Poesía de Reino Unido
Poemas de Berlie Doherty
Berlie Doherty nació en Liverpool en 1943, con el apellido Hollingsworth y una infancia marcada por la palabra y el paisaje. Escritora, poeta, dramaturga y guionista inglesa, su obra se despliega con naturalidad entre la literatura infantil, la novela para adultos, la poesía y el drama, siempre guiada por una profunda honestidad emocional y una rara capacidad para escuchar la voz de los otros, especialmente la de los niños.
Hija de un empleado ferroviario que también escribía poesía, Doherty creció rodeada de historias contadas y heredadas. Muy pronto empezó a publicar poemas y relatos en la prensa local, como si la escritura fuera una prolongación natural de la vida cotidiana. Aquella temprana vocación no fue un gesto pasajero, sino el germen de una obra sólida, comprometida y profundamente humana.
Se formó en literatura inglesa en la Universidad de Durham y en ciencias sociales en Liverpool, una combinación que marcaría decisivamente su mirada narrativa. Tras trabajar como asistente social y profesora, y después de completar su formación pedagógica en Sheffield, la escritura dejó de ser una vocación paralela para convertirse en el centro de su vida creativa. Su primera novela para adultos, Requiem, nació de un relato radiofónico y ya anticipaba su interés por la memoria, la pérdida y la culpa.
Desde la publicación de su primer libro infantil en 1982, Berlie Doherty se consolidó como una de las grandes voces de la literatura juvenil británica. Ha escrito más de treinta novelas y álbumes ilustrados, muchos de ellos premiados, entre los que destacan Granny was a Buffer Girl y Dear Nobody, ambas galardonadas con la Carnegie Medal. Sus historias abordan temas complejos —embarazo adolescente, adopción, sida, tráfico infantil, discapacidad— con una delicadeza narrativa que nunca subestima al lector joven.
El paisaje ocupa un lugar central en su obra. Inspirada por Thomas Hardy, Doherty concibe a los personajes como parte inseparable del territorio que habitan. El norte de Inglaterra, el Dark Peak, los pueblos marcados por la historia y la naturaleza aparecen como escenarios vivos, cargados de memoria. Obras como Children of Winter, Deep Secret o Blue John son ejemplos de cómo el entorno se convierte en un personaje más, silencioso pero decisivo.
Aunque es conocida sobre todo por su narrativa infantil y juvenil, su escritura no se limita a un solo registro. Doherty ha publicado poesía, como la colección Walking on Air, ha escrito para radio y teatro, y ha adaptado varias de sus obras para la televisión británica. Para ella, la radio es un espacio privilegiado de creación, donde la imaginación del oyente completa el relato y la palabra recupera su poder evocador.
La música también atraviesa su trayectoria. Ha escrito libretos de ópera y textos pensados para ser leídos junto a interpretaciones musicales en directo, explorando el diálogo entre palabra y sonido. En estas obras, como en toda su producción, late una preocupación ética por la conservación, la memoria y la relación entre el ser humano y su entorno.
Berlie Doherty ha defendido siempre que los niños son expertos en emociones y experiencias, y que el escritor debe aprender de ellos. Esa convicción atraviesa toda su obra y explica su vigencia. Reconocida con numerosos premios y con un doctorado honoris causa, su legado es el de una autora que ha sabido unir literatura, compromiso social y poesía sin perder nunca la claridad ni la emoción.
Papá
Papá es el hombre que baila
el oso que ríe, la barba que pincha,
los dedos que hacen cosquillas, rugidos de jungla,
potro salvaje, caballo balancín,
el tiovivo helicóptero,
el corre contra el viento entre gritos y risas,
poste de gol, fantasma que asusta,
Jack trepador, espalda jorobada.
Pero a veces es
¡Vete, por favor!
un gruñido roncador, un cuerpo desparramado,
una boca que bosteza, un bulto dormido,
y yo soy una cometa sin cuerda
esperando a que papá vuelva a bailar.
El fantasma del jardín
El fantasma del jardín
quiebra ramitas al pasar,
remueve las hojas,
pero no está ahí.
El fantasma del jardín
suelta las zarzas
para que me salten contra las piernas,
pero no está ahí.
Tiende telarañas sobre mi cara,
sopla vaho en mi mejilla,
susurra con aliento de pájaro en mi oído,
pero no está ahí.
Sacude gotas de lluvia desde las ramas,
salpica el estanque,
dibuja un rostro en el agua
que no es el mío.
Mueve sombras bajo los árboles,
demasiado alta, demasiado fina,
demasiado pequeña para ser yo.
Extiende correhuela para atraparme,
aletea alas salvajes sobre mi cabeza,
tira de mi pelo,
pero no está ahí.
Y cuando miro,
solo queda la hierba doblada
donde sus pies al correr
han borrado el rocío.
Y solo queda el suspiro
de su risa
deslizándose
como
luz de luna
sobre
hierbas
mojadas.
Si fueras una zanahoria
Si tú fueras una zanahoria
y yo un brote,
herviría contigo,
me sentaría en tu plato.
Si tú fueras un renacuajo
y yo una rana,
esperaría a que te crecieran las patas,
te enseñaría a croar.
Si tú fueras una castaña
y yo un hilo,
ganaríamos todas las batallas,
venceríamos a todo.
Si tú fueras un cuaderno
y yo un bolígrafo,
te escribiría un mensaje
una y otra vez.
Si tú fueras granjero
yo estaría en tu rebaño.
Si fueras una canción pop
cantaría cada palabra.
Ojalá pudiera decirte
que me gustas mucho,
pero tú eres como un secreto
y yo soy como un nudo.
Más silencioso que la nieve
Fui al colegio un día demasiado pronto
y no pude entender
por qué el silencio colgaba en el patio como sábanas,
nada que ondear ni girar,
ni crujidos,
ni estallidos de voces, solo aire.
Y el aparcamiento vacío de coches de profesores,
solo las primeras hojas de septiembre
cayendo como papel.
Sin filas de bicis,
sin piernas que patean, sin peleas,
sin voces, risas, nada.
Y aun así la puerta estaba abierta.
Mis pies se hundían por el pasillo.
Mi reflejo caminaba conmigo junto al salón.
Mi aula no olía a nada.
Y el silencio rodaba como un trueno en mis oídos.
En cada pupitre un niño inmóvil me miraba.
Los profesores atravesaban las paredes y volvían.
Las puertas de los armarios se abrían, y salían arrastrándose
más niños silenciosos, y aún más.
Caminaban de puntillas a mi alrededor,
me tocaban con manos heladas
y abrían la boca en una risa
que era
más silenciosa
que la nieve.
Patios
Los patios son lugares muy bocazas.
¿Sabes a lo que me refiero?
Todo el mundo parece tener algo
de lo que hablar, reír, cuchichear, gritar.
Quiero decir,
es como estar dentro de una jaula de loros.
Y los patios son lugares muy empujones.
¿Sabes a lo que me refiero?
Todo el mundo parece tener que
correr, saltar, chutar, hacer volteretas, equilibrios, volar,
quiero decir,
es como estar dentro de un remolino.
Y los patios son lugares muy a trozos.
¿Sabes a lo que me refiero?
Todo el mundo parece
moverse en círculos, líneas y triángulos, colores en marcha,
quiero decir,
es como estar dentro de un caleidoscopio.
Y los patios son lugares muy de colegas.
¿Sabes a lo que me refiero?
Todo el mundo parece
tener mejores amigos, secretos, ir del brazo, formar bandas.
Todo el mundo, menos yo.
¿Sabes a lo que me refiero?
Kieran
Kieran no puede caminar como los demás,
viene al colegio en el autobús especial.
Tiene que usar muletas para moverse
y es rápido, pero no puede seguirnos cuando corremos,
cuando competimos con el viento y reímos y nos divertimos,
no puede seguirnos, tiene que gritar:
«Esperadme todos, esperadme».
Y a veces esperamos, y a veces
salimos corriendo y nos escondemos, y entonces él
se sienta en el patio con sus palos en el suelo,
se sienta solo hasta que lo encuentran
el profe o la seño, y se sientan a hablar
y le vemos reír de una manera especial,
y nos encantaría saber qué tiene que decir
sobre los que se marcharon,
los que olvidaron que no puede caminar.
Y entonces recordamos invitarle a jugar.
Chutamos el balón y él lo devuelve.
Es rápido con sus palos, tiene la habilidad
de mandar la pelota directa a la portería,
y si se cae no se queja.
Lo levantamos y nos reímos de la tierra
en sus manos y rodillas, y le devolvemos las muletas.
Finge que lucha con nosotros, pero nunca da patadas.
No puede usar las piernas como los demás.
Viene al colegio en el autobús especial.
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