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Henry David Thoreau

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Poemas

MI VIDA HA SIDO EL POEMA

Mi vida ha sido el poema
Lo he escrito,
Pero no podría vivir por los dos
y pronunciarlo.

NIEBLA

Nube, de áncora baja,
Aire de Terranova,
Cabecera del manantial y fuente de los ríos,
Paño del rocío, mercería del sueño,
Y servilleta extendida por las Hadas;
Pradera a la deriva del aire,
Dónde florecen y rejuvenecen hileras de violetas,
Y en cuyo laberinto pantanoso
Se escucha los bramidos del avetoro y vadea la garza;
Espíritu del lago y de los mares y ríos,
Llevando sólo el perfume y la esencia
De las hierbas curativas ¡solo a los campos de los hombres!

SOY EL SOL DE OTOÑO

A veces un mortal se siente en sí mismo la naturaleza
No es su padre pero su madre se agita
dentro de él, y él se vuelve imperecedero con su
inmortalidad. De vez en cuando ella reclama
parentesco con nosotros, y algún glóbulo
de sus venas le robará a la nuestra.

Soy el sol otoñal,
Con los vendavales de otoño mi estirpe corre;
¿Cuándo el avellano echara sus flores,
O la uva madurara bajo mis enramadas?
¿Cuándo terminará la cosecha o la luna del cazador
Gire mi medianoche hasta mediados del mediodía?
Soy todo lo marchito y lo amarillo,
Y a mi corazón endulzo.
El mástil está cayendo dentro de mi bosque,
El invierno está al acecho dentro de mis estados de ánimo,
Y el crujido de la hoja marchita
Es el canto de mi dolor…

EPITAFIO DEL MUNDO

Aquí yace el cuerpo de este mundo,
Cuya alma ¡ay! al infierno es arrojada.
Este joven excelente desde hace mucho tiempo pasó,
Su hombría de plata fue tan rápida,
La edad de hierro finalizó;
Dijo es en vano, su carácter,
Los distintos destinos , que acontecen,
En qué año murieron, cuándo se levantaran,
Sólo sabemos que aquí yacen.

La luna

El tiempo se desgasta, no ella, ella guía su carruaje;
La mortandad se encuentra bajo su órbita.

Raleigh

La luna es un lucero lleno de rayos inalterados
Se acumulan en el cielo del este,
No destinada a estas noches cortas para siempre,
Pero brilla constantemente.

Ella no se apaga, pero, para mi fortuna
La que sus rayos no bendicen,
Mi camino descarriado declina rápidamente,
Sin embargo, ella no brilla menos.

Y si ella débilmente brilla aquí,
y su luz palidece,
Sin embargo, todos los días en su propia esfera
Ella es dueña de la noche.

De hecho en realidad, no puedo decirlo,

De hecho en realidad, no puedo decirlo,
A pesar de meditarlo bien,
Lo qué era más fácil exponer,
Con todo mi amor y todo mi odio.
Seguramente, seguramente, has de confiar en mí
Cuando digo que me das asco.
Oh, te odio con un odio
Eso sería de buen grado aniquilante;
Sin embargo, a veces, contra mi voluntad,
Mi querida amiga, te quiero todavía.
Sería una traición a nuestro amor,
Y un pecado por encima de Dios,
Ni un ápice de aplacar
Por un odio puro e imparcial.

Todas las cosas se encuentran en curso

Todas las cosas se encuentran en curso
En el suelo terrenal,
Los espíritus y los elementos
Tienen sus caídas.

La noche y el día, año tras año,
Altas y bajas, cerca y lejos
Estos son nuestros propios aspectos,
Estos son nuestros propios remordimientos.

Los dioses de la tierra,
Que permanecen para siempre,
Los veo en lejanos promontorios,
Extendiéndosen a ambos lados;

Escucho los sonidos de una noche dulce
Desde su terreno indestructible;
Engañándome nada más con el tiempo,
Llévame a tu clima.

LA TARDANZA DEL POETA

En vano veo la mañana mejorar,
En vano observo el occidente brillar,
Quien ociosamente mira hacia otros cielos,
Imaginando la vida por otros caminos.

En medio de tanta riqueza sin limites,
Aún, estoy solo y pobre por dentro,
Los pájaros han cantado su estío,
Pero aún mi primavera no inicia.

He de esperar el viento de otoño,
Obligado a buscar un día más apacible,
y no dejar atrás nidos extraños,
¿No hay bosques aún resonando en mi verso?

Nature

¡Oh, Naturaleza! No aspiro
A ser lo más alto en tu coro, –
A ser un meteoro en el cielo,
O el cometa que pueda deambular en lo alto;
Sólo un céfiro que pueda golpear
Entre los juncos río abajo;
Dame tu lugar más íntimo
Dónde corra mi estirpe etérea.

En algo retraerme, en una pradera sin público
Permíteme suspirar en una lengüeta,
O en el bosque, en un barullo de frondas,
Susurrar en la quietud del crepúsculo:
Aún algún trabajo, me da que hacer, –
Sólo , ¡sera cerca de ti!

Porque prefiero ser tu hijo
Y discípulo, en el salvaje bosque ,
Que ser el rey de los hombres en otro lugar,
Y el más cuidadoso y soberano de los esclavos
Para tener un momento de tu amanecer,
Que compartir, un año de desesperación en la ciudad.