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Salimos a la calle, caminamos bajo la llovizna,
entramos en un bar, bebemos, compramos una pizza,
la envolvemos, se enfría, la tiramos,
seguimos malecón abajo, las olas blancas
levantan sobre nuestras cabezas,
la noche es lenta, acuosa, no sé si triste,
tomamos café, tú casi no me ves, no me oyes
Te acompaño al ómnibus
No puedo articular palabra
Te vas en silencio
Yo tomo el ómnibus siguiente,
nada me molesta, ni el tumulto ni el vocerío,
me quedo en el puente,
las parejas jugueteando en la yerba,
demasiado lejos mi casa
Entro, subo las escaleras
Repaso mi vida, y en cada imagen estás,
en cada imagen perteneces,
abro la puerta, el apagón, qué maravilla,
me tiro en la cama, oscuro, silencioso,
Alguien llama al teléfono. No respondo.
Afuera es posible que siga cayendo la llovizna.

 

Cuando los trenes rondan
como pájaros extraviados
mi cabeza
cuando chirrían y me estrujan los huesos,
como puñales de escarcha, como velas encendidas,
¿qué querrán de mi, sobre que pastos de mis sueños
irán a esparcir sus cenizas?

 

Recorro el mismo camino de años atrás
El vaho de la noche escolta mi sombra
Llevo tiempo hurgando, viendo a ver si aparece
el preciado tesoro
Voy a mover los molinos gastados
Vengo de muy lejos, de donde siempre
y llevo esperma en las manos
El tesoro no es una ceiba heráldica,
ni un sicómoro
El tesoro se escurre en la aceitada maleza,
en el brillo de las hojas,
en el confín
Todavía voy marcando mis pasos
y huellas traslúcidas van quedando atrás
No es el tesoro un gato salvaje
Me abro la camisa y grito con Tarzán
A mi edad mi grito rebota en la oquedad
del monte
Tras muchas máscaras
vacío mis ánforas
a donde tantos vinieron a beber

 

He vuelto los ojos a la piedra antigua
y sobre ella he grabado
mi discurso onomatopéyico
He andado y desandado
He creído y descreído
hasta encontrar el rastro
de mis huellas perdidas
Me he vuelto a colocar el antifaz de Jano
bajo un cielo de estrellas esquivas
Me he vestido de acróbata, de mendigo
He tratado de ocultar mi verdadera faz
Pero la suma de mi propio linaje
me desnuda
Ahora sólo aspiro a repartirme
en el tiempo que heredé de mis antepasados

 

Cuando mi imagen se desdibuja
en el espejo
y máscaras remotas, enigmáticas,
se adhieren a mi rostro,
máscaras de tantos que dejaron sombras
indelebles, peregrinas en el tiempo
hurgo en el fondo de mi mismo
palabras sueltas, voladoras,
palabras de tanta estación,
de tanto azoro
que me den una respuesta,
una señal quizás,
cualquiera que sea su signo
para descifrar mi letra en el oráculo

 

¿Hacía dónde me encamino,
bajo qué lámpara me alumbro,
en qué manta me cobijo,
dónde oculto el asombro
entre qué vidrios se escurren mis ojos,
sobre qué escombros me alzo en estupor,
donde pongo a volear mi alma
si el tiempo no alcanza,
si no basta una vida para llenar
el hueco donde pastan como despojos de orfandad
los sueños que acuné en la infancia?

 

Tienen prisa los días
que me persiguen como una sombra
Tienen prisa y yo voy lento
porque no quiero llegar
Debe ser terrible llegar al veril
Se, sin embargo, que habrá un trofeo
que tendré que recibir con las manos abiertas,
con los ojos vidriosos,
con los pies desnudos
Oh, tierra, libérame de ese día infausto
conviérteme en medio del camino
en un caballo de crines azules
en una piedra de rayo
en una luz esquiva que se disuelva en la noche

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