Libro 1: Las crónicas de Norby

Norby, el robot extravagante

,

Resumen del libro: "Norby, el robot extravagante" de ,

Hay robots diseñados para obedecer, calcular y ejecutar órdenes con precisión matemática. Y luego está Norby. Con forma de barril y un aspecto que desafía cualquier ideal de perfección tecnológica, este singular autómata se convierte en el corazón de una historia que celebra la imaginación por encima de la lógica y la libertad por encima de los protocolos.

Escrito por Janet Asimov junto a Isaac Asimov, Norby, el robot extravagante presenta a un personaje que parece haber escapado de los límites de la propia robótica. Norby posee una inteligencia imprevisible, una creatividad desbordante y una tendencia irresistible a romper esquemas. Más que un robot, es una fuerza de la naturaleza capaz de alterar cualquier situación con una mezcla de ingenuidad, ingenio y audacia.

La novela sigue las peripecias de este extraordinario compañero mientras se enfrenta a amenazas que ponen en peligro no solo ciudades y planetas, sino también las certezas sobre las que se sostiene el orden establecido. Cuando los seguidores de Ing desencadenan una ofensiva que amenaza Manhattan, Nueva York y, finalmente, el mundo entero, será precisamente el robot más improbable quien demuestre poseer las respuestas que nadie esperaba.

Janet Asimov aporta a la narración una mirada llena de humanidad y sensibilidad psicológica, mientras que Isaac Asimov añade el trasfondo científico que convirtió su nombre en una referencia universal del género. Sin embargo, Norby se aleja deliberadamente del robot clásico asimoviano. Las célebres Tres Leyes de la Robótica parecen tambalearse ante un personaje que actúa movido por la intuición, la curiosidad y una imaginación cercana a la rebeldía.

Entre el humor, la aventura espacial y la sátira, la novela construye un relato que cuestiona la idea de que la inteligencia deba estar necesariamente ligada a la obediencia. Norby representa el caos creativo, la capacidad de improvisar cuando todas las reglas fracasan y la convicción de que, a veces, los mayores héroes son aquellos que no encajan en ningún modelo.

Leída hoy, la obra conserva intacta su frescura. Bajo la apariencia de una divertida aventura juvenil se esconde una reflexión sobre la individualidad, la libertad y el valor de pensar de forma diferente. Norby no es el robot perfecto. Precisamente por eso resulta inolvidable.

Libro Impreso

Introducción

Es probable que, de vez en cuando, oigáis decir que Isaac Asimov es el padre del robot en la literatura, pero no es verdad. En la literatura se empezó pronto a hablar de seres humanos artificiales, de autómatas, de criaturas como Frankenstein, etc.; sin embargo, el primero que hablo de robots fue, sin duda alguna, el escritor checoslovaco Karel Capek: en 1920 publico un drama titulado «RUR», se represento en checo, por primera vez en 1921 y se tradujo al ingles en 1923. Estas iniciales quieren decir Rossum’s Universal Robots, «los robots universales de Rossum». Rossum es —en el drama de Karel Capek— el nombre del personaje ingles que empieza a producir en masa seres humanos artificiales para que realicen el trabajo de la humanidad.

Isaac Asimov nació en 1920 en la ciudad de Petrovich (con acento, según el, en la segunda silaba, pero no esta completamente seguro) en la URSS, que desde hacia tan solo dos años se llamaba así y no Rusia, ya que la revolución bolchevique había tenido lugar dos años antes. En 1923, se traslado a los Estados Unidos con toda la familia: su padre, Judá, su madre, Ana, y su hermana, Marcia. Pero no es mi intención contaros desde el principio la vida de Isaac Asimov. Solo quería que conocieseis la fecha de su nacimiento, que refuta la idea de que él sea el padre de los robots. Nunca se ha dado el caso de que alguien sea padre de otro de su misma edad. Como mucho, Isaac Asimov y la palabra robot son hermanastros, solo eso.

La palabra robot deriva del termino checo robota, que significa trabajo servil; además, rob, en el eslavo antiguo, significa esclavo. Por lo tanto, prácticamente, el robot es un esclavo, y cuando tradujeron al inglés el drama de Karel Capek, podían haber traducido la palabra robots por esclavos. Pero esta vez, la lengua inglesa, que habitualmente invade las demás lenguas con sus vocablos, respeto y acogió un término extranjero. Como esclavo es una palabra que se aplica comúnmente a los seres humanos, no habría reflejado la diferencia que existe entre las cualidades artificiales de los robots universales de Rossum y las cualidades naturales de los seres humanos obligados al trabajo servil.

Al no ser la palabra robot una palabra inglesa, la podían dejar en la traducción igual que en el original y designar a los esclavos artificiales con un nombre que no los confundiera con los esclavos naturales. Esto sucedió exactamente el mismo año en que Isaac y su familia llegaban a un país de lengua inglesa.

Isaac Asimov opina que el drama de Karel Capek es horrible (y creo que tiene razón); pero ha conquistado la inmortalidad gracias a esa única palabra, que ha sido adoptada por cuantos escriben sobre ciencia-ficción (y una vez mas, creo que tiene razón). Desde 1926 en adelante, es decir, desde que en Estados Unidos empezaron a aparecer revistas de ciencia-ficción, los robots que en ellas se describen son casi siempre de metal. Por consiguiente, la palabra robot se refiere específicamente a un ser humano artificial construido casi por completo, o por completo, de metal. Es gracioso, pero Karel Capek en «RUR» había inventado esa palabra para definir a seres humanos artificiales que no eran robots, según la acepción moderna del termino, sino mas bien androides. Androide, de hecho, es cualquier ser humano artificial construido con sustancias parecidas a los tejidos humanos. El termino griego andros, genitivo de aner, no indica al hombre en sentido genérico, sino al ser humano de sexo masculino. Por lo tanto, androide significa semejante al macho. Si nos refiriéramos a la mujer, por similitud, tendríamos que decir ginoide, del termino griego gine, que indica al ser humano de sexo femenino. Para ya sabéis como son los hombres. Prepotentes. Dicen hombre y piensan que mujer esta incluido.

Isaac Asimov codifico en los años cuarenta las «Tres leyes de la robótica», que rigen en la ciencia-ficción:

1) Un robot no puede causar daño a ningún ser humano, ni puede permitir que, por no haber intervenido, lo reciba.

2) un robot debe cumplir las ordenes de los seres humanos siempre que no transgredan la primera ley.

3) un robot debe proteger su propia existencia con tal de que esta autodefensa no contravenga a la primera o a la segunda ley.

Los robots crecían y se multiplicaban desordenadamente en las historias que se publicaban en las revistas populares. Isaac Asimov había leído tantas en los años treinta que se había cansado. A fuerza de desordenes, los robots creados por el hombre terminaban, antes o después, por rebelarse contra su creador. A Isaac Asimov no le parecía justo ni higiénico. Y después de todo, el, además de su pasión por la ciencia-ficción, alimentaba su pasión por la ciencia como estudioso de bioquímica. Declararse vencido antes de haber luchado, no le agradaba y, como lector, deseaba historias mas ordenadas, que quizá llevaran a conclusiones distintas. Conclusiones un poco mas optimistas. ¿Por qué, si el hombre creaba los robots, estos tenían por fuerza que rebelarse contra el? ¿No se podía encontrar el modo de prevenir la rebelión, de prohibirla por ley? ¿Por qué no había leyes para los robots de la misma manera que las hay para los hombres? Puesto que era el hombre quien creaba a los robots, ¿no podría introducir en su criatura una ley oportuna? Tras la codificación, las «Tres leyes de la robótica» fueron adoptadas por muchos autores, además de Isaac Asimov: logro restablecer el orden en estas clases indisciplinadas entre los tumultuosos escolares de la ciencia-ficción. Ha llegado a ser, si no el padre, el patrón de los robots en la literatura.

En octubre de 1938, Isaac Asimov empezó a vender historias de ciencia-ficción a las revistas, y desde entonces no ha cesado: lo menos que se puede decir de él es que es prolífico; se han publicado dos recopilaciones suyas muy interesantes: «Yo robot», en 1950 y «El segundo libro de los Robots», en 1964. Pero, poco a poco, Isaac Asimov ha debido sentir el gusanillo de la intolerancia por el regalo de las «Tres leyes de la robótica», hasta tal punto que, a pesar de su proverbial falta de modestia, se vio obligado a confesar que le fueron inspiradas por el celebre promotor y director de revistas de ciencia-ficción John Wood Campbell Jr., en 1940, durante un encuentro de redacción a finales de 1940. El relato que le proponía Isaac Asimov se titulaba «Mentiroso»; él le iba ilustrando la trama, ensalzando los méritos e intentando explicar a John Wood Campbell Jr. porqué los robots debían comportarse de una manera determinada respecto al hombre. Pero este le interrumpió y le enuncio las «Tres leyes de la robótica» que mas tarde, probablemente con mayor rigor, codifico Asimov. Quizá por ello, las «Tres leyes de la robótica» empezaron a aburrir a su codificador. Esta puede ser la razón fundamental de que sea diferente Norby, el robot de segunda mano que elige unirse a Jeff Wells, el cadete del espacio caído en desgracia, en esta primera, divertida, apasionante e intrigante aventura que leeréis en las próximas paginas.

Otra razón fundamental me la sugiere la fecha reciente de la publicación del original de esta novela. En «La Guerra de las Galaxias», de 1977, el director y productor cinematográfico, que tantos éxitos ha cosechado, George Lucas, ha llevado desde la pantalla a la imaginación colectiva a una pareja de robots que parecen una parodia sacada directamente de las dos recopilaciones de relatos robóticos de Isaac Asimov; este, aun reconociendo el merito de «La Guerra de las Galaxias», ha debido querer tomarse la revancha y ha recurrido a la ayuda de Janet Asimov. Norby no es un robot aerodinámico, sino que se parece a un barril, es una parodia de una parodia; pero esta dotado de una iniciativa y de una imaginación que roza la anarquía cuando se trata de actuar. Y yo diría que no solo la roza. La practica con argucia y arrogancia, inspiración y doctrina, gravedad y candidez. Norby es, a su manera, el autorretrato mas logrado entre los infinitos que hasta ahora nos ha propuesto Isaac Asimov. Evidentemente, las «Tres leyes de la robótica» caen ante el ataque despiadado de los seguidores de Ing contra Manhattan, contra Nueva York y, por fin, contra el mundo. Solo este Segundamano sabe como mover las piezas y las mueve. El resto lo veremos en el próximo libro, porque, para suerte, «Norby, el robot extravagante» es el principio de un ciclo, el resto llegara pronto, tanto para vuestra diversión como para la mía, para la nuestra.

Oreste del Buono

Isaac Asimov. Está considerado uno de los más grandes escritores de ciencia ficción de todos los tiempos. Nacido en Rusia, su familia decidió emigrar a Estados Unidos cuando Asimov sólo contaba con tres años de edad. Se crió, pues, en Brooklyn, Nueva York, donde su padre mantenía una tienda de venta de golosinas y revistas. Desde pequeño ya demostró su interés por la ciencia ficción, siendo un ávido consumidor de revistas pulp.

Su atracción por la ciencia le llevó a estudiar Ingeniería Química, donde luego lograría doctorarse en Bioquímica y ser profesor en la Universidad de Boston durante varios años, hasta que su labor literaria le llevó a abandonar el mundo de la docencia.

Tras acabar la carrera, Asimov publicó su primer cuento en 1939, en la revista Astounding Science Fiction -dirigida por el famoso John W. Campbell- y también colaboró con Amazing Stories. Asimov nunca abandonó la escritura de cuentos y a lo largo de su vida publicó gran número de antologías.

Su obra más importante es sin duda La Fundación (1942) proyecto que se publicó en diversas entregas a lo largo de los años y que compuso poco a poco el universo en que Asimov centró la mayor parte de su trabajo. También ese año (1942) Asimov se casó con Gertrude Blugerman con la que vivió hasta 1970, momento en que se divorció.

En 1950 publicó su primera novela larga Un guijarro en el cielo, que significó el pistoletazo de salida para una larga y prolífica serie de títulos en los que Asimov no sólo trató la ciencia ficción sino que se introdujo en géneros como el policiaco, el histórico o la divulgación científica.

A lo largo de su carrera literaria recibió gran número de galardones literarios, entre los cuales se encuentran varios Premios Hugo, Nébula o Locus. Asimov formó parte, junto a Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke, de el mejor exponente de la época dorada de la ciencia ficción.

Asimov volvió a casarse en 1973 con Janet Opal, un año después de publicar otra de sus obras más importantes Los propios dioses (1972). Varios de sus libros fueron llevados al cine, como El hombre del bicentenario o Yo, Robot. En 2015 se anunció la producción de una serie de televisión basada en la saga Fundación a cargo de la HBO.

La producción de Asimov siguió siendo importante, tanto en cuentos como libros, hasta su muerte el seis de Abril de 1992.

Janet Asimov (1926-2019), nacida Janet Opal Jeppson, fue una de esas figuras discretas cuya obra quedó durante años a la sombra de un nombre inmenso. Sin embargo, detrás de esa aparente condición secundaria se encontraba una mujer de extraordinaria inteligencia: psiquiatra, psicoanalista y escritora de ciencia ficción, capaz de tender puentes entre la exploración del cosmos y los laberintos de la mente humana.

Nació el 6 de agosto de 1926 en Estados Unidos y creció con una curiosidad insaciable por el conocimiento. Estudió primero en Wellesley College y posteriormente obtuvo su licenciatura en la Universidad de Stanford. Más tarde se doctoró en Medicina por la Universidad de Nueva York y completó su especialización en Psiquiatría en el histórico Hospital Bellevue. Su formación culminó en el prestigioso Instituto William Alanson White de Psicoanálisis, donde desarrolló una larga carrera profesional.

Durante décadas ejerció como psiquiatra y psicoanalista, observando de cerca las complejidades del comportamiento humano. Aquella experiencia clínica acabaría filtrándose en sus relatos, dotándolos de una profundidad psicológica poco habitual dentro de la literatura juvenil de ciencia ficción. Sus personajes no solo viajaban por galaxias lejanas; también se enfrentaban a preguntas sobre la identidad, la conciencia y la naturaleza del ser.

Su carrera literaria comenzó en la década de 1960 con la publicación de un relato de misterio. Sin embargo, fue en 1974 cuando dio el salto a la novela con The Second Experiment, una obra que marcó el inicio de una trayectoria dedicada principalmente a la ciencia ficción para jóvenes lectores. Escribía habitualmente bajo el nombre de J. O. Jeppson, conservando así la identidad profesional con la que era conocida en el ámbito médico.

La historia quiso unir su vida a la de uno de los grandes nombres de la literatura del siglo XX: Isaac Asimov. Ambos comenzaron su relación a principios de la década de 1970 y se casaron en 1973. Su matrimonio se prolongó hasta la muerte del escritor en 1992 y estuvo marcado por una intensa complicidad intelectual.

Juntos desarrollaron varias obras dirigidas al público juvenil, entre ellas la popular serie Norby. Aunque el nombre de Isaac Asimov aparecía en las cubiertas, el propio autor reconoció en numerosas ocasiones que aquellas historias eran, en gran medida, obra de Janet. Ella construía los argumentos y desarrollaba los personajes; él intervenía como editor, afinando detalles y supervisando la coherencia científica. Era una colaboración basada en el respeto mutuo y en la admiración compartida por el poder de la imaginación.

Tras la muerte de su marido, Janet asumió una nueva responsabilidad: continuar la divulgación científica que tanto había caracterizado a Isaac. Durante un tiempo escribió la columna de ciencia que él había mantenido en el Los Angeles Times, prolongando así una conversación con los lectores que parecía destinada a no apagarse nunca.

Su vida también estuvo marcada por la valentía personal. Cuando Isaac enfermó gravemente, Janet fue una de las primeras personas en sospechar la verdadera naturaleza de la enfermedad. Años después de su fallecimiento, decidió revelar públicamente que había contraído el VIH a través de una transfusión sanguínea realizada durante una operación cardíaca. Con ello contribuyó a esclarecer una historia rodeada durante mucho tiempo de silencio y estigma.

Janet Asimov falleció el 25 de febrero de 2019 a los 92 años. Dejó tras de sí una obra que combina ciencia, imaginación y sensibilidad psicológica, además de una trayectoria profesional dedicada a comprender los misterios de la mente humana. Su legado demuestra que la ciencia ficción no solo sirve para imaginar otros mundos, sino también para iluminar las regiones más profundas de nuestra propia condición.