Poesía de Uruguay
Poemas de Gerardo Molina
Gerardo Molina es un poeta de raíces hondas, de palabra firme y de versos que nacen del paisaje y la memoria. Nacido el 19 de octubre de 1938 en Los Cerrillos, Canelones, Uruguay, su infancia transcurrió entre la brisa del campo y el rumor de los libros. Desde temprana edad, la poesía se convirtió en su refugio y en su forma de entender el mundo. A los trece años ya escribía sus primeros versos, presagio de una obra vasta y profunda que lo llevaría a convertirse en una de las voces más reconocidas de la literatura uruguaya.
Dejó atrás los estudios de Derecho para abrazar la docencia, su otra gran vocación. Durante décadas, compartió su amor por la literatura en liceos y en el Instituto de Formación Docente de Canelones. Su pluma, inquieta y prolífica, ha dado vida a más de cuarenta libros en distintos géneros, desde la poesía hasta la historia, el ensayo y el teatro. Obras como Panaliflor y La Versificación Española han sido incorporadas al currículo educativo en Uruguay, mientras que su libro de sonetos A la Sed de los Vientos trascendió fronteras al ser traducido al italiano.
Su poesía, de ritmo cadencioso y de imágenes vibrantes, se ha escuchado en conferencias y recitales en Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Brasil, España, Francia e Italia. Su nombre ha quedado impreso en revistas y suplementos literarios, consolidando su presencia en la escena cultural latinoamericana. Desde 1991, dirige la Página Literaria del diario HOY CANELONES, espacio en el que ha impulsado a nuevas generaciones de escritores.
A lo largo de su carrera, ha sido reconocido con innumerables premios y distinciones. Desde la Flor de Oro en los Juegos Florales Hispanoamericanos hasta el Premio Carlos Gardel, pasando por la Medalla de Oro del Liceo Nacional de Maipú, Chile, por su aporte a la educación y la cultura. Ha sido homenajeado por el Parlamento Nacional Uruguayo y nombrado Caballero de la Poesía Latinoamericana, honores que confirman su lugar en la historia literaria.
Gerardo Molina no es solo un poeta, sino un guardián de la palabra, un tejedor de imágenes que rescata lo esencial de la vida. Su legado es un puente entre la tradición y la modernidad, un eco que sigue resonando en las páginas de la literatura hispanoamericana.
El Mate Amargo
¡Qué dulzura sin par la del amargo!
Para gustar su líquida fortuna,
atesorar su redondez de luna,
sus estrellas dormidas, hay un largo
camino de experiencia y sin embargo
igual se brinda, límpido como una
cantarina fragancia de laguna.
¡Qué dulzura sin par la del amargo!
¿Quién no le busca al alba o a la tarde?
Cuando principia a arder y cuando arde
el día con sus dones y querellas.
En su ropaje mi ensoñar envuelvo
y al fin del viaje cotidiano vuelvo
rico de redondeces y de estrellas.
El mensaje de la tarde o La esperanza
La tormenta ha cerrado sus párpados sombríos
sobre el curvo horizonte y la luz que agoniza.
Yo recojo un pedazo de azul para mi canto,
última flor incólume de la tarde que muere.
Pero este azul pequeño puede llenar el mundo
y vencer las tinieblas y triunfar de la muerte.
¿Cuántos son los que pueden -como yo en este instante-
recoger el mensaje de la tarde que muere?
Si el corazón es sabio develará el enigma.
Si el alma es sensitiva la inundará su luz.
No hay cabida en mi frente para el mal ni la sombra.
¿Qué importa que la tarde ahonde su tristeza?
¿Qué importa que la noche agigante sus pasos?
La esperanza es un rayo de sol en la borrasca.
Soneto a la Poesía
Fue nuestro afán de niño conquistarla
y escapa en el intento nuestra vida.
La Vida fluye de la azul herida
y no vivimos sino para amarla.
Sentirla y escribirla y adorarla:
irreal, hechizada, presentida,
llegar al lecho donde está dormida
y con un beso leve despertarla.
Imposible, gentil, esquiva, cierta,
en nuestro ser a cada instante abierta
como una blanca flor sobre la herida.
Así, en sueños, soñamos y vivimos
y cuando al fin sintamos que partimos
con ella volveremos a la vida.
Para el adolescente que se murió de amor
Cuando daban las frondas su memorial de oro
a la sed de los vientos, de rústicos pastores
dolía el caramillo doloridos dulzores
invadiendo las selvas su desolante lloro.
Las Dianas, Silvias, Filis y Amarilys en coro
por la floresta umbría contaron tus amores
ante el asombro mudo de alados parladores
tal como si admirasen centellar un meteoro.
¡Oh, adolescente anónimo! Tu corazón exhausto
de amar, a la Implacable se brindó en holocausto,
tan frágil y tan puro como una rosa en flor.
¡Y es por tu valentía ante el mundo engañoso
que tu ideal resplandece, vencido victorioso,
en todos los mortales que amamos el amor!
Valparaíso
Al mar. Al viento.
Bajo un cielo estival
dije mis versos.
En tu mar, Valparaíso,
dije mis versos.
Estampa de colores
vivos de sol y vida
la ciudad a lo lejos.
Valparaíso latía con los vates de América
que escribían sus cantos
en el sol, en la brisa, en el aire, en el cielo.
Tu mar, Valparaíso,
es un gigante bueno.
A veces, sin embargo, lo enfurece
la maldad de los hombres
y azota sin piedad
tus costas y tus cerros.
Pero vuelve a su paz, a sus remansos
porque no deja nunca de ser bueno.
Tu mar, Valparaíso,
es un gigante bueno.
Iván me contó tus historias dormidas
y supe que Rubén recalara en tu puerto.
Desde todos los rumbos
el habitante vino,
dibujó con su aliento
tus formas imposibles,
tu ser para los sueños.
¿Desde qué olvidados, lueñes pueblos
llegó para quedarse?
Y acendró tu arquitectura de soles el invierno.
Pero tu espíritu, ¡ah! pero tu espíritu
hay que asirlo en silencio
una noche de estrellas
y beberte, y beberlo
como un vino de siglos,
ensoñando, sintiendo
que es imposible irse
y que acaso me quedo
en tu mar, en tu sol,
en la sal y en los versos
que en tinta de mi alma
¡yo te escribo… en el viento!
El Rancho
Como manos que se unen para el rezo
su techo primitivo presupone
un corazón cristiano donde pone
el campesino albor su primer beso.
Parte entonces la grey y queda opreso
de un fervor casi humano que traspone
su cuerpo de terrón con que dispone
la ternura del pan a su regreso
Llega la hora nocturnal, serena,
un aroma frutal llama a la cena
mientras reasume su actitud de rezo.
Una gran flor protege su contorno
y en seráfica paz ensaya el horno
tras de la fronda, su postrer bostezo.
Fantasmas
Una claridad de lluvia
lunada, sobre los campos
parece nieve la brisa,
parecen de oro los pájaros.
Arriba, las Tres Marías
luz de mi silencio, abajo.
En el cristal de la senda
tu fantasma y mi fantasma
retratados.
El tiempo le pone alas
al humo de mi cigarro
y hay un viajero celeste
que a un horizonte gitano
se lleva las Tres Marías…
Cambia el silencio, la brisa
y hasta el color de los pájaros.
En el cristal de la senda
ha quedado mi fantasma
solitario.
Las mágicas palabras
Aquí, de pie,
sobre la fortificación última de la Bastilla,
convoco tus fantasmas libertarios
y un viento de banderas
acaricia mi frente.
Mientras, mi voz se une
a la tríada genial:
Liberté, Egalité, Fraternité.
Hoy la prisa y el vértigo,
París, te cercan insaciables.
Sólo yo, aquí,
inmerso en el misterio
siento que vuelve el fragor de la batalla
en lejanísimos ecos invencibles.
Y en un viaje sonámbulo
me arrastra sorprendente
-tras tus mágicas palabras redentoras-
un viento de banderas.
Aquí, de pie,
sobre la fortificación última de la Bastilla:
Liberté, Egalité, Fraternité.
- Chester Kallman
- Alfred de Musset
- Leopoldo Alas Mínguez
- Rosa Lentini
- Jamila Medina Ríos
- Ricardo Prieto
- Natalie Diaz
- Luis Alberto Ambroggio
- Amanda Berenguer
- Sharon Olds
- Bernard Noël
- Úrsula Céspedes
- Francisco Álvarez
- Samuel Vásquez
- Juan Cunha
- Amado Nervo
- Juan Manuel García Tejada
- Carilda Oliver
- José Manuel Caballero Bonald
- María Villar Buceta