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La prima Bela

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Sobre el libro:

«La prima Bela» («La Cousine Bette»), junto con «El primo Pons» son las dos novelas que conforman «Los parientes pobres», de «La Comedia Humana» del escritor francés Honoré de Balzac publicada en 1846. Ambientada en el París de mediados del siglo XIX, narra la historia de una mujer soltera de edad mediana que planea la destrucción de su familia. Bela, aliada a la pérfida Valeria Marneffe quien planea seducir y atormentar a varios hombres, uno de los cuales es el barón Hulot, el esposo de la prima de Bela, Adelina. Hulot sacrifica la fortuna familiar y su reputación para complacer a Valeria, pero ella lo abandona por un comerciante llamado Crevel.

Fragmento

No es al príncipe romano, ni al heredero de la ilustre casa de Caetani, que ha suministrado Papas a la Cristiandad, a quien dedico este pequeño fragmento de una larga historia, sino al sabio comentarista del Dante.

Usted me ha hecho descubrir la maravillosa armazón de ideas sobre la que el más grande de los poetas italianos ha construido su poema, el único que los modernos pueden oponer al de Homero. Antes de oír a usted, la Divina Comedia parecíame un inmenso enigma, cuya solución nadie había encontrado, y menos que nadie los comentaristas. Comprender de ese modo a Dante es ser tan grande como él; bien que todas las grandezas le son a usted familiares.

Publicando, en un volumen dogmático, la improvisación con que usted hubo de encantarme en una de las veladas en que se descansa de haber visto Roma, un sabio francés lograría una reputación, ganaría una cátedra y muchas cruces. Quizá usted ignora que la mayor parte de nuestros catedráticos viven sobre Alemania, sobre Inglaterra, sobre el Oriente o sobre el Norte, como insectos posados sobre un árbol; y, como el insecto, llegan a convertirse en parte integrante de aquél, pidiendo prestado su valor al del sujeto. Italia no ha sido explotada aún en cátedra abierta. Por eso no se me tendrá nunca en cuenta mi discreción literaria. Despojándole a usted, habría podido convertirme en un hombre docto con la fuerza de tres Schlegel, mientras que ahora voy a quedarme en simple doctor en medicina social, veterinario de las enfermedades incurables, aunque no sea más que para ofrecer un testimonio de agradecimiento a mi cicerone y unir el ilustre nombre de usted a los de los Porcia, los San Severino, los Pareto, los de Negro, los Belgiojoso que, en La Comedia Humana, representarán aquella íntima y continua alianza entre Italia y Francia, que ya el obispo Bandello, autor de cuentos muy picarescos, consagraba de la misma manera en el siglo XVI, en aquella magnífica colección de novelas de Shakespeare, algunas veces hasta partes enteras y textualmente.

Los dos bosquejos le dedico constituyen las dos fases eternas de un mismo hecho. Homo duplex, ha dicho nuestro Buffon; ¿por qué no añadir: Res duplex? Todo es doble, hasta la virtud. También Molière presentaba siempre los dos lados de todo problema humano; Diderot, a imitación suya, escribió un día Esto no es un cuento, quizá la obra maestra de Diderot, donde presenta la sublime figura de la señorita Lachaux inmolada por Gardanne, frente a la de un amante perfecto muerto por su querida. Mis dos novelas están, pues, colocadas en pareja, como dos gemelos de sexo distinto. Es una fantasía literaria a la que por una vez puede uno entregarse, sobre todo en una obra donde se intenta representar todas las formas que sirven para vestir el pensamiento. La mayor parte de las disputas humanas todo en una obra donde se intenta representar formas que sirven para vestir el pensamiento. La mayor parte de las disputas humanas proceden de que existen a la vez sabios e ignorantes, constituidos de tal manera, que no ven más que un solo lado de los hechos o de las ideas, no ver pretende que la cara que ha visto es la única verdadera, la única buena. Así el Libro Santo ha lanzado esta frase profética: «Dios ha entregado el mundo a las disputas de los hombres». Confieso que este solo pasaje la Escritura debiera inducir a la Santa Sede para darle a usted el gobierno de las dos Cámaras, para obedecer a aquella sentencia comentada, en 1814, por disposición de Louis XVIII.

Que su talento y la poesía que lleva usted en sí protejan a los dos episodios de «Los parientes pobres».

De vuestro afectísimo servidor,

DE BALZAC

París, agosto-septiembre de 1846.

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