Poemas:
ROLLING HILLS
capataces de estancia crueles y solitarios
al rascar verdinegro y al lamido azulgris
cancaneando mellados en la cuchilla
conchabados en la renguera de las convenciones
chinerías siringueando la nueva cerrazón
todos venidos a la ciudad, todos mandando
gobiernan la pérdida derrapante de la republiqueta.
arrimo y enrostro a los bordes de la cañadita
donde se dobla el rico bastón en la corriente
mientras galopan los burros de la comandita
y hacen un ritmo rupestre con los pies
en el maderamen de las salas de sesiones
cambiando plata por gallinas muertas.
lejanos capataces crueles y solitarios
acostumbrados a degollar el cordero de Deus
o el cordero de López que bala verdosamente
arquetipo criollista colgado de la pata
entre cercos y alambres en la helada migrante
que se borda de nuevo en monograma abstracto.
el río va gironeando entre mosaicos pálidos
se azulea aportugueado en la mugre chacrera
refleja la mirada en un turbión de sedas
en la alfombra raspando sus deslices de fiesta,
sus pliegues bien secretos, bien suave toqueteados,
que alumbraron un nudo de cuchillas de piedra,
recónditos amagues y chuzas reservadas
que no vienen al Centro sino para dar leña
esta Plata sinuosa basta y sobra a las niñas
que se miran lo mismo de una orilla a otra orilla
cándida, planamente, y diseñan tijeras
se arrastran de una a otra entre rosa y barrosa
para acá para el lado de donde viene el día
husmean de la otra orilla por el ojo la aguja
rehaciendo los bordados que les dejó Lavalle:
los zurcidos de cuello y los hachazos de sisa
bien marcaditos todos en bandejas prolijas
repasando las listas y disolviendo citas
etc, etc.
PATRIÓTICA
Milagreras mujeres colonialas oh Alejandro de pantalón a rayas
La patria era un pedacito de brocato medio rojo, rojo oscuro
Colgajeando del ángulo de un postigo mientras las vagas inquietudes
Se mecen oh y amenazan. Y en la Defènse Magariños de Cervantes
Abocado a todas las tareas de la letra. Qué carajo sería entonces
Aquella cosa, la cuestión púnica de barquitos de guerra—se podía escupir
De una banda, llegar a la otra, cosa hecha de convicción más que de materia
Qué admirable. Sauces arrebujándose el chal en la costa marroncita
El viento mete mano a los ombúes, la gente mira por el costado, y con pasito francés
Se calculan los víveres, pero nadie cree que el sitio sea otra cosa
Que lo que es, o que pueda convertirse en una catástrofe, salvo
Que fuera libresca. Ahí hay algo, una sensación de desmesura. Rubén
No habías llegado todavía, esa música inmotivada estaba en la grasa
De tu madre piragüita del arroyito central americano que da vueltitas
De aquí para allá hasta que hace un pequeño giro y su sangre como en inútil
Danza irlandesa
Amarilla punzó y azul deslumbra al sol con sus arreboles sanguinolentos.
GRIMORIO
Con la prepotencia de lo invernal
El nombre Sebastián cayó como una sábana sobre las generaciones
El nombre Micael
Algunos tildes desengramparon lastimosamente
Se corrió la atención de los vaticanos corredores de la sintaxis
Descendió el repentismo sobre las generaciones
Una trompeta de pasmo sonaba general la sola nota
Trampolín de alegría quebró la luminaria
Recuperaron sus fueros las casualidades
En lances discretos se fueron aunando los diptongos
El invierno anormal crispó el pulso de las formantes
Se desparramó rural la espadaña de las contracciones
Memoria, retorno, espera, grimorio, retahíla, cantilena
breviario, rimario, lagunario, súbito partirse, impaciencia.
VANA GLORIA
oscila el viborear de la oscuridad
justo antes que se despedace el alba
viaje al centro de la sierra
hay ahí, sin ver nada la cuesta se sube
y el subir amoroso articula escondida
en la sede de niebla pictogramas borrosos.
madrugada: se escucha. ¿Qué otra cosa
esparce su reinado tan a lo ancho y lo largo?
el sonido de la picada donde el agua se apura
en resumidero astral con la piava y la plata
y del techo se allega la muchedumbre lluviosa
y el oído se tiende hacia todas las cosas.
De Retahíla (fragmento)
entre las hileras de ramas a la calle
la tropa de días que se arriaba callada
iba moviendo la tarde infinidad de aires
oído agudo, criatura negra
todavía se sacude la rama negra,
aire con piedras y eucalyptus
espinillar verdinegro
el tren de fierro se oía pasar
sierras altas con montes de eucalyptus
negros vacíos plomadas
crestas de piedra, arroyos blancos
caminos que se bifurcan en calma
a ninguna parte, ramas grises y tupidas de cedro
se agitan en el cielo de tormenta
con ritmo de escoba sagrada
camino al Marco de los Reyes
ramas muchas y oscuras, palabras
que no tendrán nunca el mismo valor
estructuras vacías que componen la vida
buscando leña antes que se haga noche
la sombra se le dobla y cae
mojando el pasto cabe el molle ceniciento
crujir de madera una tarde de invierno
o cuando por un camino
de madrugada papelea el murciélago todavía
sobre la tierra negra, y atrás del monte
empieza a encender la vela nublada
la alborada confusa
los bichos que parpadean
sobre el borde pedregoso de la sierra lejana
el cartel de madera azul pintada
los pinos barbilargos
el latido del sol en el agüita
por el desorden introducido en los ojos
no paisaje: lugar de huesos
sobre el maíz, sobre el plantío desgarbado
más acá de la sierra, sobre la sombra
hacia el cerro Catedral
negras bandadas articuladas vuelan
río marrón donde un dios deteriorado canta;
cañada en el pasto fino
silabeando en plata el hilo
construir una ruina discreta
ojo de piedra observando, girando
en un cono de arena al través de las edades
para alcanzar una relación, la palabra de alguien,
lejos la ladera verde y gris que reverbera manantiales
hay hierba en las hendiduras de las tumbas
un cantito humilde y persistente
se ve cómo conversan el agua y el hierro
a lo largo de carreteras y caminos el agua tosca
viernes santo lloviendo, llueven nubes paganas
de los griegos
el sol egipcio en la niebla igual labra geométrico
junto al cadáver del automóvil incendiado
bajo toldos varios y entre armas imprecisas
más o menos herrumbre de la patria
y el ganado perdiendo la mirada en cosas sin sentido
ondulamiento adrede de las crestas de los Caracoles
en el sinuoso territorio se estaba, sentimiento sin piel
campos de Carapé con cerros viejos y viejos habitantes separados;
carretas negras andando en la noche sobre piedras las ruedas, fogonazos
acampamientos ruinosos tomando el agua pura
de la cañada que baja de semanas anteriores
soñé con una cara triste que me miraba
ni el recuerdo oscurecido de los ceibos
ni el sonido de los huesos al golpear las piedras del camino
en la luna pizarra de Molles de Aiguá
del bajío a la sierra el papirotazo, el repentino escándalo
de la aurinegra bandada de tordos de bañado
hay un alambrado de siete hilos que atraviesa la memoria
lo que se quiere oculta con siete telas
el enjambre de los pensamientos
pasos que conducen a un barro un arroyo
muros marrones derrengados
un perro se acurruca en circulares pensamientos
bajo la luz de la luna indiscutible
que está en los cielos y en los charcos del pasto
hubo un campo
y un maizal que al atardecer se me inclinaron
los recuerdos y el olvido zorzales y comadrejas habitantes
de tal tarde
y tal mirada serena
las perdices plateadas que recuerdan
ojos acuosos desordenados del ganado en los campos de perlas de rocío
en las hojas que piensan del laurel y el desordenado verde del romero
las cosas que terminan y comienzan
la barbarie de un hombre que apedreaba unos perros
los trenes como discurso de picapedrero muerto
bandadas azules o negras en el cielo azul o negro
cuando el tordo y cuando el cuervo
dibujando escuálidos jeroglíficos
en lengua lejana los trazos amargos, el campo ciego, el pasto
las diferencias de cuna y nacimiento los baldíos desconformes
el sonido de cristales en el balde
las voces en la siesta bajo bolsas de arena húmeda
las ideas hiladas dulcemente por los echados perros solitarios
tornasoles perdices que recuerdan
todo en un triste camino latitudinal
fotografía de hermosas sepulturas, sonidos son lo cierto aun en la duda,
se escuchan cazadores a lo lejos
y amontonando vísperas
el recuerdo de Carapé como una catedral
insólitamente abandonada
sin poder moverse tendida en el campo animal marino
tendiendo las palabras, único sobreviviente de esta memoria
desde el seco líquen
al sur de los caminos
donde canta y se pierde la fecha de mis años
monte, luz, follaje de los ecos
hoy ovejas prehistóricas pregonan
el campo medieval de Mataojo
el campo medieval de Carapé
con la gente callada con las botas de potro
en el horno de cal el polvo sueña
pasa el hombre de céspedes eternos
en el sentido de los muertos cavan para maíz y se entierran
duerme la tierra blanca y las porteras cuidan
resecas cerradas perdidas
duro campo tendido en su edad media
duerme también el cielo echado en pasto
se separan por alambres el camino y las ovejas muertas
en la lúgubre baraja en los tientos ociosos
el peón cabalga entrevero de cerros paz y viento […]
Biografía:
Aldo Mazzucchelli es un poeta y ensayista uruguayo cuya obra se despliega entre la erudición y la intuición, el pensamiento crítico y la evocación lírica. Su escritura atraviesa géneros con la naturalidad de quien entiende la literatura como un viaje sin fronteras, donde la palabra es un artefacto de exploración y un campo de batalla.
Su poesía, traducida a múltiples idiomas y recogida en diversas antologías, es un espacio de indagación en el lenguaje, donde la metáfora y la imagen se convierten en herramientas para desentrañar lo oculto. Mazzucchelli no solo escribe versos, sino que los interroga, los empuja hasta sus límites, explorando la relación entre la palabra y la realidad. Sus poemarios, desde El río desconocido hasta Retahíla, trazan una cartografía personal en la que lo simbólico y lo cotidiano conviven en una tensión constante.
Como ensayista, su trabajo se adentra en los pliegues de la historia, la literatura y la cultura. En La mejor de las fieras humanas, reconstruye con precisión quirúrgica la figura de Julio Herrera y Reissig, mientras que en Del ferrocarril al tango escudriña la identidad uruguaya a través del fútbol, el arte y la política. Su mirada es la de un arqueólogo de las ideas, un intelectual que descompone los relatos dominantes para revelar su arquitectura oculta.
Mazzucchelli también ha sido un puente entre lenguas y tradiciones, traduciendo al español la poesía de grandes nombres como Fernando Pessoa, Eugenio Montale y Giuseppe Ungaretti. Esta labor no es meramente filológica, sino un diálogo profundo con la voz de otros, una manera de expandir su propia poética a través del eco de quienes lo precedieron.
Además de su labor literaria, ha incursionado en la música con el proyecto Mzz, donde su voz y su guitarra exploran otros registros expresivos. Su trabajo en la revista Extramuros confirma su vocación de pensador comprometido con el presente, un espacio donde la reflexión crítica y el análisis de la actualidad se dan la mano con su pasión por la palabra.
Aldo Mazzucchelli es, en esencia, un explorador. En su poesía, en sus ensayos y en su pensamiento resuena la pregunta por la naturaleza del lenguaje, la memoria y la identidad. Su obra es un espejo que nos devuelve, con lucidez implacable, la imagen de nuestro tiempo y sus contradicciones.
