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Literatura cubana contemporánea

Narrativa

Oración por Tori Grey

Acabo de leer la triste noticia de un adolescente que se masturbó cuarenta y nueve veces en una noche y cayó muerto

Acabo de leer la triste noticia de un adolescente que se masturbó cuarenta y nueve veces en una noche y cayó muerto. Me lo imagino tratando de llegar a cincuenta, convertido en un guiñapo humano, todo sudor y secreciones. Me da lástima, y envidia. Yo nunca he podido sobrepasar la barrera de las cinco. Aunque quizás se deba tener en cuenta que aquí no tenemos acceso a mucha de la pornografía buena que se hace en el mundo. De hecho, solo unos meses atrás fue que llegaron los X-art, que son lo mejor del soft-porn que se hace ahora. Si te interesa ver una procesión de top models con sus vaginas operadas, teniendo un tibio orgasmo al pie de un acantilado, o en el último sillón de Ikea, los X-Art son para ti. Las muchachas siempre se llaman Stacey o Mary o Victoria. Quiero decir, al menos los nombres son decentes, y no te vas a encontrar con Penny Flames o Faith Leon, nombres que difícilmente tendría una chica normal. Los X-Art son diferentes, no hay un pelo que esté fuera de lugar, una peca, o una gota de semen, todo está milimétricamente calculado. Creo que serían perfectos para verlos con tu novia, si vas en serio con ella, y si es el tipo de muchacha capaz de deducir que ver un video con gente mucho más atractiva que uno mientras lo hacen, puede mejorar el coito de forma considerable. Perdón por la palabra coito. Pero en serio, es lo más cercano a porno romántico que vas a encontrar por ahí.

Yo estoy más por lo tradicional. Los X-Art no son para mí. Lo mío es el porno duro, pero dejando a un lado sadomasoquismos, fetichismos. Mucho menos el porno alternativo. Tampoco nada de muñequitos. No nos engañemos. Puesto a escoger, yo escojo cualquier trigueña que tenga buenas nalgas y sea bonita. No me importa el tamaño de los senos mientras sus pezones tengan las dimensiones apropiadas. Que lo haga con un tipo medianamente dotado, en una locación que no trate de pasar por un escenario de la vida real. Trato de mantener las cosas simples.

Esta tarde copié en casa de Arauca lo último que trajo el barco. A pesar de los quinientos gigas de porno nuevo que tenía solo he copiado diez. No me conviene enviciarme, mañana tengo que trabajar temprano.

Mientras espero a que mi tía se acueste, leo un libro de Dylan Thomas. Esos poemas son más eróticos de lo que uno pudiera pensar en un principio. Y rizarse alrededor del capullo que a ella le bifurca el ojo. Mierda. A veces Dylan Thomas es mejor que Ashlynn Brooke, por ejemplo. Pero solo a veces, la mayoría del tiempo no. No sé si me entienden.

Por alguna razón, me viene de forma inesperada una imagen de mi tía masturbándose mientras ve “De la gran escena”1. Creo que no sería una mala forma de emplear su tiempo. No obstante, me deshago de este cuadro rápidamente pues de mantenerlo por otro minuto, causaría un daño irreparable en mí. Pienso que en realidad no habría nada de incorrecto en empezar con ella despierta, no es que vaya a escuchar ni nada, pero de todas formas prefiero esperar. Es bastante difícil conseguir una erección cuando sabes que a solo unos metros de donde estás hay alguien viendo telenovelas coreanas. Por suerte, los últimos sonidos provenientes de la sala indican que en unos minutos, no habrá moros en la costa.

Al rato empiezo a ver una fotos. Son de una muchacha que trabajaba en la televisión. Solo que a partir de esto alguien mandó una carta donde se le acusaba de haberse expuesto a la práctica de juegos sexuales, relaciones lésbicas y orgías, lo que supuestamente deja mucho que desear de la imagen de una de nuestras conductoras de TV. En todo caso, a mí me parece que las fotos no dejan, literalmente, nada que desear. Y por otra parte, la imagen nunca ha sido el fuerte de nuestras conductoras. La mejor línea de la carta es en la que el autor acusaba a la muchacha y a su esposo por ser reconocidos en algunos sitios de Internet, por la venta de un sexo abierto y con posibilidad de intercambio. ¿Actriz porno o periodista?, ponía después, y yo me pregunto por qué no puede ser las dos cosas. Veo las fotos varias veces, la que más me gusta es una en que aparece con blúmer y ajustadores rosados, con los pies inclinados hacia adentro, evitando que sus talones toquen el suelo, como si estuviera sucio. Sonríe.

Hora de Abella Anderson. Para mí, es la mejor del negocio. Pongo el que es con Rebeca Linares, en el que tienen los gorritos de Navidad. Rebeca se esfuerza mucho, pero sus gemidos están muy lejos de ser naturales. La silicona que se puso hace dos meses no le asienta, iba mejor con los senos pequeños. Pero no es solo eso, es que cuando está junto a Abella lo echa a perder todo: trata de robarse el show con movimientos gastados, del tiempo de Pamela. Vaya, que no le da la cuenta. Abella es más bien pequeña, pero creo que el adjetivo correcto es “portable”. No hay nada que resalte en su cuerpo, pero tampoco nada que sobre. La veo durante un rato, mueve las nalgas como solo ella sabe hacerlo, mientras susurra a la cámara que es la número uno. Y lo es. Atrás está la otra, que tiene la boca demasiado grande.

Pongo una película que copié porque el nombre me dio gracia: Pornolympics: the anal games. Primero, dos muchachas más bien gordas (odio las gordas) pelean en el lodo. Los entrenadores gritan, el público abuchea, ellas se ven cansadas. El final parece predecible: seguro las dos ganan, porque se acuestan con el mismo tipo fuerte y con tatuajes que se ve a la legua que es neonazi. En la segunda parte, unas muchachas tienen que nadar desnudas cien metros, y al llegar a la meta, practicarle sexo oral a su compañero. La que lo haga terminar primero, gana. Todo concluye en una gran orgía, medallas para todos, etc. En el fragmento final, se han preparado unas bicicletas con penes plásticos sobre los sillines, a los que algunos neonazis han echado vaselina, para que las muchachas no fueran a hacerse daño. Se portan bien, después ellos serán retribuidos de una forma que puedo adivinar. Empieza la carrera pero yo me desmotivo y lo cierro.

Leo mi lista de nuevas adquisiciones: Anhypnotizingass, Daisy, Rubia en su oficina, No tiren please, Abella Anderson 3, Abella Anderson en el patio de la casa… Finalmente, mi erección es un video casero cubano. Están filmados con cámaras deplorables (algunos casi ni se ven), pero ofrecen algo de lo que carece la industria del porno en el mundo entero: un poco de verdad. Esto en algunos casos, porque aquí también las hay que con la cámara se quieren volver locas, y buscan hacer de la ocasión un recuerdo inolvidable para sus novios. Y para mí. Pero en ocasiones te encuentras con algunas que lo disfrutan en serio, que se olvidan del lente y dan rienda suelta a su verdadera personalidad.

Esta vez son dos mulaticas flacas. Nada del otro mundo. Al fondo se ve el mar. Ellas están mojadas, como si acabaran de salir de la playa. Un tipo las filma con su móvil y protesta todo el tiempo porque no quiere que se lo mojen. Es de noche y no se ve mucho. Las muchachas bailan en la arena, con la ropa quitada, aunque no creo que haya música. Esto es algo típico de la mujer cubana en el porno, no tiene que haber música de fondo, ni tiene que tratarse de un striptease. Ellas, simplemente, bailan. Las dos muchachas fingen, por supuesto, pero creo que esta vez lo hacen porque los hombres, y en especial el que filma, se lo piden constantemente. Uno de los dos tipos pierde la erección todo el tiempo, y las muchachas se burlan.

La segunda parte pareciera que empieza por el final. Tenemos a una joven que se afeita las piernas en un baño. Un hombre oculto detrás de la cámara pregunta algo para que ella responda cualquier cosa. Él quiere que la estrella hable, pero a la nínfula hay que sacarle las palabras de la boca. Esta si es bonita de verdad. Es muy blanca, y en la zona de las nalgas lo es más todavía. Sonríe a la cámara, parece nerviosa. Después del baño, la muchacha se pone un blúmer negro, de vuelitos. Como sabe que no la van a dejar tranquila, comienza a hacer monerías y hace girar la tanga por encima de su cabeza. Baila delante de un espejo, y adopta una actitud seria mientras lo hace. Contonea sus caderas de forma exagerada, y aunque sabe que le queda mal, lo hace por cuestión de varios minutos. De pronto, se pega a la pared y se pone de cabeza y en esta posición parece mucho más flaca y feliz de lo que es en realidad. Para que ella no se aleje tanto del guion, él deja la cámara a un lado y se dispone a besarla. Lamentablemente, la parte buena no se grabó.

Lo próximo que se ve es a ella en un primer plano, se lame los dedos como si hubiera comido algo exquisito. Tiene ojos expresivos. Después pone un condón a una botella y la introduce en su vagina. Esa parte la paso porque me da asco. Más tarde, cuando él eyacula sobre su cara, ella se ríe. De hecho, no puede parar de reírse. Me encanta cuando las muchachas ríen, y también cuando lloran. Ese quizás sea mi fetiche.

No entiendo cómo un video así llega hasta mis manos, y hasta las manos de los amigos de Arauca. Tal vez fue el novio, despechado, quien lo regó por ahí. Maricón.

Me acuesto, y por un momento no sé qué hacer. Imagino cómo sería dirigir y actuar en mi propia película porno. Estoy en un bosque con Vanessa Hudgens. Mientras caminamos, ella toma fotos de sus pezones y las sube a su perfil de Facebook. No me deja ver las fotos; sin embargo, deja que le muerda los pezones. Son como me los había imaginado. Pezones del estilo filipinos. Ella camina desnuda y hace todo lo que le digo. La mando a decir que le gustan las películas de Jim Jarmusch, y lo dice. La mando a que me trate de usted y lo hace. Le digo que gatee en círculos para mí y no lo hace. “Hay ciertos límites”, dice, “y no quiero ensuciarme las rodillas”. Tiene unas rodillas horribles. Le pregunto si está familiarizada con el trabajo de Helmut Newton y dice que sí, en efecto, es su fotógrafo preferido. Le pregunto qué lugar ocupa entre las mujeres más sexis del mundo. Ocupa el 27. Nadie es perfecto. De pronto veo un lobo, con lo que ahora somos el bosque, el lobo, Vanessa Hudgens y yo. Como es lógico, el lobo habla, así que nos ponemos a conversar sobre Política entre las naciones, el libro de Hans Morghentau, y me doy cuenta de que es un lobo neoliberal. O sea que los rumores son ciertos: el lobo es hombre del lobo. En algún momento sale a relucir la idea de un trío. Sin embargo, esto no es posible, al afirmar Vanessa que yo no soy de su tipo. Después el lobo se escabulle entre unos arbustos, antes que pueda preguntarle qué tipo de champú usa. Empiezo a creer que un tipo como yo, que a la primera oportunidad va a tratar de convertir a Vanessa Hudgens en una puta de Mensa, no merece vivir la pornografía desde adentro.

Sigo acostado y sin saber qué hacer. Es decir, yo sé lo que tengo que hacer, pero es una de esas situaciones en la que cuesta trabajo ponerse manos a la obra.

Una cucaracha entra por la ventana y se posa en mi cama. Rápidamente la espanto con los poemas de Dylan Thomas y la aplasto con la chancleta. Más asco. Para que esta no sea una noche perdida, empiezo a masturbarme. Me quito el calzoncillo y permanezco parado. Esto va a ser puro trámite.

Pongo algo del material viejo: Eve Angel. Esta húngara me convenció hace mucho tiempo de que le pagan por hacer lo que le gusta. Tiene el pelo mustio hasta la cintura, la tez oscura y los ojos rasgados. Ahora que lo pienso, más que húngara parece una de las tahitianas de los cuadros de Gauguin. Hace pareja con Tori Grey, una rubia insignificante que ha quedado para realizar las felaciones más brutales. Qué lujo para ella compartir escena con Eve, aunque solo sea en un rol secundario.

Tendida sobre un desvencijado sofá rojo, Eve Angel siempre evita el cliché de echar un vistazo a la cámara con su mejor cara de depravada. Pero esta vez, como si no hubiera visto ya una docena de veces la película, ocurre algo nuevo: ella me ve. Me mira, mientras la rubia insignificante bebe sus fluidos. Me ve, y es una mirada personal. De pronto, siento los párpados pesados y las pestañas más largas. Cierro los ojos. Una brisa recorre mi cuerpo entero, sobre todo mis nalgas. Todo está más claro ahora. Toma el lugar de mi mano. La escucho hablarme. Sí. Eso que dice. No tengo más nada que desear. Esta es la mejor parte del día.

Después se acuesta junto a mí y compartimos juntos la depresión post-sexo. Me empiezo a sentir cada vez peor. No dejo de pensar en lo sola que se debe haber quedado la rubia insignificante, aun tendida en aquel estropeado, desierto sofá rojo.

 

1. Programa de variedades musicales del ámbito internacional que se exhibe en la Televisión cubana y bajo ese nombre ampuloso lo mismo presenta a María Callas que al más intrascendente grupo de Pop o el cantante meloso de turno (Nota de los editores de Isliada).

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Comentarios a: "Oración por Tori Grey"

4 Comentarios

  1. WillyStgo dice:

    Excelente cuento, felicidades Miguel, sigue con esa narrativa y aqui tienes un seguidor.

  2. Colchonero dice:

    Y ahora es cuando yo te digo: Naaaaaaaaa!

  3. Fan dice:

    Let us pray
    for Tori Grey!!!
    Great Miguel. Greetings from NY.

  4. […] de ponerse manos a la obra, el narrador de Oración por Toni Grey, requisa materiales. El primero, la foto preferida. Blúmer, ajustadores rosados, los pies […]

(*)Requeridos

Sobre el autor

  • Sin Foto

    . La Habana, 1992. Estudiante de cuarto año de la Licenciatura en Relaciones Internacionales. Egresado del Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso". Ganador en 2014de la Beca de creación "El Caballo de Coral". En 2015 obtuvo el Premio Calendario de Narrativa 2015 con el libro Maíz que no explota.