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Literatura cubana contemporánea

Poesía

Plantados

Cuando las calles se vacían/ veo un árbol, creció chueco y nació casi,/ casi muerto. Yo lo veo en el silencio…

PLANTADOS

Cuando las calles se vacían
veo un árbol, creció chueco y nació casi,
casi muerto.

Yo lo veo en el silencio,
mis zapatos mojados,
el tiempo anda más lento
cuando lo voy pillando.

Tiene un agujero enorme del suelo a mi cintura,
me acurrucaría ahí, perfecto, acariciando,
el paso del tiempo en la madera.

Tomaría una cerveza en aquel árbol,
así, tan abrazados
lloraríamos un poco
de seguir ahí
con cara de asombro
estáticos
petrificados, de ver a tanto humano transitando
y nosotros:
con las bocas abiertas
con los ojos redondos
y el triunfo extraño,
de seguir allí,
plantados

SINGAPUR

Abierto el agujero
me entraron peces en el cuerpo,
y me llene de algas y de moho
en el oscuro azul.

Meses de ocio desquiciado en lo profundo,
la rompiente de tu cara endurecida
me volvió un pulidor, cargando un farolito,
de tus rocas y arrecifes negros.

El sol se me dio vuelta y te dije buenas noches
en las mañanas.
Puliendo la crónica interna;
la tristeza oceánica de ir a nadar
en el fondo de los seres, es solo la vida
y sus corrientes.

Allá abajo, inmerso en la quebrada submarina
quiero ver el sol, pero el vértigo intrínseco
que pertenecen al caos de nuestras vibraciones,
es la corriente masoquista que me mueve.

Quiero respirar
Como un hombre hipnotizado en el deporte de la apnea.

LO MEJOR

Cambié a mis amigos,
por una cajetilla de cigarrillos
extra en el quiosco.
Me convertí a la iglesia,
de las veredas interminables
que a las doce de la noche
oficia misa en las cunetas.

Sospeche de todos,
también sospeche de mí.

La luna dejó de pertenecerme
y tus ojos se convirtieron en ilustraciones
de un libro de biología, que me dio fiaca leer.

Si los países se quemaban,
me senté en el tejado a verlos arder,
sin ningún interés más que la luz
que emana del fuego.

Jugué en las calles,
a recortar el musgo de los árboles,
para usarlos de suela en mis zapatillas.
Caminé, efectivamente, sobre nubes en el pavimento

Dejé la cerveza
para enfocar el sol filtrado y ondulante
bajo el mar
el arrecife lila donde me guardo.
Lejos de las multitudes,
cerca de la espuma,
levanto el cáliz de las olas,
me enciendo los ojos como linternas.

En la oscura puesta de sol,
sobre el graznido de los cisnes,
ya no quiero hablar;
en el horizonte me arranco la lengua
y me enciendo las ganas,
de tirar piedras al agua, como profesión.

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Sobre el autor

  • Ignacio Bravo Vera-Pinto

    . Chile,1987. Músico y escritor. Cursó estudios de Sociología en la Universidad de Buenos Aires y de Composición Musical en ciudad de La Plata. Pasó por el Taller de Escritura a cargo del escritor chileno Yuri Pérez, en San Bernardo, Chile. En 2017 hace su primera publicación en revista Telescopio, dando a conocer su trabajo poético. Actualmente es redactor de la revista Le Miau Noir.