Logo de Isliada

Literatura cubana contemporánea

Poetas

Raúl Rivero

Otros poetas

Poemas

Donde clamo por Ángela

Y te busqué por pueblos,
Y te busqué en las nubes.
José Martí

Ángela, me dabas fiebre
me moría recorriendo tu cuerpo lleno de sobresaltos
y palabras inimaginables a tus catorce años.

Ángela, me hacían temblar tus piernas prodigiosas
tus senos con sabor a chocolate
duros
como marcando un precipicio por el que me hundía
increpado violentamente por tu demagógica inocencia.

Ángela, qué será de mí este sábado en que invento un rostro
te llamo por tus dos apellidos a lo largo del malecón
registro cines, parques
y no encuentro siquiera la sombra de tu sombra.

Ángela, cómo pasan los meses
cómo te me has ido desvaneciendo
el tiempo es un animal revolcándose en tu piel
rompiéndola.

No dejes que te acabe
regresa
vuelve a vivir conmigo,
Ángela, amor, hija de la gran puta,
vuelve a darme tu fiebre.

 

Propiedad privada

Esta mujer es mía
mi instinto de animal
no me permite prestársela a un amigo.
No la comparto
ignoro si me presento ahora
como un monstruo ante ustedes
pero no cedo, no la doy
no le permito que entregue a nadie más
su corazón que a mí.

Esta mujer es mía
míos son sus afectos y sus lágrimas
su amor, su juventud
su carne, su tristeza
sus desesperaciones, sus manías
sus malas noches, sus dolores
sus amarguras y sus sufrimientos.

Esta mujer es mía
no la comparto
no la entrego
la defiendo de extraños
la resguardo de cataclismos y epidemias
la alimento y alimento a sus hijos
la abrigo y la poseo
le canto y la fecundo.

Ésta es la realidad.
Juzgadme con mesura
profundizando bien sobre estas cosas
y vamos todos a firmar este poema
en La Habana
en la década del 70
en medio de una lucha feroz por ser mejores
porque más nadie escriba nunca esta mujer es mía
como si fuera un libro o una lámpara.

Firmemos, ayúdenme a testimoniar este momento
queridos contemporáneos míos.

 

ADIVINANZA PARA MI HIJA

Con María Karla

¿En que se parece la libertad
a un atardecer?
No sé.
Yo ha veces confundo
la caída de la noche
con la entrada del día
y hay un instante
uno solo
en el que nadie sabe
si viene o se va la luz.
He visto tres mil 227 atardeceres.
Nací en el otoño
a mediados de los ochenta.
No puedo hacer comparaciones.

Contenido relacionado