Libro 2: La federación
Judas desencadenado

Resumen del libro: "Judas desencadenado" de Peter F. Hamilton
Con Judas desencadenado, Peter F. Hamilton pone el broche de oro a una de las sagas más ambiciosas de la ciencia ficción moderna. Tras los sorprendentes acontecimientos de La estrella de Pandora, la humanidad se enfrenta ahora a una amenaza mucho más tangible y devastadora: una guerra que podría borrar siglos de prosperidad y hacer añicos la Federación.
Durante generaciones, una inteligencia alienígena conocida como el Aviador Estelar ha movido los hilos desde las sombras, manipulando acontecimientos y sembrando las semillas del conflicto. Ahora que su existencia ha sido finalmente descubierta gracias a la perseverancia de la investigadora Paula Myo, los líderes de la Federación deben aceptar una realidad aterradora: el enemigo lleva siglos infiltrado en su historia.
Mientras las grandes potencias preparan su respuesta y la galaxia se desliza hacia el caos, los destinos de innumerables personajes convergen en una carrera contrarreloj. Entre ellos destaca Mark Vernon, un mecánico brillante que cree haber encontrado el trabajo más seguro del universo construyendo las naves destinadas a evacuar a las élites en caso de derrota. Sin embargo, cuando Nigel Sheldon, uno de los arquitectos de la Federación, le pide un aparentemente insignificante favor, su vida toma un rumbo completamente inesperado.
Hamilton vuelve a demostrar su extraordinaria habilidad para combinar la escala épica de las grandes space operas con personajes cercanos y llenos de humanidad. Batallas interestelares, conspiraciones políticas, tecnologías asombrosas y dilemas morales se entrelazan en una narración que nunca pierde el sentido de la aventura ni la capacidad de sorprender.
Pero más allá de los enfrentamientos y las estrategias militares, Judas desencadenado es una reflexión sobre el precio del poder, la supervivencia y la capacidad de las civilizaciones para enfrentarse a amenazas que desafían toda comprensión. Cada decisión puede alterar el futuro de miles de mundos y cada victoria puede esconder un nuevo peligro.
Con un ritmo absorbente y una imaginación desbordante, Peter F. Hamilton ofrece una conclusión espectacular que expande todavía más los límites de su universo. Judas desencadenado es una novela monumental, llena de acción, misterio y asombro cósmico, que recompensa al lector con una de las resoluciones más memorables de la ciencia ficción contemporánea.
Prólogo
Ya desde el principio hubo algo en la investigación que no dejó muy tranquila a la teniente Renne Kempasa. La primera duda partió de su subconsciente cuando vio el loft de la víctima. Había estado dentro de lofts como aquél cien veces. Era la clase de lujoso apartamento metropolitano en el que vivía por lo general un grupo de marchosos personajes de series de TSI; personas guapas y solteras con empleos bien remunerados a quienes les daban la mayor parte del día libre para que pudieran disfrutar de un espacio de unos quinientos metros cuadrados, y que ganduleaban en medio de una decoración extravagante obra de un diseñador de interiores al que pagaban en exceso. Un escenario que era completamente ajeno a la vida real, pero lleno de potencial dramático o cómico para los guionistas.
Y allí estaba, un día después del escopetazo que denunciaba a la presidenta Elaine Doi como agente del aviador estelar, siendo acompañada al interior de uno de esos apartamentos en el ático de un bloque industrial remodelado de Daroca, la capital de Arevalo. El inmenso salón de planta abierta tenía un amplio y soleado balcón que se asomaba al río Caspe, el cual atravesaba el corazón de la ciudad. Al igual que todas las capitales de los prósperos planetas de la fase uno, Daroca era un suntuoso montaje de parques, edificios elegantes y calles amplias que se extendían hasta el horizonte. Bajo las sombras doradas del sol matinal del planeta, resplandecía con un nítido esplendor coronal que añadía una atractiva elegancia al paisaje.
Renne sacudió la cabeza ante aquella fabulosa vista, no terminaba de creérselo del todo. Incluso con el sueldo que le pagaba la Marina, bastante decente, por cierto, jamás podría permitirse el alquiler de algo así. Y en esos momentos aquello lo estaban pagando tres chicas que estaban en su primera vida, y ninguna Llegaba a los veinticinco años.
Una de ellas, Catriona Saleeb, le franqueaba la entrada a Renne y Tarlo; era una jovencita de veintidós años, pequeña, con el cabello negro, largo y rizado que lucía un sencillo vestido verde con marcadas franjas geométricas de color lila, aunque Renne sabía que el vestido era un Fon, lo que hacía subir su precio por encima de los mil dólares terráqueos, y la chica lo estaba usando como si fuera un simple vestido de andar por casa. El mayordomo electrónico de Renne envió el expediente de Saleeb a su visión virtual; era una de los miembros más jóvenes de la familia Morishi, una de las grandes, y trabajaba en un banco en el gran distrito financiero de Daroca.
Sus dos amigas eran Trisha Marina Halgarth, que tenía un empleo en el departamento de publicidad de Veccdale, una filial de Halgarth que diseñaba sistemas domésticos de lujo, e Isabella Halgarth, que había aceptado un empleo en una galería de arte contemporáneo de la ciudad. Todas encajaban en el mismo perfil: tres chicas solteras que compartían piso en la ciudad y se divertían mientras esperaban a que despegaran sus auténticas carreras o a que se materializaran unos maridos de igual riqueza y estatus, y se las llevaran a una mansión costeada por los fondos fiduciarios fusionados de ambos para producir la cuota de niños que les correspondía por contrato.
—Es un sitio magnífico el que tienen aquí —dijo Tarlo cuando se dirigieron al salón.
Catriona se giró y le dedicó una sonrisa que era mucho más que simple cortesía.
—Gracias. Es un piso de la familia, así que nos lo dejan a buen precio.
—Montones de fiestas salvajes, eh.
La sonrisa de la joven se hizo provocadora.
—Quizá.
Renne lanzó una mirada exasperada a su compañero. Se suponía que estaban de servicio, no tirándoles los tejos a testigos potenciales. Tarlo se limitó a devolverle la sonrisa, unos dientes blancos perfectos resplandeciendo en un rostro bronceado y atractivo. La teniente ya había visto lo eficaz que podía ser aquella sonrisa en los clubes y bares de todo París.
Catriona los llevó a la sección de la cocina, que estaba separada del salón por una amplia barra de mármol. La cocina era ultramoderna, equipada con todos y cada uno de los artilugios más prácticos posibles, todo empotrado en módulos de color blanco cisne y forma de huevo. Por alguna razón a Renne no le parecía que aquello se utilizara mucho para cocinar de verdad, ni siquiera por parte de todos aquellos robots chef de aspecto complicado.
Las otras dos chicas estaban sentadas en unos taburetes, junto a la barra.
—¿Trisha Marina Halgarth? —preguntó Renne.
—Ésa soy yo. —Una de las chicas se levantó. Tenía un rostro con forma de corazón y la piel aceitunada pero clara, con unos tatuajes CO pequeños y de color verde oscuro con forma de ala de mariposa que partían de los ojos castaños. Vestía un inmenso albornoz de felpa que utilizaba como si fuese una armadura defensiva, y no dejaba de aferrarse a la algodonosa tela y ceñirla alrededor de su cuerpo. Sus pies desnudos lucían anillos de plata alrededor de cada dedo.
—Somos de Inteligencia Naval —dijo Tarlo—. La teniente Kempasa y yo estamos investigando lo que le ha ocurrido.
—Se refiere a lo crédula que fui —le soltó la chica.
—Tranquila, cielo —dijo Isabella Halgarth. Rodeó con un brazo los hombros de Trisha—. Éstos son los buenos. —Después se levantó para enfrentarse a los investigadores.
Renne se encontró con que tenía que levantar la cabeza un poco ya que Isabella era varios centímetros más alta que ella, casi tan alta como Tarlo. Iba vestida con unos vaqueros muy ceñidos que le resaltaban las piernas. Su largo cabello rubio estaba sujeto en una sola cola de caballo que le llegaba a las caderas. Era una imagen de elegancia despreocupada.
La sonrisa de Tarlo se había ensanchado. A Renne le apetecía empujarlo contra una pared y gritarle una advertencia sobre conducta profesional mientras le agitaba un dedo en la cara para darle más énfasis. Pero, en lugar de eso, hizo todo lo que pudo por no prestar atención a las miradas y los rituales de apareamiento que se estaban produciendo a su alrededor.
—He investigado casos muy parecidos, señorita Halgarth —dijo—. En mi experiencia, la víctima pocas veces es una persona crédula. Los Guardianes han ido desarrollando una operación muy sofisticada a lo largo de los años.
—¡Años! —bufó Catriona—. ¿Y no los han cogido todavía?
Renne mantuvo la expresión cortés.
—Creemos que estamos cerca de una resolución.
Las tres chicas intercambiaron miradas poco convencidas. Trisha volvió a sentarse, aferrada al albornoz.
—Sé que es desagradable para usted —dijo Tarlo—. Pero si pudiera empezar por decirme el nombre del hombre… —Su sonrisa se suavizó, convertida en una expresión alentadora y comprensiva.
Trisha asintió de mala gana.
—Claro. Howard Liang. —Esbozó una débil sonrisa—. ¿Supongo que ése no era su nombre real?
—No —dijo Tarlo—. Pero esa identidad habrá creado muchos datos dentro del ciberespacio de Daroca. Nuestros equipos informáticos forenses conseguirán un buen número de archivos asociados. Podemos comprobar la información de la identidad falsa, dónde se insertó, y quizá quién estuvo implicado en la falsificación. Todo ayuda.
—¿Cómo se conocieron? —preguntó Renne.
—En una fiesta. Vamos a muchas. —La joven miró a sus dos amigas en busca de apoyo.
—Es una ciudad estupenda —dijo Isabella—. Daroca es un planeta rico, la gente de aquí tiene dinero y tiempo para divertirse. —Sus ojos le lanzaron a Tarlo una mirada divertida—. Trish y yo pertenecemos a una dinastía, Catriona es una grande de la galaxia. ¿Qué puedo decir? Somos personas muy deseables.
—¿Howard Liang era rico? —preguntó Renne.
—No tenía un fondo fiduciario —dijo Trisha, después se sonrojó—. Bueno, decía que no lo tenía. Se suponía que su familia venía de Velaines. Dijo que hacía un par de años que había salido de su primer rejuvenecimiento. Me gustó.
—¿Dónde trabajaba?
—En el departamento de materias primas de la financiera Ridgeon. Dios, ni siquiera sé si eso es verdad. —Se llevó la mano libre a la frente y se la frotó con fuerza—. No sé cuántos años tenía en realidad. No sé nada en absoluto sobre él. Eso es lo que más odio de todo. No que robara mi certificado de autor, ni que me sometiera a un borrado de memoria. Sólo… que me engañara así. Es tan estúpido. La oficina de seguridad de nuestra familia nos envía las suficientes advertencias. Nunca pensé que me afectaran.
—Por favor —dijo Tarlo—. No se culpe. Estos tipos son profesionales. ¡Caray, pero si es probable que me engañaran hasta a mí! Bueno, ¿cuándo fue la última vez que lo vio?
—Hace tres días. Salimos esa noche. Me habían invitado al club Bourne, había una fiesta, el estreno de una nueva serie. Después comimos algo, y luego volví a casa, creo. La matriz doméstica del apartamento dice que llegué a las cinco de la mañana. No recuerdo nada después de la cena. ¿Fue entonces cuando lo hicieron?
—Es posible —dijo Renne—. ¿El señor Liang compartía su apartamento con alguien?
—No. Vivía solo. Conocí a un par de sus amigos. Creo que eran de Ridgeon. Sólo salimos un par de semanas. Lo suficiente para que yo bajara la guardia, supongo. —Sacudió la cabeza con furia—. Odio todo esto. La Federación entera piensa que yo creo que la presidenta es una alienígena. Jamás podré mirar a nadie en el trabajo otra vez. Tendré que volver a Solidade para que me cambien la cara y utilizar otro nombre.
—Seguramente eso ayudaría —dijo Tarlo con dulzura—. Pero antes tenemos que hacerle unas pruebas. Hay un equipo médico forense esperando abajo, en el vestíbulo.
Pueden hacerlo en una clínica o aquí, con lo que usted esté más cómoda.
…
Peter F. Hamilton. Nació en Rutland (Reino Unido) en 1960. Compró su primera máquina de escribir en 1987 y durante los siguientes tres años acumuló lo que él considera una gran pila de relatos cortos rechazados. Como otros escritores de su generación, se dedicó a mandar estos relatos a Interzone, aunque no le fueron publicados hasta pasado un tiempo. Después de esto alcanzó la notoriedad gracias a Mindstar Rising y sus dos secuelas, A Quantum Murder y The Nanoflower, que conformarían la trilogía de Greg Mandel, un detective con poderes psíquicos. Ambientada en un futuro próximo en una Bretaña que se ha convertido al comunismo, describe una sociedad que se empieza a reconstruir a sí misma mediante la producción de tecnología avanzada. Estos libros son un ejercicio de especulación científica, política y social muy viva mezclados con elementos de ficción detectivesca.
Para su proyecto más importante Hamilton cambió de tercio escribiendo un ambicioso conjunto de space operas conocidas colectivamente como la trilogía Night's Dawn (formada por The Reality Dysfunction, The Neutronium Alchemist y The Naked God). Lo que empezó siendo una novela espacial normal acabó convirtiéndose en una obra de dimensiones descomunales, dando lugar al final a tres novelas de más de mil páginas cada una. Eso generó dos posturas de opinión enfrentadas, ya que mientras que unos consideraban que era un exceso innecesario, otros afirmaban que su representación extremadamente detallada de las civilizaciones, planetas, tecnología y culturas era un gran logro y ayudaban a crear un universo totalmente creíble. En cualquier caso las críticas y ventas le dieron la razón, pues en ambos casos fueron excelentes.
Tras escribir un apéndice de la serie (The Confederation Handbook, un libro de información en la línea de los apéndices de El Señor de los Anillos), una novela para lectores jóvenes (Lightstorm) y otra para PS Publishing de edición limitada (Watching Trees Grow), publicó su siguiente obra completa, La caida del dragón. Este libro es en gran medida una fusión de las ideas y estilos, incluso de personajes, que se pudieron ver en la trilogía Night's Dawn, pero en un tono más oscuro. Describe una sociedad deprimente dominada por cinco megacorporaciones que poseen un poder casi ilimitado. Uno de sus aspectos más interesantes es su descripción, nada convencional, de una sociedad espacial que no ha conseguido desarrollar un método de viaje interplanetario sostenible.
Su siguiente obra, Misspent Youth, es mucho más corta que los libros de Night's Dawn o que La caída del dragón, y nos muestra una versión distinta del futuro próximo de Bretaña de la que podíamos ver en la trilogía de Greg Mandel. Combina el tema del rejuvenecimiento con una creciente preocupación acerca del fenómeno de la integración europea desde un punto de vista bastante escéptico. Muchos de sus protagonistas tienen algún tipo de tara grave de personalidad que le añade un tono muy oscuro a la novela en comparación con sus trabajos anteriores.
La estrella de Pandora, nos sitúa aproximadamente trescientos años después en el mismo universo que Misspent Youth. Explora los efectos sociales que producen la práctica eliminación de la muerte mediante las técnicas de rejuvenecimiento que nos presentó en la novela anterior. En un estilo de alguna forma similar al de Night's Dawn, Hamilton resalta, con gran detalle, un universo con un pequeño número de distintas especies alienígenas que se relacionan pacíficamente y que súbitamente han de enfrentarse a una cada vez más ominosa amenaza exterior.
Hamilton toca constantemente temas ambiciosos, particularmente en Night's Dawn. En esta trilogía, trata extensamente la política, comparando y contrastando un gran espectro de sistemas políticos y sociales distintos mediante una alianza abierta de mundos independientes, entrando también en la religión y la metafísica. Otros temas que se pueden encontrar repetidamente a lo largo de su obra son los problemas y oportunidades que derivan de la innovación tecnológica y el fenómeno del desequilibrio tecnológico existente entre sociedades distintas.
En sus obras emplea generalmente un estilo claro y prosaico, aunque en sus relatos cortos puede llegar a ser bastante más extravagante. Afirma haber sido influenciado por los autores clásicos de ciencia ficción: Heinlein, Clarke y Asimov. En Night's Dawn su estilo tiene un efecto muy positivo al conseguir mantener de forma continua las distintas líneas argumentales y logrando que el lector pueda seguirlas con facilidad. Es característico en sus obras el cambio entre distintos personajes (suele trabajar con tres o cuatro protagonistas, cuyos caminos van por separado pero que eventualmente se cruzan a la mitad del libro aproximadamente). Esto está fuertemente marcado en Night's Dawn y continúa así en La Estrella de Pandora.