Poetas

Poesía de Cuba

Poemas de Chely Lima

Chely Lima es un escritor cubano-americano que ha publicado numerosos libros (poesía, novela, cuento, teatro, literatura para niños) en su país de origen, y también en España, Estados Unidos, México, Colombia, Venezuela y Ecuador. Algunos de estos libros son las novelas Lucrecia quiere decir perfidia (2015), Triángulos mágicos (2014) y Confesiones nocturnas (1994), así como los libros de poesía Zona de silencio (2004), Discurso de la amante (2013) y Lo que les dijo el licántropo / What the Werewolf told them (2017). Sus textos han sido traducidos al inglés, francés, portugués, alemán, italiano, ruso, checo y esperanto, y numerosas selecciones y antologías de literatura de diversas partes del mundo recogen muestras de su trabajo.

Esto no es un poema

Esto no es más que un gran pretexto para poder decir
no me acostumbro a no tener tus manos temblando,
entre las mías,
no me acostumbro a mirarte a los ojos a distancia.
Una mirada tuya vale más que una ciudad abierta.
Yo he conocido cómo todos los vientos ardorosos.te cantan.
No me acostumbro a reprimirme la ternura,
a confundir las palabras cuando asientes,
Hoy quiero comprometer todas mis cartas;
es corta la vida: no quiero lamentar tanto silencio.
No me acostumbro nunca a no llamarte,
a no sentir tu voz, a ser un rostro más contra la lluvia.
Pero acaso deba acostumbrarme.
Acaso arrastre el próximo verano.
Quizás amor sea una palabra excesiva entre nosotros
quizá sea todo sombra callada
para poder a veces cuando estalle.

Invitación formal

Ven a mi patio donde el viento
no tiene poderíos, donde es tibia la luz
y se escurre velada por lucetas.
Ven a lo verde, al sitio que huele a jardín
y agua segura.
Ve al patio que guarda ecos árabes
y es tan sabroso
como fruta mordida.
Ven mientras dura en tanto
la hora de la siesta.

Ala y ala

Imagínate que estamos apretados
y está a punto de ser nuestra gran noche.
Por la ventana empiezan a invadirnos
antiguos clavicordios, dinosaurios,
planetas sin vegetación, güijes tardíos
y toda esa muchedumbre que nos mira
comenzar el ritual
de redondear tu frente, besarte la espalda
y grabarte los dientes en un muslo febril;
toda esa muchedumbre se agita,
brama encendida y cruje en gigantescas
floraciones.
Descendemos a un círculo infernal.
Imagínate que encuentro tu sandalia
en mi inicial expedición de arqueología
y a partir de una huella
reconstruyo tu rostro y tu pene,
o me hago parásito afín de tu garganta.
Descubro la forma de crucificarte
cara al techo
y nos cuesta la resurrección un largo orgasmo
de anís y de centella.
Imagínate esta primera historia
real, si no te hubiera visto, si no te hubiera escrito.
Si no hubiéramos chupado el mango mítico de Adán:
Qué haríamos con la Tierra
de tal forma poblada y despoblada.

Loco en piel de cocodrilo

Del libro Todo aquello que no se nombra
(fragmento)

Bajar al infierno no es tan sencillo.
Me arrodillo y quiebro mi yugular, y ellos llegan,
oscuros, sediciosos como una manada de susurros.
Ya no existo. Ellos me habitan.
Pasan a través de mis ojos
como relámpagos de hierba,
se adueñan de mi hígado y mi lengua.
No soy un guerrero, no soy un peregrino,
no soy alguien que busca,
porque no existo. No es a mí a quien ves
cuando me miras.
No es a mí a quien quieres escuchar
cuando preguntas.
Hay un retablo de guiñol en mi cabeza:
Debajo de mis párpados ellos lloran y se abrazan,
se besan y fornican,
inalcanzables, inasibles, todopoderosos.
Danzan sonriendo. Ruedan por tierra
con las ropas en desorden.
Se palpan los miembros aceitados.
No existo, pero soy un hombre
que se desnuda para cruzar un río.
No existo, pero soy una mujer
que acaba de parir un cordero.