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Literatura cubana contemporánea

El Librero Semanal

Hojas de hierba

Género: PoesíaLibros

Sobre el autor:

Sobre el libro:

En 1855, Whitman publicó la primera de las innumerables ediciones de Hojas de hierba, un libro de poemas cuya principal novedad era un tipo de versificación no usado hasta entonces, y que se alejaba radicalmente del que el poeta había utilizado en los poemas sentimentales que escribió en la década anterior. Puesto que en esta obra alababa el cuerpo humano y glorificaba los gozos de los sentidos, se vio obligado a sufragar él mismo los gastos de su publicación, y a colaborar en las tareas de imprenta. Su nombre no aparecía en la portada de esta edición, pero sí un retrato suyo en camiseta, con los brazos en jarras y el sombrero ladeado, en actitud desafiante. En un largo prefacio, el autor saludaba el advenimiento de una nueva literatura democrática —acorde con el pueblo—, sencilla e irreductible, escrita por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y heroico, que conduciría a los lectores a través de la poesía con la fuerza de su magnética personalidad.

Fragmento

CANTO DE MI MISMO

1

Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

2

Las casas y las habitaciones están llenas de fragancia, los armarios cargados de fragancia,
Yo aspiro la fragancia, la reconozco y me gusta,
El aroma me embriagaría, pero no lo permitiré.

El aire no es un aroma, no huele a nada.
Desde el principio ha sido destinado para mi boca, estoy enamorado de él.
Iré a la ribera junto al bosque, me quitaré el disfraz y quedaré desnudo,
Me enloquece el deseo de que el aire toque todo mi cuerpo.

El vaho de mi aliento,
Ecos, ondulaciones, roncos susurros, raíz de amaranto, hilo de seda, horca y vid.
Mi aspiración y mi espiración, el latido de mi pecho, el paso de la sangre y del aire por mis pulmones,
El olor de las hojas verdes y de las hojas secas, y de la ribera y de oscuras rocas marinas, y del heno del granero,
El áspero sonido de las palabras en mi boca que se pierden en los remolinos del viento,
Un beso fugaz, un abrazo, los pechos que se buscan,
El juego de luz y de sombra sobre los árboles y el movimiento de la rama flexible,
El goce de estar solo o en la agitación de las calles, o por los campos o en la ladera de las colinas,
La sensación de la salud, la plenitud del medio día, mi canto al levantarme de la cama y saludar al sol.
¿Has creído que mil hectáreas son muchas? ¿Has creído que la tierra es mucha?
¿Te ha costado tanto aprender a leer?
¿Te enorgullece comprender el sentido de los poemas?
Quédate conmigo este día y esta noche y serás dueño del origen de todos los poemas,
Serás dueño de los bienes de la tierra y del sol (aún quedan millones de soles),
Ya no recibirás de segunda o de tercera mano las cosas, ni mirarás por los ojos de los muertos, ni te alimentarás de los espectros de los libros,
Tampoco mirarás por mis ojos, ni aceptarás lo que te digo,
Oirás lo que te llega de todos lados y lo tamizarás.

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