Poetas

Poesía de Uruguay

Poemas de Aurelio Pastori

Aurelio Pastori, poeta de voz baja y mirada extensa, nació en Montevideo en 1943 y partió en 2017, dejando tras de sí una obra tan serena como la tierra que habitó. Su vida fue discreta, casi susurrada, como sus versos: vivió más de tres décadas en el departamento de Flores, entregado al ritmo callado de las tareas agropecuarias. En ese mundo rural encontró la cadencia exacta para construir una poesía anclada en la sencillez, el silencio y los pequeños objetos que conforman el paisaje de lo cotidiano.

Formado en Derecho y Lenguas Modernas en la Universidad de la República, Pastori eligió el camino menos ruidoso: el del hombre que escucha antes de escribir. Su poesía no es un grito, sino una respiración pausada. Hay en ella una fidelidad a la materia mínima: un jarro, un patio, la sombra de un árbol. Lejos de toda estridencia, su palabra se detiene, observa, transforma en imagen lo que para otros pasaría inadvertido. En tiempos de exhibición, eligió la reserva. En tiempos de velocidad, eligió el ritmo de la siembra.

Su obra, aunque contenida en número, es de una coherencia admirable. Los inesperados (1993) y Bajo la ambigua luz (1996) marcan un inicio que ya anticipa su mundo poético: un lugar donde lo común se vuelve enigma. Pasa sobre nosotros (2001) profundiza ese tono íntimo y austero. Luego vendrían Poesía Reunida (2005) y Asuntos personales (2010), ambos publicados por Editorial Vinciguerra, y el hermoso De las cosas del campo (2010), donde el paisaje rural no es mero telón de fondo, sino protagonista absoluto de una forma de estar en el mundo.

Pastori pertenece a esa estirpe rara de escritores que no buscan la consagración, sino la precisión. Su legado es el de un hombre que supo hacer del poema un espacio de contemplación, donde el tiempo se suspende y las palabras respiran. Su voz es indispensable para entender una poesía rioplatense que no se enuncia desde la ciudad, sino desde la periferia silenciosa. Un poeta de la lentitud, del detalle, del susurro que permanece.

La jornada

Levantarse
lleno de costumbres.
Recorrer las obsesiones
naturalmente
casi en paz.
Los informativos
suelen confirmar
lo que ya sabíamos.
Otras veces notamos
que algo ya cambió
y es demasiado tarde.
En cualquier caso
la jornada
se abre.
Queda mucho por hacer.
Olvidamos la ropa
que llevábamos
en el sueño
y empezamos otro día de destierro.

Mi palabra

Recorrí el campo
por última vez
antes de entregarlo.

Al irme y cerrar la portera
me fijé en el poste
que la sostenía:
un molle.

Lo pusimos
como provisorio
hace varios años
y vino a durar hasta hoy
igual que yo.
La polilla y los taladros
lo vienen acribillando.

Toqué su madera cansada
y le dije «adiós».
Escuché claramente mi palabra.

Clausura

Eliminar papeles viejos.
Borrar los archivos.
Tanta memoria
termina siendo olvido.
Que no vayan a quedar
por ahí
esos intentos
merodeando
inacabados
esos recuerdos
de gente ocasional
con los ojos bien abiertos
todavía
esos números volviendo
con su puntualidad
hablando siempre de otra vida.

Adiós. Adiós tanta memoria
por las ventanas
debe venir la brisa y entrar sola.

Los parecidos

Llueve como sobre huesos
sobre
silencios
que no necesita
elegir.
Llueve sobre nosotros
los que esperamos el éxito.
Los despiertos.

Cerro de las Ánimas

Así lo llamaron
las ánimas
que hoy lo habitan.
A su costado
la movida
la carretera
de los que olvidan.

Punta del Este

Como una mujer mirada y no querida
muchos años paralelos
tuvieron tu vida y mi vida.

Nos unió tu jardín
al cabo de ellos.
Entendí:
tu jardín esencial
sin dueño.
El que creen comprar
cada uno en su sueño.
El que desaparece al despertar
No me fui.

Silueta

Nos hemos levantado
esperando
la agresión.

«Y que venga ya»
porque esperar
es lo peor.

Sin embargo
a esta hora
las calles
están llenas de piedad

una mano decente
gobierna
el combustible

todavía nadie gritó.

Desempleados

Crecen las aguas lentamente
escondiendo
lo que antes
se veía.
Algunos (menores) accidentes
de la topografía
parecen olvidados
por la gente.

«Nos movemos
en un espacio
más pequeño»
repiten
los habilidosos.

Los otros
recuerdan la roca
que desapareció
los montículos
que habitaban
y aquellos árboles generosos
y su sombra sumergida.

El promotor

Recorre prolijamente las casas.
No encuentra en ellas a nadie.
Camina veredas deshabitadas.
Vehículos enfrascados llenan las calles.
Llama por teléfonos digitales.
Le responden
con precisión
los contestadores.
Envía folletos por el correo
a nombres desconocidos y direcciones.
Entra en la red
con sus dedos
y ahí también
queda el mensaje
flotando.

Vuelve a su hogar
un poco cansado de dialogar
con tantos.
Encendido el televisor
la gente que no descubrió
durante el día
ahora desfila.
Todos dicen lo mismo que él.

Cirugías estéticas

«Que nos borren
de la cara
todo el silencio».

Eso pidieron.-

Apagón

Antes la noche era así
era de otro
de alguien
anterior
y nosotros
éramos vacilantes
como las sombras
cuando el fuego
alumbra.

Volverá la luz.
Volveremos
a ser de hoy
a movernos
en la claridad
y en la vida
con salud
sin estorbos
con una sombra nítida y fría
que ahora no vacila.

La ola

Desde la contenida llanura
que no duerme
se levanta impaciente
sobre el sosiego imposible
la ola.
Crece como la boca
de un grito
o el éxtasis
de alguien indefinido
que no perdura.
Crece y huye.
Su deseo envejecido
se aplaca
sobre lo igual.
Sus fragmentos
hacia el olvido
vuelven a ser
la vaga inquietud
del mar.