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Alpidio Alonso Grau

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Tala

Decir alguna vez: con el follaje escribo, las ramas son palabras de una música ausente que el poema repite a pesar tuyo. Decir: oye al deseo. Y aún después, mirando hacia lo lejos: detrás de aquella luz humea un pequeño bosque, y más allá, quedan los vastos almacenes del tedio, las naves del desahucio, las interminables carreteras donde en verano ves amontonarse cuerpos que hacen señales en otro y en el mismo sentido de tu ruta. Decir alguna vez, mirando la ceniza: no hagas caso del gris, todo no es más que brillo amontonado. Y luego, frente a un nudo de hojas que derrama en el vuelo toda su triste levedad de colores: encanto del instante de aquello que se alza. Ser lo que cae, alguna vez decir.

 

VIENDO LLOVER EN LA LISA

Los demás que no fui
los que pude haber sido
los ajenos
los otros
los que ya no seré:
ahora mismo sin sol
¿son también de la lluvia?
¿qué flamboyanes miran?
¿dónde están esperándome?

 

TU MANO TOCO

Toco tu mano
la palma abierta de tu mano
contra mi mano abierta
los surcos sudorosos de tu mano
apoyados en
los surcos largos y confusos de la mía
Dicen que el destino está en esos surcos
Tu destino enfrentado a mi destino
según los que saben leer
en esas líneas
Son líneas de carne que son líneas de tiempo
Tu tiempo sudoroso
ahora fundido a mi tiempo largo y confuso
Tu carne contra la mía
leída por quienes saben ver en la claridad
el tiempo de los otros
El destino deshojándose
como un collar de vicarias
en las manos de una niña
que no sabe leer
el tiempo en su mano
Esa niña está muerta
Las vicarias son blancas
El tiempo deshojó en tus manos las vicarias
Tú eres esa niña deshojándose en el tiempo
Nuestros destinos ensartados por las manos del tiempo
El tiempo hace blancas líneas
en los pétalos de las vicarias
Las líneas de los pétalos se confunden
con las líneas del tiempo
cuando toco tu mano

 

BLANQUIZAL

Hasta esa reseca colina blanca en las afueras
hemos llevado nuestros queridos seres
Hasta allí hemos subido una y otra vez
y desde allí hemos vuelto
como de un patio íntimo y conocido
sombreada esquina
donde nos reuniremos
y donde
acaso por un rato
somos los ausentes

 

SIN SABER PARA QUIÉN

Soy una simple rama
del árbol mutilado
de mis antepasados

Sin saber para quién
escribo estas palabras

sin conocer qué almas
comerán de ellos
hacia su breve eternidad
tiendo estos frutos

 

COSTUMBRES DE PTOLOMEO

Algo habrá visto el hombre
que ha salido en la noche a contemplar
sobre las azoteas destartaladas
el frío árbol del mundo

Algún destello vio perforar el solitario
las menudas cortinas que la niebla dispone

Algo habrá visto en lo alto
entre el abismo y las preguntas que a deshoras
rondan su sangre insomne

Alguna verdad le habrá revelado
el menudo vidrio de fuego que atraviesa
un instante lo negro

Una verdad solo para sus ojos
que aunque ignoramos
bien podría ser también nuestra
pero que por ahora
es solo su verdad

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