Poetas

Poesía de Argentina

Raúl Núñez

Raúl Núñez (Buenos Aires, 1946 o 1947 – Valencia, 1996) fue un escritor argentino autor de novela, poesía y relatos.

SOLAMENTE HE TRATADO DE CONTAR CONTIGO

Cuando no era más que un buscador confuso
y salía a emborracharme con los perdedores,
y recorría los bares una y otra vez,
tratando de asegura rla próxima comida,
y tomaba a quien estuviera a mi lado,
sin preguntarme quién era o qué pensaba,
y me daba lo mismo meterme en una cama o en otra,
porque lo único que necesitaba era una entrada gratis,
y cuando la conseguía podía darlo todo,
porque no me habían pedido nada a cambio,
pude darme cuenta que sólo quien ofrece algo,
llega a recibir lo que espera.
Yo solamente he tratado de contar contigo.
Nunca he querido convencerte de nada,
ni llevarte hasta la última montaña,
ni convertirte en algo diferente a lo que eres,
pero creo que no debes necesitar sólo a quien buscas,
sino a quien te está buscando a ti.
Ahora todo se ha quedado dormido en el camino,
yo solamente he tratado de contar contigo,
y de conseguir una entrada gratis,
para no quedarme esta noche sin ti.

NADIE TE ECHA DE MENOS

Bueno, ahora tienes tu propio huevo frito
y realmente nadie te echa de menos.
Ya no necesitas ir a rodar por los bares
para conseguir donde pasar la noche,
ni robar la propina de la mesa de al lado.
No puedo decirte que hayas dejado tu camino
porque nunca has tenido ninguno,
y cuando te encontraste bajo la lluvia
lo único que se te ocurrió fue buscar un paraguas.
Ahora te han abierto las puertas de tu verdadero mundo
que era todo lo que estabas esperando,
y has entrado corriendo a abrir la nevera
y a lavarte las manos.
Sólo te habías acercado hasta el callejón
para mandar unas cuantas tarjetas postales
y llevarte algunos souvenirs de la tienda,
pero nunca llegaste a entender nada.
Cuando te pasaron la pipa por primera vez
lo primero que pensaste fue llamar a los bomberos
y aseguraste que lo habían hecho para matarte.
Al otro día te emborrachaste con una sola cerveza
y estuviste a punto de vomitar sobre la mesa
mientras querías abrazar al camarero.
Por fin, te vuelves a encontrar en tu sitio
y no creo que tengas ganas de seguir la aventura.

ESTÁ BIEN, MUÑECA

Está bien, muñeca,
hace cinco días que le hablo de ti a mis amigos
y que me acuesto tarde por caminar de noche como un lobo.
Hace cinco días me regalaron una gran bota para el vino
y me dijero que eso me iba a ayudar,
aunque no es cierto.

Pero sucede que esta tarde me compré un lápiz de colores
y estuve varias horas dibujando en la mesa de un bar
y me sentía muy bien
porque hacía mucho frío y yo tomaba café con leche
y por la ventana del bar
veía la llovizna que caía dulce sobre el Barrio Gótico.

Está bien, muñeca,
creo que ya es muy difícil que me pueda hacer daño,
aunque a veces cuando encendía un cigarrillo
tenía ganas de que estuvieras cerca
y me tomaras la mano
y me hicieras muecas divertidas, como antes,
lo reconozco.
Pero volvía tomar el lápiz y dibujaba un niño con un globo
o un juglar pelirrojo que dormía en el campo
y realmente no te necesitaba.

Está bien, muñeca,
espero que no pase mucho tiempo hasta que puedas olvidarte de alguien
dibujando un juglar pelirrojo.
Quizás te parezca aburrido estar al lado mío en un bar
o inventarle historias a mis dibujos, es probable.

Está bien, muñeca,
me quedo otra vez solo, dibujando.
Yo no te prometo un viaje en auto-stop a la India
ni que dentro de un vemos vamos a asaltar la Casa Blanca
ni que iré a las seis de la mñana a las fábricas
a regalarle fotos de Marx a los obreros.

Sólo te digo que quería encontrarte
para decirte que me hubiera gustado ver un hijo creciendo en tu barriga
y que también me hubiera gustado que tomáramos vino juntos esta noche
y para decirte un montón de cosas mucho más tontas
que no son para escribir en un poema.

SUEÑO JUNTO AL CALEFACTOR

Estoy dormido y sueño
echado en el piso de la estación de Hamburgo
junto a un calefactor
porque en toda la ciudad
no hay una sola cama en la que yo pueda dormir
y ya no tengo frío
porque estoy soñando
y a mi lado
hay dos beatniks suecos
que antes de dormirme me dieron cigarrillos
y sé que ellos también sueñan
entre sus chaquetas de cuero y sus botas gastadas.
Sé que escribo soñando
y entre la niebla rosada
que sube hacia mis ojos
desde mi corazón
siento que llega una muchacha
o una muñeca
y sé que no ha llegado en ningún tren
de los que se hielan parados en las vías
porque hay flores en sus pezones
porque está descalza
y su cabello le besa la cintura
porque sé que habrá gusto a miel y leche
en sus nalgas y en su vientre
y ahora se echa a mi lado
y me calienta con su aliento y su pelo.
Has llegado hasta aquí mi beba,
hasta la estación de Hamburgo
hace demasiado frío
y yo no soy el más solitario
podrías haber llegado hasta el alemán borracho
que cantaba C`est si bon en el bar
tenía 500 marcos
y los muchachos italianos lo robaron.
Ahora está solo
caminando por la estación desierta
tiene una espuma roja en los ojos
y creo que llora,
podrías haberte acercado a él
o al etíope
que hace quince días que no duerme
y ahora está echado en el banco de una plaza
y sabes que allí no hay calefactor
ni siquiera alguien que duerma cerca
y eso no es bueno, muñeca.
Y sin embargo
has venido a echarte al lado mío
y los deditos de tus pies están tibios.
Hagamos el amor, entonces,
aquí sobre el mosaico helado
y después
vayamos a juntar hombres
como si fueran flores
a todos los hombres que están tirados en las calles
o en la plazas
a los borrachos
a los homosexuales
a los drogados de St Pauli
y les contarmos un cuento
o les enseñaremos a balbucear amor
como si fueran niños.
Vayamos a juntar hombres
como si fueran flores
y a llevarlos a todos
a la estación de Hamburgo.

POEMA EN EL BAÑO

No sé si hablar ahora
de las hormigas sobre el rostro
de un guerrillero muerto
en Venezuela o en Colombia,
no sé si hablar de Vietnam
donde la selva brilla de Napalm
bajo la luna
porque quizás no pueda resistir
ahora
hablar de mí
o de mi país
o del día de ayer en la estación de Hamburgo
donde pasé el día y la noche,
de la muchacha del puesto de revistas
que me sonreía
cada vez que pasaba delante de ella
y tampoco sé
si escribirle un poema
al vaso de leche
que le pagué a un muchacho alemán
porque pensé que era
esquizofrénico o idiota
o a mi país
porque hace un rato
en el quiosco que vende frutas
del hall de la estación
vi tres manzanas decoradas
en un platito con papel de seda
y una estampilla que decía
manzanas argentinas.
Ahora estoy confundido
y quisiera
que mi amigo Fernández estuviera aquí
y me hablara de Artaud
o de Jacques Vache,
mientras toma yoghourt
y fuma Monterrey;
porque estoy sentado en el piso
del baño del bar de la estación,
después de haber pagado 0,20 pfennig
para entrar
y estoy muy bien
porque aquí no hace frío
y hasta los azulejos verdes están tibios,
pero esto es muy raro
porque un día elegí el mar
y ahora el mar se terminó,
y escribo un poema en un baño
porque no tengo un marco
para tomar café y escribir
en una de las mesas del bar.
Me pregunto si todo esto está bien,
si estoy haciendo algo por el hombre
y sé que me puedo quedar
mucho tiempo aquí,
porque el encargado de cuidar los baños
es viejo y duerme,
porque son las siete de la mañana
sin darse cuenta que hay alguien
que está escribiendo hace media hora
en uno de los baños,
y como estoy demasiado confundido
y mi amigo Fernández está lejos
y el encargado tiene demasiado sueño
y pienso
que va a pasar mucho tiempo
antes que despierte,
voy a seguir aquí,
pero temblando
por este poema
y por este momento he que elegido
escribir tibiamente en un baño
este poema
que es sólo una pregunta
mientras afuera se matan
los hombres que no escriben.

FRANKENSTEIN

Frankenstein
hijo de adolescentes
engendrado en caminos
Frankenstein
solo en los supermercados
buscando amigos
la boca hinchada de amor.
Frankenstein
hay pequeñas niñas que te buscan.
Frankenstein
te han mordido los pómulos,
les han dado un miedo atroz.
Frankenstein
no estás solo;
hay miríadas de monstruos fornicando en campos
bajo la lluvia
aullando ante micrófonos.
Frankenstein
cantarás rock
y serás bueno.
Jimmy y su guitarra desde el paraíso.
Miles soplando,
yo golpearé techos,
qué más da.
Frankie,
estaré donde vayas.
Frankie,
Te espero.
Frankie,
tendrás mis manos.