Poetas

Poesía de Argentina

Poemas de José Luis Mangieri

José Luis Mangieri (Buenos Aires, 14 de diciembre de 1924 – 1 de noviembre de 2008) fue un poeta y editor argentino. Publicó más de ochocientos títulos originales en las tres principales editoriales que tuvo (La Rosa Blindada, Ediciones Caldén y Libros de Tierra Firme) de escritores argentinos e internacionales del siglo XX, como Pablo Neruda, Julio Cortázar y Nicolás Guillén, Yves Montand, Bertolt Brecht. En el momento de represión política también purblicó obras de Antonio Gramsci, Võ Nguyên Giáp, Hồ Chí Minh, Mao Zedong y Ernesto Guevara.

de Poemas del amor y la guerra

A Marcelo Gelman, Alcira Fidalgo y Pablo Schmuckler,
desaparecidos, porque también son mis hijos

Para Martín y Andrea

A la ciudad le arrancaron los ojos
y los bienamados agitan por los bares sus cucharitas de aire

Nadie nos conoce a nadie conocemos

Fugitivos muertos que caminan por México nos piden yerba La Hoja
o estampitas de Ceferino Namuncurá. Los que vagan por España,
fallecidos que se pudren como las princesas rusas en el París del 20

¿Pero y los que no están no están?
¿Los desaparecidos desaparecidos?
¿Los muertos dendeveras?
¿Los que no piden discos de Gardel porque los bichos les comieron la música
ni sufren en dólares porque no sufren más?
Temo por ellos algo más pulguiento que la muerte
más pior que los estrujamientos de los huesos
más griposo que desguazarse en los zanjones
o en las aguas puercas del Río de la Plata
algo más feo puede pasarles todavía
olvido hijo de puta

El hombre velaba todavía con el fusil al hombro
los grandes nombres que yacían en la memoria.

Pero la ternura de la muchacha relampagueó en la noche
desarmándolo para siempre.
Ahora camina bajo el sol
erguido otra vez sobre la tierra.

***

La muchacha siempre estaba-
con su pelo largo
con sus piernas largas
y su corazón azul
profundo y vasto
como el cielo de todos.

***

Es el último día del año que vivimos en su totalidad.
Como diría Vivaldi,
pasamos las cuatro estaciones.
Hicimos el amor, nos lamimos como animales ebrios de sol.
No lo olvides: alcanzamos, juntos (nosotros), el cielo.
Y nadie tiene interés ni en regresar ni en saber de dónde vino.

***

Hoy me levanté dispuesto a ser un buen ciudadano democrático.
Así que comencé a funcionar democráticamente en cuerpo y alma.
Me apené -lo justo- por la miseria de los otros,
me indigné ante la injusticia de las injusticias,
condené -de palabra- a los ladrones y a los asesinos
(sobre todo a los asesinos)
y en el subte compré unas estampitas a un chiquilín rotoso.
Pagué los impuestos en Obras Sanitarias
y las boletas de la jubilación -llegó la hora de pensar en eso-
porque le pagamos las cuentas, me dije,
la democracia nos protegerá a todos
de la miseria -de los otros-
de la injusticia -que revienta a los otros-.
Tiernamente, yo quería ser un ciudadano democrático.
Pero a las tres de la mañana desde París
me llamó mi amigo
con su voz pastosa de amores contrariados y algunas más desgracias
para preguntarme por los antiguos animales
sobrevivientes de la era del fuego y los glaciares.
Así que contesté a París:
bien, hermano, andamos medio torpes,
pero la pendejada comenzó a disparar sus primeros versos.
Volvé pronto.

***

mientras corríamos con los ojos reventados
bajo la oscura noche azul
sin posibilidades
ya ninguna
mientras chorreábamos por todos los agujeros
los naturales y los otros
alguien lavaba cantaba
también hacía el amor

***

Las rosas se asoman insistentes en el aire azul.
¿Nos están permitidas sin traicionar la memoria?
El recuerdo es tan poca cosa para tanto pasado,
para tanta vida sobre el abismo.
¿Es este otro vino, otro el amor?
¿O todo es un río solitario que deja a algunos en la orilla
crucificados en la injusticia de la muerte temprana?
Sobre las rosas soldados de hielo desaparecen
llevados por el río
y nosotros olfateamos la vida
como animales desbarrancados pero vivos.
Aullamos los nombres de la batalla
pero la guerra ha terminado.
Las antiguas banderas flamean
en la tormenta de nuestro corazón.
Descansen en paz los compañeros
bajo una tierra sembrada de sal
sobre la cual comenzamos a pelear contra el olvido.

Último vuelo

Veintiséis años de amor
partieron rumbo a Texas
en un Boeing 707
bajo la lluvia.

El aeropuerto y las gentes
quedaron solos
mojados
mirando.

Yo también.