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José Cruz Camargo

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ME QUEDÉ SIN TI

Cuando muera quiero recordarte con amor
tu voz con amor, tu oreja con amor
tu nariz, tu tacto, tu silencio con amor.

En un soplo divino
mientras en éter me trasmino
mientras agujas y oxigeno
y máquinas de luz
y arterias de plástico
que mías no son,
con amor recordarte.

Dijiste, quiero vivir sola
y en medio de esta marea
densa de difuntos urgentes
por yacer dentro de la tierra
como germen y raíz me pregunto:
¿Sola de qué, sola de quién?
¿Para que sola, desamada mía?

Solo dejaste mi armazón dislocado,
mis palabras rotas
sólo el corazón floreado
por tus disparos de ausencia.

Sólo yo, con esta enfermedad
que puse en nuestra mesa
como un pan para compartirla.
Sólo yo, cuando te fuiste
frívola y aventurera, a ser arquitecta
de una casa que no es tuya.

Mandaste mensajes muchos, de culpa y vacío
porque cuando te busqué en nuestro lecho se partió la cama,
me hundí yo, con mi nunca nacido hijo,
con mi múltiple sensibilidad de poeta herido,
con la promesa de un futuro desnutrido.

Cuando muera quiero recordarte con amor,
pero hoy vida, no he podido…

Me quedé sin ti, sin documentos
en el trámite del día a la noche
y en la prisión del corazón herido
me puse a cantar a coro con los vagos.

Me quedé aquí , desecho,
como un periódico roto, muerto de lluvia.
Sin compasión me abandonó tu amor
a la intemperie…

El tiempo pasado hunde al pasado tiempo
Es la huella hendida de un cojo, del ciego que
miró el sol y quemó sus retinas
Cayó la máscara de mi rostro al suelo
los añicos se desperdigaron bajo mi sombra
desnuda
Todos pueden ver el hueso desnudo de la
vergüenza
No me pregunten dónde se esconde la noche
y sus paredes
Calabozo frío de almas una vez fugitivas
El miedo muestra sus afilados dientes
Y devora despacio y con dolor a los hombres.

Poema desaseado, cucho, roto, arrugado
en la boca del autor.

Poema infernal, alcoholizado, pacheco, rijozo.
Poesía que desdeña la academia y los diplomas.

Poema de la fortuna en tiras breves de papel.

Poema que menstrúa, y que en el nadir del cólico,
suelta la dolorosa energía de la creación.

Poema humano sobre un crucificado cuya humanidad
lo reveló divino.

Poesía desdeñada por la burocracia de mi empobrecido
país:
hijos de su industrial hambruna;
padres de lábaro
inhumano.

Poema de sal bebido de una lágrima de denso recorrido:
Agua de mar del corazón herido.

Poema famélico, desnutrido, que de hambre arranca besos
y lábios.

El oficio del poeta se aprende entre calores de periódico
usado.

Amo tanto la vida que me desapego de ella.
Contengo dentro el cosmos con su dicha
absoluta.
Recuerdo a cada instante lo que olvido
a cada instante: la Sonrisa Interior y la
sustancia secreta del Amor que mora en
El Ser.

Voy al camino de la grava a buscar el terrón de un cadáver
de ojos rojo granada.
Arriba el cielo es gris-ceniza de cigarro que se derrumba
en las ciudades.
Así, todos canosos, nos sentimos ancianos aunque poseamos
joven el corazón.
La maña es plaga por mordernos tanto los labios, pero no de
besarnos, sino de congoja por el ausente.
Y encima de los presagios, nos amamos como animales naturales
de esta tierra.
Nacimos en este país por elección del alma y nos iremos cuando
la patria sea nuestra.

Un viaje dentro de mi.
Un largo y difícil viaje,
unas veces nectáreo;
otras, amargo.
El cuerpo discurre
hábitos y conductas
autómatas, añejas.

Un fascinante viaje
interior de misterios
insondables.
Emocionante descubrirse
luz violeta y mirar los
universos dentro.

Mas

El final se acerca
como lluvia fresca.

¡Rodéenme higos y
naranjas y quelítes!
¡Tupido lecho !
¡Florida muerte!

Ojos devotos: visión pura.
El blues de los incendios
en los labios.
Se expresa el alma libre
por esto, los motivos del
Fuego.
Soy un buscador de mi Ser,
como tú.
No estoy aquí, no estás allá.
Estamos juntos al rededor
de una llama de blues.
Cuantiosas visitas a esta
fogata de certidumbre
para reconocernos y honrarnos.
Fuera de ti no hay guías, sólo tu
corazón-cueva de la flama azul.
Ningún falso maestro o líder
guiara tu alma sabia.
¡Somos buscadores audaces
en pos del blues!

Una mirada, había ahí una mirada dentro de ti.
Profunda, fresca, y me quede a vivir en ella.
Supe que era mi destino, tu amor.
La sensación secreta, cenizas de mi, apenas
rastro de nadie.
El amor no es un auto lujoso o un horario de
frenesí inagotable.
No, vivo aquí, descanso en tu mirada serena.
Siento un terrible miedo a enloquecer, a morir.
Mas, siempre tu mirada ahí: concilio de amor.