperio de William Randoplh Hearst (1863-1951) en la invención y fomentación de guerras trasnacionales.

Durante sus años como periodista, Ambrose Bierce se destacó como importante comentarista político. Sus artículos eran leídos en ambas costas de los Estados Unidos. Pero las posiciones del amargo Bierce iban en contra del patriotismo exacerbado que promovía la prensa escrita durante los años de la guerra entre España y los Estados Unidos (abril-agosto de 1898). Una guerra que fue categórica en el establecimiento de la supremacía de la nación norteamericana como poder mundial. La guerra hispanoamericana fue alimentada hasta el hartazgo por los periódicos de Hearst, y Bierce siempre supo que la guerra no tenía nada que ver con la promoción de los principios de libertad frente al poder imperial de España, como promulgaba su jefe, sino al interés de los Estados Unidos de expandir su poder hacia el Caribe y el Pacífico.

Otro aspecto interesante en la relación Fuentes-Bierce que ha sido poco explorada por los críticos, tiene que ver con la identificación del escritor mexicano con el estilo de Bierce. Las implicaciones que dentro de las tramas de los textos de estos escritores tienen los movimientos, los pensamientos y los diálogos de los personajes son ofrecidos de forma caleidoscópica. Las acciones que los caracteres llevan a cabo se ejecutan de manera que afectan directamente la percepción que sobre tales acciones tienen los otros personajes e inclusive el lector. En el caso de Bierce, ejemplos importantes los constituyen dos de sus cuentos más famosos: “El puente sobre el río del búho” (“An Occurence at Owl Creek Bridge”) y “Chickamauga”. En el primero, un hombre a punto de ser ahorcado escapa de la muerte y al final del cuento el lector descubre que todo fue un sueño que el condenado tuvo segundos antes de morir. En el segundo, un niño sordomudo no es capaz de oír la violencia de la batalla que se lleva a cabo cerca de su hogar y, después de deambular por el bosque, regresa a su casa para encontrarse con los cadáveres de sus padres. En el caso particular de Fuentes y su Gringo viejo, se trata de jugar con la proyección de la noción que de sí mismos tienen los otros personajes ya que alrededor del tema del cuestionamiento de la identidad se construye la trama de la novela. Pero es precisamente gracias a la frontera entre lo que se es y lo que se cree ser que los actos que realizan los personajes son presentados para que éstos descubran la realidad oculta de su verdadera identidad.

Igualmente, el hecho de que Fuentes construya el personaje de Bierce sobre esbozos biográficos y frases de sus propias cartas le confiere al personaje un aire de indiscutible verosimilitud. Por otra parte, la presencia de trozos y referencias a los textos del cuentista norteamericano sin duda alguna representa el homenaje de un autor que escribe sobre una revolución que intentó eliminar fronteras económicas y sociales a otro autor que fue capaz de retratar los horrores de una revolución hecha para tratar de imponerlas. Podría decirse que, desde la literatura, Fuentes y Bierce dialogan sobre los despropósitos de la violencia separatista.

Gringo viejo – Carlos Fuentes

Carlos Fuentes. Escritor y diplomático mexicano, fue uno de los grandes escritores hispanoamericanos del siglo XX, siendo conocido especialmente por su maestría de la novela y del ensayo, donde analizó con gran acierto la literatura en español. Fuentes pasó su infancia entre varios países debido al trabajo diplomático de su padre, aunque estudió Derecho en México y, más tarde, Economía en Ginebra, mientras realizaba sus primeras colaboraciones periodísticas. Poco después de graduarse, Fuentes comenzó su carrera diplomática, llegando a ser embajador en Francia, convirtiéndose en una de las figuras claves del servicio exterior mexicano durante casi tres décadas.

En 1958, Fuentes publicó su primera novela, La región más transparente, que sirvió como elemento previo al boom latinoamericano posterior. A partir de este momento, y combinando su trabajo y su pasión también por el guión cinematográfico, Fuentes escribió novelas tan importantes como La muerte de Artemio Cruz, Aura o Terra Nostra.

A lo largo de su carrera literaria, Fuentes recibió numerosos premios y galardones, de entre los que habría que destacar algunos como el Rómulo Gallegos, el Cervantes, el Príncipe de Asturias de las Letras, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica o la Legión de Honor otorgada por Francia.

Su obra se considera de gran importancia e influencia para numerosos autores, tanto de su propia generación como posteriores, y tras su muerte, en 2012, se instauró el Premio Internacional Carlos Fuentes, el cual es uno de los mejor dotados del mundo en español.

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