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Otros diez negritos apuntes desde la isla

“La misión del autor en la novela negra no es otra que mostrar, 
y mostrar sin detenerse ante nada. Ni por grave, ni por ligero ni por áureo. 
Quiero decir: ante nada”. 

(Santiago García Tirado, en la antología Asesinatos profilácticos).

I

No por pura coincidencia lleva este libro un título que parece de secuela. Pues la intención es, precisamente, que se le entienda como derivación de uno anterior, Isla en negro, publicado a expensas de la Casa Editora Abril en La Habana de 2014. Por aquella fecha, el propio autor de esta introducción y el escritor Leopoldo Luis García reunieron 25 cuentos cuya línea temática los hacía encajar bajo el subtítulo “Historias de crimen y enigma” y acomodaron una antología que fue a parar a las librerías de la nación caribeña. 

En contraste con otros tantos, infelices libros, este no llegó a sufrir el estigma del polvo en los anaqueles sino que se extinguió en un lapso breve. Y por culpa de la insólita escasez de reimpresiones que aqueja a una industria editorial cubana poco atenta a cuáles textos despiertan de verdad la avidez de los lectores, terminó por ganarse una reputación mítica, similar a la adquirida por esos incunables casi nunca manoseados o vistos por ojos humanos. 

Pero sería vanidoso atribuir suerte tan deslumbrante solo a la pericia de los compiladores a la hora de la selección; y no reconocer la influencia decisiva del interés sempiterno de las personas por los relatos de policías y detectives, asesinos y ladrones, de inocentes, testigos y culpables, víctimas y victimarios, en donde se asoma el lado oscuro de las sociedades y las más sombrías zonas del espíritu. Encima de la avidez global, hay que adicionar, en el caso particular de la isla, la presencia de una tradición de escritura y lectura de este tipo de obras, que ni de lejos podría agotarse con la consumición del “fenómeno Leonardo Padura”.

Fue, de hecho, la existencia de este estandarte nacional —privilegiado con razón por los valores intrínsecos de su novelística pero también impulsado por el soporte promocional de la catalana Tusquets, coloso del mundo editorial en español—, una de las incitaciones centrales para emprender en ese entonces el proyecto de Isla en negro —y también esta continuación, aún hoy— pues flotaba en el aire —y flota todavía— una pregunta: ¿Existe vida en la literatura de género negro en Cuba más allá del creador del policía Mario Conde? 

Ahora, poco más de un lustro después, igual que ayer, sigue en pie esa interrogación sobre qué otros escritores cubanos afrontan este tipo de historias, cuál es la calidad de su trabajo literario, y si prosiguen por caminos trillados o se han actualizado hacia los nuevos derroteros asumidos por el género dentro del concierto universal y, especialmente, el hispanoamericano. Esa clase de dudas, que son las que suelen motivar a la realización de antologías, serán las que intente responder este prólogo a modo de adelanto y, luego, todo el concierto de 30 piezas narrativas aglutinadas en este Regreso a la isla en negro.

Pero vayamos por partes, como sugeriría Jack el Destripador, un eterno “inspirador” para los que se adentran en negras páginas… De paso, luce muy útil ir insertando una revisión de los hitos más significativos de esta modalidad literaria en la isla tropical según las diferentes etapas por las que ha atravesado.

II

CRONOLOGÍA DEL GÉNERO NEGRO EN CUBA (ANTECEDENTES, HASTA 1959)

1926: Aparición por entregas en la revista Sociales de la novela colectiva Fantoches. Once autores asociados con el Grupo Minorista, entre los que destacan Carlos Loveira, Jorge Mañach, Alberto Lamar Schweyer, Enrique Serpa, Alfonso Hernández Catá y Rubén Martínez Villena, se inspiran en la improvisación de los surrealistas, la corriente europea del folletín y la novela detectivesca inglesa para componer un “cadáver exquisito” que se adelantó a El almirante flotante, creado en 1931 por el Detection Club.

1948: Desde ese año y hasta 1952 ven la luz en la revista Bohemia unos cuentos de Lino Novás Calvo escritos bajo la influencia del hard-boiled estadounidense. Con el título 8 narraciones policiales serán mucho después compilados por José M. Fernández Pequeño y publicados por Editorial Oriente (1995). 

1955: La novela de tema policial de Leonel López-Nussa, El ojo de vidrio, se publica en México. Con la misma editorial Constancia, ese autor saca El asesino de las rosas en 1957.

III

Que un cuento de Leonardo Padura abra esta antología parece contradictorio respecto a las explicaciones iniciales de este texto. Pero no lo es, puesto que si la misión es exponer de manera abarcadora el corpus cubano de la literatura policial, sería más absurdo todavía excluir a la llave maestra que abrió la puerta para equiparar la creación autóctona con los presupuestos en boga del neopolicial hispanoamericano, tan solo porque el autor de Pasado perfecto ya tenga suficiente reconocimiento de crítica y mercado. 

Ni siquiera su ausencia de la Isla en negro primigenia se debió al afán de marginarlo, sino a que sus ficciones del nuevo milenio, volcadas en exclusiva sobre la novela, no ofrecían propuesta alguna a un compendio proyectado para la narrativa breve. Tampoco servían cuartillas policiales de antaño pues era una demanda —forzada por los compiladores en aquel libro, y lo mismo ocurre con este Regreso…— que fuese un texto escrito en el siglo XXI. Pero justo un año después de la salida de esa primera antología, Padura publicó el relato “Una cuestión de familia” en el diario El Mundo, de España, que le viene de plácemes a esta recopilación actual. 

La bendición mayor es porque se trata de una aventura del entrañable Mario Conde y posee todos los signos característicos del universo de este escritor: la visión desencantada de la realidad cubana, su héroe envuelto en otra peripecia por los bajos fondos empujado por su sentido del deber hacia las amistades íntimas; y el áspero retrato de un entorno social, donde el fracaso económico del país y el agotamiento de las formulaciones ideológicas hace aflorar un pragmatismo que envía a los jóvenes por el camino de la emigración, y que pervierte el propósito sagrado de la religión afrocubana (santería) para sumirla en la ambición material. 

Dentro de su propósito esencial de abarcar la mayor cantidad posible de autores involucrados en el género y, sobre todo, brindar una imagen actualizada de su situación en Cuba, este Regreso a la isla en negro busca reparar, además de la de Padura, otras omisiones sucedidas en su precedente. Aunque se repiten algunos nombres, por imprescindibles —ya sea por tratarse de cultores persistentes o por el mérito del propio cuento en sí—, en su mayoría —70% del total— propone plumas distintas y acercamientos de los más disímiles a la temática policial. 

Como resumen a lo que esta corriente literaria —llamada por los lectores profanos indistintamente, o según la perspectiva de época y lugar elegida por el crítico, como policial, detectivesca, neopolicial, literatura noir o simplemente de crímenes— enseña en tanto imagen de la realidad, bien serviría decir que “El mundo es muy peligroso”, cual reza el título de la pieza de Pedro Juan Gutiérrez escogido para cerrar el volumen. 

Su autor, archiconocido por la Trilogía sucia de la Habana y poco mentado dentro del género a pesar de su novela negra Nuestro G.G. en la Habana, introduce en ese cuento a su alter ego Pedro Juan enfrascado en escribir una historia policial, a un policía verdadero y un muerto… Sin embargo, ¿habrá ahí, propiamente, un crimen?

 Para resolver misterios como este, es que el lector deberá recorrer hasta el final las páginas de la presente antología.

IV

CRONOLOGÍA DEL GÉNERO NEGRO EN CUBA (AUGE Y DECADENCIA DEL POLICIAL REVOLUCIONARIO, 1971-1990)

1971: Se lanza con éxito extraordinario la novela de Ignacio Cárdenas Acuña que funda la corriente llamada Policial Cubano Revolucionario. Enigma para un domingo había alcanzado una Mención en el Premio UNEAC de 1969.

1972: Se crea el Concurso de Literatura Policial “Aniversario del Triunfo de la Revolución”, auspiciado por el Ministerio del Interior (MININT); y Armando Cristóbal Pérez se impone en la primera y segunda edición con Explosión en Tallapiedra y La ronda de los rubíes (1973).

1974: La tercera edición de ese concurso es ganada por No es tiempo de ceremonias, primera novela de Rodolfo Pérez Valero. Este autor contribuiría luego a la expansión del policial cubano hacia géneros como el cuento (Para vivir más de una vida, 1976), la aventura juvenil (El misterio de las Cuevas del Pirata, 1979) y el teatro (Crimen en noche de máscaras, 1981). 

1976: Se publica El cuarto círculo, firmada por Guillermo Rodríguez Rivera y Luis Rogelio Nogueras y considerada hasta hoy como una de las novelas más logradas de esa etapa. También aparece Todo es secreto hasta un día, libro que evidencia el desarrollo de una variante en la modalidad del Testimonio, ahondada por Juan Carlos Fernández en sus libros posteriores: Varios testimonios policiales (1980) y Los rostros del secreto (1983). 

1977: Gracias a Joy, ganadora ese año en el concurso del MININT, del uruguayo nacionalizado cubano Daniel Chavarría y a Y si muero mañana (Premio UNEAC 1978), de Luis Rogelio Nogueras, toma mucha relevancia la vertiente de contraespionaje, que será muy prolífica en ese período.

1979: La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) organiza el Primer Coloquio Nacional dedicado al género policial. 

1982: Nogueras compila ensayos de varios autores en Por la novela policial, el cual ofrece un basamento teórico y crítico a la corriente cubana.

1984: Chavarría saca la sobresaliente La sexta isla, donde la trama de espionaje se conjuga con la novela histórica y de aventuras.

1985: En un artículo salido en la edición de junio de la revista El Caimán Barbudo, “La novela de los 80: un balance provisional”, el todavía periodista Leonardo Padura opina que el policial cubano ha caído en “una etapa de franco estancamiento: se repiten indiscriminadamente modelos y fórmulas patentadas en los años 70 y se pone de manifiesto una crisis cualitativa”. Sin embargo, el 27 de diciembre se crea una Subsección de Literatura Policiaca en el seno de la UNEAC.

1986: Celebración del Encuentro de Escritores Policiacos Cuba 86. La presencia de los mexicanos Paco Ignacio Taibo II y Rafael Ramírez Heredia, el checo Jiří Procházka, el soviético Iulian Semiónov sirve de acicate para fundar la Asociación Internacional de Escritores Policiacos. Como órgano representativo de la AIEP se crea Enigma, al frente de la cual se coloca a los cubanos Rodolfo Pérez Valero y Alberto Molina. Esta revista editó sólo nueve números, entre 1986 y 1988.

1989: Maria del Carmen Muzio, de las pocas mujeres vinculadas al policial por esa época, obtiene una Primera Mención del concurso del MININT con la novela El camafeo negro.

V

Si la Revolución de 1959 fue un parteaguas nacional, la ocurrencia en 1968 del caso Heberto Padilla —que no fue un hecho criminal sino la intriga desatada a partir del otorgamiento a Fuera de juego del Premio Casa de las Américas 1968, que culminó con el encarcelamiento del poeta, por “actividades subversivas”, en 1971— provocaría un cisma en el campo cultural porque en una parte de la intelectualidad nativa e internacional se derrumba la imagen idílica del proceso cubano. Como deriva del suceso, se desató un marcado antintelectualismo y el trazado de límites rigurosos a cualquier cuestionamiento artístico-literario al gobierno de Fidel Castro, junto al empeño moralista en la construcción de un “Hombre Nuevo”, al que no se le perdonarían “desviaciones sexuales” ni el encantamiento con producciones culturales o materiales procedentes del “mundo capitalista”, ni con nada que no representara al “campo socialista” y la ideología marxista-leninista. 

Con la celebración de un Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura se blindó esta situación, encadenando la creación artística al mero propósito didáctico. Y en ese período, que llegó a ser conocido como Quinquenio Gris, es donde eclosiona el prototipo de literatura policial que el autor de este prólogo y compilador de Regreso…, proclive a los recursos de la parodia en sus incursiones en el género, disecciona en “¿Quién mató a Leopoldo Ayala?”. 

Junto a eventos reales de aquella época, disfrazados por la ficción como un ejercicio de reto a la memoria de los lectores, Rafael Grillo injerta una deconstrucción del policial setentista en su cuento de una Cuba contemporánea dibujada con tópicos de la añeja fórmula: el amanerado como inobjetable criminal, militares intachables, policías viriles y pueblo vigilante, más solo para que acaben siendo puestos de revés. Otro ejemplo de escritura satírica es “Cuatro palabras” de Jorge Luis Rodríguez Aguilar, quien presenta a un oficial de la vieja guardia retado por el mensaje “Abajo quien tú sabes”, puesto como graffiti en una pared. 

La relectura crítica del policial cubano de antaño que se hace en ambos relatos, confirma la superación de ese molde y, además, da la razón a teóricos como José Colmeiro (“Novela policiaca, novela política”, en Lectora. Revista de dones i textualitat, vol. 21, de 2015), quien asegura que la novela negra moderna «pone en tela de juicio la racionalidad del orden social, la justicia del sistema legal y la ética de la policía», y sirve también «como espacio de exploración, crítica y subversión de los valores patriarcales y del masculinismo característico de los modelos clásicos».

Es forzoso reconocer que ese policial tuvo cultores entusiastas y lectores innumerables no sólo por imposición “desde arriba”, sino porque representaba al entusiasmo revolucionario todavía vivo en ese entonces. Pero Cuba nunca fue ya la misma desde la Causa 1 de 1989 (juicio al general Ochoa y otros combatientes corruptos), el derrumbe del campo socialista y la crisis económica resultante en los años 90… Para rematar, uno mismo de aquellos fundadores, Rodolfo Pérez Valero, quien abandonó las fronteras natales en esa década, evidencia el cambio definitivo de paradigma en “Paraíso”. Con la ironía del subtítulo: “Cuento tropical para turistas” y el uso de recursos expresivos de “lo real maravilloso”, Valero nos regala, además de un misterio auténtico, la puesta en entredicho de ciertos estereotipos de mercadeo divulgados sobre la isla caribeña.

VI

CRONOLOGÍA DEL GÉNERO NEGRO EN CUBA (SALTO HACIA EL NEOPOLICIAL IBEROAMERICANO, 1991-2010)

1991: Tras serle negado el premio del concurso del MININT, Pasado perfecto se publica en México. Primera de las Cuatro estaciones y pionera en el giro hacia las formas del neopolicial iberoamericano, esta novela no sale en Cuba hasta 1995; y Leonardo Padura va a publicar el resto de la tetralogía (Vientos de cuaresma, 1994; Máscaras, 1997; Paisaje de otoño,1998), dedicada al personaje de Mario Conde, con la catalana Editorial Tusquets.

1992: Allá ellos, de Daniel Chavarría, obtiene el Premio Dashiell Hammet, dado por la Semana Negra de Gijón a la mejor novela negra del año en lengua castellana. Después, Padura recibirá ese lauro por Paisaje de otoño (1998) y La neblina del ayer (2006). También lo ganarán otros cubanos: Justo Vasco (Mirando espero, 2000) y José Latour (Mundos sucios, 2003). El Premio Rodolfo Walsh de Investigación que entrega esa misma institución, se le concederá a Amir Valle por Jineteras, en 2007.

1993: Pérez Valero se alza con el Premio de Cuento de la Semana Negra de Gijón. Ya lo había hecho en 1990 y repetirá en 1996, 2006 y 2009, ganándose el apelativo de “gran cuentista del neopolicial latinoamericano”, según Paco Ignacio Taibo II. 

1995: Lanzamiento en México del No. 1 Año 1 de Crimen y Castigo, con la coordinación editorial de Padura. Promocionada como la “Revista del neopolicial iberoamericano”, pretendía retomar el camino de Enigma; pero alcanzó a sacar solamente ese número prístino. 

2000: Chavarría gana el acreditado Premio Casa de las Américas con El rojo en la pluma del loro. Otra obra suya de aliento policial, Viudas de sangre, recibirá en 2004 el muy valorado Premio Alejo Carpentier.

2001: Regresa Mario Conde, ya expolicía y devenido vendedor de libros viejos, en Adiós, Hemingway (publicada junto a La cola de la serpiente) y luego reaparecerá en La neblina del ayer (2005) y Herejes (2013). También, salen Las puertas de la noche y Si Cristo te desnuda, primeras novelas de “El descenso a los infiernos”, serie que Amir Valle, luego de exiliarse en Alemania, aumentará con Entre el miedo y las sombras (2003), Últimas noticias del infierno (2004), Santuario de sombras (2007), Largas noches con Flavia (2008) y Los nudos invisibles (2021). 

2002: Adiós muchachos, cuya primera versión había aparecido en Crimen y Castigo (1995), se edita en inglés y la Mystery Writers of America tributa a Chavarría con su Premio Edgar Allan Poe.

2003: La primera entrega del policía Leo Martín, Que en vez de infierno encuentres gloria, se agencia en España el II Premio Novelpol, el I Premio Brigada 21 y una Mención en Hammet 2004. Lorenzo Lunar ampliará la saga de este personaje con La vida es un tango (2005), Usted es la culpable (2006) y Miénteme más (2020).

2004: Con Nuestro GG en La Habana, obra inspirada en el escritor británico Graham Greene, hace su primera y única incursión hasta ahora en la novela negra Pedro Juan Gutiérrez, abanderado tropical del “realismo sucio”.

2006: Ronaldo Menéndez, autor de “Los Novísimos” radicado en España, lanza la neopolicial Las bestias. Teresa Dovalpage, nacida en La Habana y emigrada a Nuevo México, Estados Unidos, resulta finalista del Premio Herralde con Muerte de un murciano en La Habana (2006). A partir de 2018, esta autora empieza a escribir en inglés una serie (A Havana Mistery) cuyo investigador es un “santero” (sacerdote de la religión afrocubana). 

2008: Una habanera asentada en el entorno académico de México, Yamilet García Zamora, gana con la intriga histórico-policial Del otro lado, mi vida el Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo.

2010: Daniel Chavarría es designado Premio Nacional de Literatura. Dos años más tarde, Leonardo Padura recibirá ese nombramiento otorgado por la obra de toda la vida. Así, las dos celebridades del género en la isla engrosarán la lista de los reconocidos con el más importante galardón literario de Cuba.

VII

Tanto la precariedad editorial de la época como las reticencias del espectro ideológico a tolerar una fisura en la imagen del país, fueron obstáculos poderosos para que el vuelco dado por Leonardo Padura hacia una escritura más afín con el noir postmoderno y su empeño en producir una radiografía crítica de la sociedad actual, llegara a producir una avalancha de continuadores en Cuba. Mientras tanto, según el balance de la escritora Ena Lucía Portela:

«A comienzos de la década de los 90’s, empero, lo que se desata en ese departamento es una suerte de zafarrancho. La marginalidad, por increíble que parezca, se torna centro o, cuando menos, referencia obligatoria. Se acumulan así páginas y más páginas sobre jineteras y pingueros, proxenetas, vividores, traficantes de todo lo traficable —incluyendo personas—, curdas empedernidos, mariguanos irredentos, pastilleros, cocainómanos, ludópatas, apuntadores de la “bolita” o lotería clandestina, camajanes, tahúres, garroteros, promotores de riñas de gallos o de perros, “balseros” y otros fugitivos que tratan de colarse a como dé lugar en la celebérrima base de la US Navy allá en Guantánamo, veteranos de la guerra de Angola que padecen de estrés postraumático, locos desorbitados, policías corruptos, presidiarios, chivatos, pordioseros, pedófilos, y otros especímenes que en otras sociedades quizás no serían tan marginales, verbigracia: los travestis, los enfermos de sida, los “santeros” o practicantes de la Regla de Ocha, los “paleros” o seguidores de la Regla de Palo Monte o Palo Mayombe y los espiritistas. Como quien dice, Alí Babá y los cuarenta ladrones» (“Con hambre y sin dinero”, en Crítica, No, 98, Universidad Autónoma de Puebla, 2003).

Para ese instante en que se adelgazaron los linderos entre la legalidad y su transgresión, donde las condiciones de la supervivencia tornaban difícil distinguir a delincuentes de custodios, a villanos y héroes, la sociedad cubana encontró el modo de hacer catarsis a través de la literatura de una generación llamada “Los Novísimos”. Puede argumentarse, por tanto, que varios de ellos, bajo el imperativo de “ser realistas”, involuntariamente escribieron textos susceptibles de caber dentro del género negro en su acepción más moderna, aquella donde el interés por la solución de un enigma y el restablecimiento del orden perdido, disminuye ante la obstinación por tumbar el velo que prensa y políticos echan encima de la realidad para ocultar sus costados más paupérrimos. 

A esa hornada perteneció Ronaldo Menéndez; aunque el cuento recogido en la presente antología fue escrito mucho después y no se ciñe al escenario cubano. Por el contrario, “Factor sorpresa” es más un experimento postmoderno, que se entromete jocosamente y con malabarismos narrativos en el asunto de los asaltos a bancos, tan manido en los thrillers estadounidenses.

También estaban en ese grupo Amir Valle y Lorenzo Lunar. Pero fueron ellos los que con más energía recogieron el batón levantado desde las Cuatro estaciones y emprendieron a conciencia un camino como autores de novela negra. Por eso, el enfoque de Padura de “la utopía traicionada” alimenta subliminalmente a “Fidel, Raúl y la libertad de Cuba”, cuento de Valle sobre el asesinato de una muchacha convenientemente disimulado como suicidio. La reconstrucción de otro suicidio, con trasfondo sexual y una noción de culpabilidad asentada en la doctrina “machista-leninista”, es la propuesta de Lunar en “El lodo y la muerte”.

VIII

CRONOLOGÍA DEL GÉNERO NEGRO EN CUBA (DÉCADA RECIENTE Y SENDEROS NUEVOS)

2011: Bajo el título Confesiones sale una compilación realizada por los escritores Lorenzo Lunar y Rebeca Murga, que propone la existencia de un “Nuevo Cuento Policial Cubano”.

2012: Atmósfera Literaria publica Los aprendices de Rebeca Murga y se pronuncia sobre el surgimiento de una “Nueva Novela Negra Cubana, en la que el eje central de la trama es el retrato psicológico de sus personajes”. Esa misma editorial española saca en los años siguientes otras obras cubanas del género escritas por Reinaldo Cañizares, Mario Brito y Alex Padrón. 

2013: Inscrita en la tradición a lo Wilkie Collins del “objeto valioso perdido”, Un toque de melancolía, del musicólogo Germán Piniella Sardiñas, se publica en La Habana. 

2014: Se presenta en febrero Isla en negro. Historias de crimen y enigma, antología hecha por Rafael Grillo y Leopoldo Luis García. En agosto, la UNEAC acoge un Segundo Coloquio de Literatura Policial, impulsado por Agustín García Marrero, autor de la saga Semana Santa en San Francisco.

2015: Leonardo Padura recibe el Premio Princesa de Asturias de las Letras en España. A la novela negra de Jorge Luis Sánchez, La navaja suiza, se le confiere el importante Premio Cirilo Villaverde de la UNEAC. 

2016: Vladimir Hernández obtiene el Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial, con Indómito. Al año siguiente, este cubano residente en Barcelona es fichado por la editorial Harper Collins y lanza la novela Habana Réquiem, calificada por la crítica como “totalitarismo noir”. En 2018 sale la secuela Habana Skyline

2017: El dúo Lunar-Murga inaugura en Santa Clara un encuentro para escritores del género negro nombrado “Fantoches”. A pesar de las limitaciones por el COVID 19, el evento logra mantenerse activo hasta la actualidad.

2018: Tusquets lanza La transparencia del tiempo, novena novela de Padura protagonizada por Mario Conde. 

2019: Asisten a “Fantoches” los mexicanos Mauricio Bares y Lilia Barajas, de Nitro/Press. Esta editorial, que había publicado ya a Lorenzo Lunar (¿Dónde estás, corazón?), asume la edición de La chica del lunar, premiada en el concurso del evento santaclareño y escrita por el cubano radicado en Suiza Manuel Quintero-Pérez; y luego prepara una reedición de Isla en negro. Mientras, Alexis Díaz Pimienta saca en Amazon, de manera independiente, la novela El huracán Anónimo

2020: Durante la cuarentena, la pareja Lunar-Murga coordina virtualmente a más de una decena de autores para la realización colectiva de la novela Los días no cuentan. En La Habana se convoca en novela policial para la 30 edición del Premio Literario Luis Rogelio Nogueras y se alcanza la asombrosa cifra de 65 manuscritos participantes. Mugre, de Jorge G. Silverio Tejera, emerge ganadora. 

2021: El Instituto Cervantes de España inaugura la colección “Las ínsulas prometidas” con una recopilación de ensayos de varios autores dedicada a La escritura de Leonardo Padura. Carlos Uxó, del Departamento de Español y Estudios Latinoamericanos en Monash University, Melbourne, Australia, publica el enjundioso estudio El género policial en Cuba. Novela policial revolucionaria, neopolicial y teleseries (Editorial Peter Lang). 

IX

Hacer antologías es un dolor de cabeza por todos los factores extraliterarios que gravitan hoy sobre los criterios de selección. Cubrir una suerte de cuota que aplaque el reclamo sobre la inclusión de mujeres escritoras, es uno de estos. Pero evitar un calificativo de “sexista”, a la vez que ser cabal en la función de calibrar la representatividad y la calidad, se puede volver dilema insalvable si la materia prima de la terca realidad no da para mucha maniobra. 

Cuando se escarba en todo el período del policial revolucionario (1971-1990), el resultado es que solamente asomaron los nombres de Bertha Recio Tenorio (Una vez más, 1980), Carmen González Hernández (Viento norte, 1980), Isabel Ramírez (coautora en La voz de las huellas, 1981) y Maria del Carmen Muzio (debutante en 1989). Sin que, por demás, demasiados atributos de estilo y temáticas contrasten su obra con la del sexo opuesto. 

¿Ha cambiado mucho esa situación en los días que corren? Para Isla en negro se escogieron cuentos de tres escritoras entre un total de veinte; y en este Regreso… aparecen cinco de treinta, la sexta parte. Tales cifras pueden lucir exiguas a ojos de los más exigentes en los discursos de género; y más cuando se está viviendo a nivel mundial un auge femenino en la novela negra. Pero lo racional debe primar sobre el justo deseo reivindicativo y reconocer que si bien Agatha Christie y Patricia Highsmith —y sus continuadoras de hoy: Ruth Rendell, Fred Vargas, Dolores Redondo, Camilla Lackberg, Claudia Piñeiro— han puesto cotas altas en el noir, aún es abrumadora la predominancia de autores masculinos en este terreno. Luego, lo más lógico es ofrecerle, simplemente, el crédito adecuado, y positivo, a esa emergencia contemporánea de nuevas voces de mujeres que se aventuran a hollar en las tramas más perturbadoras y cotizan con su toque sui generis de sensibilidad y subjetividad singular.

Haciendo repaso a lo que “las damas del crimen” tributan a esta selección, vemos a una persistente cultora y bastante despojada ya de los tics del policial cubano añejo, Maria del Carmen Muzio, introduciendo una protagonista femenina en “Beretta” para afrontar un drama de celos y venganza, con una pizca sutil de enigma. En cambio, Rebeca Murga nos envuelve en su modo peculiar de ver el noir menos como protocolo de investigación del hecho transgresor y más como indagación en condicionantes psicológicas y sociales del crimen; y vuelca su “Las moscas no hacen el amor” hacia la deconstrucción de los patrones de la masculinidad tóxica, al tiempo que narra las vicisitudes de un agente enfrentado a la violación y asesinato de un niño.

Por su parte, las personas más jóvenes de todo el libro, coincidentemente mujeres, Lis Monsibáez y Elizabeth Lunar, concuerdan en “Esclavos no solo de Dios” y “Tú no sabes, Fermín, qué duro es esto” con el escrutinio a la esposa ceñida al molde canónico y sus opciones —o falta de estas— cuando el rol de cónyuge fiel y cómplice debe cumplirse teniendo a un delincuente como esposo. Mientras, Yamilet García Zamora le aporta a la antología una muestra de cruce intergenérico, gesto tan de moda en estos tiempos, con “El lápiz y la muerte” y el ambiente gótico impreso al pueblo donde transcurre un episodio de atracción mesmeriana entre la víctima posible y su asesino presunto.

X

Cuando hacían su búsqueda de “la aguja en el pajar” para armar Confesiones, Lunar y Murga advirtieron dentro de la totalidad del cuento cubano y su heterodoxia un filón de textos de tema criminal, con rasgos distintivos respecto a épocas anteriores, como «la desacralización del héroe», «la introducción de personajes raros en la literatura nacional» (el asesino en serie, por ejemplo) y de «puntos de vista novedosos» (verbigracia: la narración desde el ángulo del criminal o de la víctima), y «el frecuente uso de juegos literarios» (intertextualidad, parodia). Sirvió esa brújula después al dueto Grillo-Luis García para articular Isla en negro, aunque estos reclamaron, ante la ausencia de revistas y colecciones editoriales especializadas que visibilizaran ese “nuevo policial cubano”, la urgencia de articular una mayor identificación entre los autores y con el público acerca de ese incipiente movimiento. 

Ya para ese entonces, la pareja de Santa Clara estaba ganando suficiente influencia con su trabajo literario, como para generar un efecto de contagio, que en este Regreso… se vuelve muy evidente por la notable cuantía de escritores de esa zona del país. Y contrario a lo que podría creerse, cada uno posee un estilo y voz propia. De esa camada forman parte: Reynaldo Cañizares, que narra en “Cosas de mujeres” sobre un boxeador desviado hacia negocios turbios por la fatalidad de amar a Laura; Mario Brito, quien cuenta de un escritor acosado por la Seguridad del Estado en “Los perros huelen el miedo”; Amador Hernández, artífice de “Las paradojas de la muerte”, donde un hombre investiga sobre el inexplicable entierro de sí mismo; y Luis Pérez de Castro, que devela un cruento suceso carcelario en “Epílogo de un emperador abakuá”.

La puesta en marcha del proyecto “Fantoches” —que fue un concurso de cuentos, primero; y luego de novela, con evento internacional adjunto— significó el ascenso a un escalón sublime del dúo de Lorenzo y Rebeca en su esfuerzo promocional. Así, arrastraron en su gravitación a otros (Danny Echerri Garcés, cuyo “Dos narices en la casa de los Z” brinda la mirada de un niño sobre su familia enredada en venta de drogas; Leopoldo Luis García, que denuncia el tráfico de personas consecuente del ansia de emigración en “El antojo de Amador Almeida”; y Manuel Quintero Pérez, quien despliega en “Aplastar moscas y cazar tigres” una anécdota de corrupción que involucra al Partido Comunista de China) y, de paso, debilitaron la hegemonía evidentemente capitalina que el policial cubano tuvo desde sus orígenes.

En esta antología se logró integrar a dos escritores más de la región central: Jorge G. Silverio Tejera (“El vikingo, la rubia y el ladrón”, donde un policía esclarece el robo a un ciudadano extranjero) y Ariel Fonseca (“Summertime”, con dos sicarios de talante hard-boiled encerrados en un cuarto de hotel). Pero del oriente de Cuba únicamente aparece Manuel Navea (“Lengua”, acerca de un oficial que lidia con la extraña automutilación de un prisionero). Tal desequilibrio, más que casualidad o un defecto de la selección, luce indicativo de un desigual interés regional por esta modalidad literaria, cuyas causas últimas no es propósito de elucidación aquí.

Algo que no podría dejarse sin señalar es la circunstancia de que varios de los autores hacen su vida hoy fuera de Cuba y realizan su obra ajenos a las determinaciones del origen, liberados de las trabas de la censura local y con alternativas de publicación más diversas que las de sus coterráneos vivientes en la isla. De sus distintas aportaciones a Regreso… se habló ya en este prólogo, con la excepción de Vladimir Hernández y “Wendy sobre el zinc caliente”. Este escritor derivó de sus comienzos en la ciencia ficción hacia el noir, con novelas de aliento coral y ubicadas en la ficticia estación de policía nombrada La Mazmorra; y su cuento funciona como una suerte de spin-off que implica a protagonistas de esa serie.

Otro con pasado en la sci-fi es Alex Padrón, cuya perfecta reconversión a la escritura de embrollos criminales se demuestra en “El último recurso”, descripción de la lucha a contrarreloj de la mujer policía para solucionar la desaparición de una fémina como ella. Uno que sí se mantiene fiel es Erick Mota, pero como lo suyo es el ciberpunk, subgénero deudor de la novela negra, es atinada la inclusión de “Rikinbili Rottenführer”, un relato con ritmo de thriller que proviene del distópico futuro de su libro Havana Underguater.

 Para finalizar de una vez esta introducción, acaso demasiado exhaustiva, queda la mención a un puñado de ficciones creadas por nativos de la capital isleña. En “Disparos”, Lázaro Alfonso Díaz Cala hurga en la mente del tirador para descubrir el exacto por qué de una muerte. Que la cercanía entre literatura y realidad arrastra complicaciones cuando se aborda un asesinato de interés para la policía política, es el tema de “El Cronista” de Maykel Paneque. Cien veces contada, la historia del sexo como cebo para timar a un hombre se renueva en “Los puercos no vuelan”, gracias al lenguaje implacable de Nguyen Peña Puig. Y por último, Laura otra vez, nombre de mujer arquetípico del noir desde aquella clásica película de Otto Preminger, es objeto de venganza en el cuento de Milho Montenegro, “Cicatrices”.

Enero de 2022

Para adquirir online la antología “Regreso a la isla en negro. Nuevas historias de crimen y enigma”:

Rafael Grillo.

Rafael Grillo (La Habana, 1970): Escritor y periodista. Jefe de Redacción de la revista El Caimán Barbudo y fundador de la web literaria Isliada. Licenciado en Psicología y Diplomado en Periodismo. Imparte cursos de técnicas narrativas en la Universidad de La Habana y otras instituciones. Ha publicado las novelas Historias del Abecedario y Asesinos ilustrados (Premio Luis Rogelio Nogueras 2009), los libros de ensayo Ecos en el laberinto y La revancha de Sísifo y el volumen de crónicas Las armas y el oficio (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2008). Incluido en numerosas antologías; las más recientes: El silencio de los cristales. Cuentos sobre la emigración cubana; Tres toques mágicos. Antología de la minificción cubana y Island in the Ligth / Isla en la luz (bilingüe, publicado por The Jorge Pérez Foundation, Miami). Como antologador participó en [email protected] [email protected] caníbales. Antología del microcuento del Caribe Hispano (2015) y es el responsable de la “Trilogía de las Islas” conformada por Isla en negro. Historias de crimen y enigma (2014); Isla en rojo. Historias cubanas de vampiros y otras criaturas letales (2016); Isla en rosa. Historias cubanas del amor y sus desdichas (2016). En 2018 recibió con Isla en rojo el Premio del Lector, que se entrega a los libros más leídos del año. En 2020 participó en la novela colectiva Mirar, sufrir, gozar… La Habana y vio la luz su volumen de relatos Revolicuento.com.