Poesía de Uruguay
Poemas de Ricardo Prieto
Ricardo Prieto nació en Montevideo en 1943, bajo el cielo incierto de una ciudad que más tarde poblaría de palabras. Fue poeta, dramaturgo y narrador, pero, sobre todo, fue un creador incansable de mundos donde la luz y la sombra dialogan sin tregua. Su formación teatral en la Escuela de Arte Dramático de Club de Teatro forjó las bases de una obra dramática que, desde temprano, mostró una rara mezcla de intensidad existencial y aguda observación costumbrista. El estreno de El huésped vacío en 1971 por la Comedia Nacional fue el primer paso de una carrera que cruzaría océanos y fronteras.
Con un teatro que oscilaba entre la vanguardia inquieta y la comedia que desmenuza lo cotidiano, Ricardo Prieto se convirtió en uno de los dramaturgos uruguayos de mayor proyección internacional. Vivió en Buenos Aires durante la dictadura uruguaya, y desde allí sus obras viajaron, fueron traducidas, representadas y emitidas, como ocurrió con Radio France Culture en París. La distinción del IX Premio Tirso de Molina en 1979 por El desayuno durante la noche selló su prestigio en el universo del teatro en lengua española.
La vida literaria de Prieto fue vasta y múltiple. Ganó premios como el Florencio por Garúa en 1992, el Premio de Teatro Acústico de Alemania por Bacterias y la Cruz de Hierro en 1986. En 1994 fue invitado a residir en la Maison des Écrivains Étrangers de Théâtre en Saint-Herblain, donde nació Asunto terminado. En 2004, recibió el Premio Morosoli de Plata, un reconocimiento más a una trayectoria marcada por la tenacidad creativa y la pasión por las palabras.
Más allá del teatro, Ricardo Prieto fue también un narrador de silencios y de estremecimientos. Publicó cuatro colecciones de cuentos, como Lugares insospechados, y tres novelas donde la introspección y el desgarramiento se conjugan, entre ellas Amados y perversos. Su poesía, recogida en libros como Palabra oculta y La oscuridad menos reciente, revela una voz que, entre la sombra y el asombro, se resiste a morir.
La madrugada del 4 de noviembre de 2008 Montevideo lo despidió en silencio, vencido por una larga anemia. Sin embargo, la obra de Ricardo Prieto sigue viva, como un rumor persistente en el teatro, la poesía y la narrativa latinoamericana. Su legado es un territorio fértil donde la palabra continúa explorando los límites de la existencia. Un nombre inevitable al hablar del teatro uruguayo y un autor indispensable para entender la complejidad de la condición humana.
Poemas franceses -VIII-
La vida salta, cruje como el papel
pero todo el mundo cree que es temprano.
Perdí un sueño y encontré casas, ríos,
pequeños lagos sin peces, putrefactos,
hombres y mujeres expuestos al sol
amándose a sí mismos torpemente,
tiernamente, tenebrosamente.
Es lo mismo en París que en Toulouse,
en Madrid que en Buenos Aires.
Los carozos se aburren. Las cocineras
los sacaron de los frutos,
nadie quiso comerlos después de pelar y traspelar.
¿Dónde, dónde están esos frutos rosados,
apetecibles, crocantes, humedecidos?
¿Por qué caño se fue el amor a la vida?
Pero no te asustes, hermano amado,
desahuciado mendigo que vi llorar
en la rue des 50 Outages de Nantes;
vamos todos por el Gran Camino
hacia la consumación sin fiestas, sin templos,
sin almuerzos y trans almuerzos,
sin amor sobre las camas demasiado pacientes.
Herida tras herida va a morir
y se abrirá la Herida Caliente.
Ciudad de la vendimia oscura y perpetua
Yo te amo, Buenos Aires.
Aunque le des la espalda a los jazmines
y en el velo del humo
pongas tu rostro azul, pruebes la muerte;
aunque al afán, al agua, al trigo
les des muralla y piedra;
aunque al amor lo martirices, pruebes
por tus confines húmedos,
yo te amo, ciudad de la vendimia perpetua y oscura,
porque creí aromarte y me aromas,
vine a invocar a tus ángeles y ellos me traían,
y el incesante afán de las palomas
por picotear tu carne inerte
me duele el corazón,
me lo arruga.
Ya es de aquí el que les implora
Tregua para tu carne. Piedad.
Buenos Aires de espigas,
de sacrosantos túneles, de vísperas.
Hollín triste renqueando por tus calles con lluvia
suele venir a hablarme de un misterio que es tuyo,
especioso, inviolado.
Redención es palparlo en tus rincones,
en las alas que inclinas,
en tus pezones, tus cinturas,
huecos, pozos, lagares.
Todo lo desenvuelves y lo pueblas..
Todo lo coronas y lo escondes:
el serrín, los larvarios,
frutos entre dormidos,
incienso, mirra, áloe,
pentagramas de esencias oscuras,
y aquelarres
y hostias.
Ya es de aquí el que te invoca.
Yo vi en tu ardid de sombras
huesos y pesadumbres,
muertos, luces, calvarios,
enjambres de Clarisas sumidas en Sus Glorias
y elefantes y Rosas por San Telmo a la noche
pidiéndole a Dios Padre
también misericordia.
Tu zapato es lunar.
Tus sembradores, puros.
Deslumbrados te miran,
van al Huerto donde implorando amor
besas, matas, coligas
demencial, insondable, nunca asida,
despoblada de rosa y paraíso,
poblada de algo más,
innombrable
blanquísimo.
Ya es de aquí el que te acosa.
Borges riega el sendero de tu Jardín de Rosas.
Piazzola te desnuda.
Xul Solar te somete.
Discepolín te salva de la aurora.
¡Ciudad más erguida que Todo!
Ya es de aquí el que te llora.
Y hoy te alcanzo. Mirame.
Se me quedan las manos
nudosas y espesas,
ardidas, enflaquecidas,
entrecanas,
muertas por quererte tocar.
Vas más alta que el cielo.
Te persigo: no quieres.
Me arrodillo: ¡te empinas!
¡Ruedo y vuelas!
¡Me disuelvo y te escondes!
Pruebo tu pan y me escudriñas.
Te abandono: me absuelves.
Me desnudo: te vas.
¡Corro al Jardín de Espinas!
Me desespero…
Clamo…
Te prometo la vida.
Todo el amor.
La muerte.
Todas las muertes juntas
a cambio del secreto,
tu raíz,
tu señal.
Y me dejas la vida,
me la ofrendas,
la doras.
¡Ya es tuyo!
Sí: con vos. Ya es de aquí.
Con vos va.
Detritus
I –
se cansa el corazón de mirarme
le da hastío mi voz
mi vieja mano
que ensucia lo que ama
III –
y el mar
el viejo y turbio mar sin dones
que jamás nos persigue con deseo
III –
voy tenebroso cielo
debajo de tus lámparas
atento al celo de amar
un cuerpo con mi horrible sangre
por este amor pedí perdón
cuando amaba la vida
IV –
dejar un rastro
una fisura
un grito
poner el tenebroso aroma de la vida oscura
desahuciada y mortal
debajo de los árboles
para que un mago la redima
V –
y a la copa del mar le clavé arena
para que los frutos
que un dios puso en el agua
se marchiten por mí
VI –
aquí
con una vela encendida
hendiendo
el santo calvario de tu vientre
muerdo el blando altar
le ofrezco blanco incienso
VII –
y ajada
la marea del amor se parece a los muertos
ya no le importa a nadie qué sueños tuvo el difunto
cuántas puertas abrió
qué acomodo encontró cuando en su cama llovía
VIII –
y sin embargo creo
cuando a mi amante le engendro un hijo que no vivirá
y me dejo devorar como un carnero
por la indigencia de su intestino
o la amo simplemente al revés
creo
creo
como un bruto
como un microbio a la deriva
en la sangre que lo deja flotar
IX –
no hay brujo santo
pero las puertas que abren la harina
el ajo y el incienso
muestran la ley que trama todo
la misteriosa sal
esconde diablos y sagrarios
y hay en el pan
cuando el adobe cae de ciertas manos-
un poder
un dolor
X –
oh amada amado
hoy vi morirse a góngora
entre el reseco estiércol de mi jardín con perros
que lamían sus labios descarnados
hoy vi caer sobre el oscuro mármol de la tarde
a la ajena hermosura inútil
XI –
y hay ansias
tortuosos dedos de la carne queriendo hundirse
en el útero inmenso del crespón
del papel
XII –
pero hay un mago
un viejo loco y puro
con los testículos al aire
se inclinan ante él
ciegos
larvas
y hostias
XIII –
y la ciudad se vuelve blanca
sin túneles
sin parias y sin hostias
los parques se derraman como verde alcohol
y en las calles siempre sucias
una cópula hasta un ojo
pueden resarcirnos
corro entonces
clamo por todo me emborracho
persigo con lujuria a las mujeres gordas
a los mendigos
a los perros viejos y descangayados
entro a los bares de luz mortuoria
a los cines vacíos
a oscuros sótanos donde no hay nadie
después
trepado a la boya del alcohol
pido un mar blanco quieto
para morir
XIV –
y hoy justo hoy
cuando se cae todo
y pido a no sé quién un lazo para atarme
violar un árbol
enredarme en los pelos de su sombra
vuelven las locas ganas de amar
y hasta el nacer me huele a fruto
XV –
pero vamos padres madres hermanos
vamos a poner en las ollas todos los recuerdos
los viejos huesos enfermos
los asesinatos los calvarios
vamos a rociar con queroseno el caldo
para que no hieda
a hervir esa mescolanza
hasta el paroxismo
y si el amor
el viejo amor castrado deseado nunca visto
entra disimuladamente en la compota
para hervir también
abramos las brutas bocas
y dejémosla correr por el esófago
hasta el inodoro
XVI –
pero ahora no importa la cosa en sí
no ahora
recordando a Elisa
las nueces que comimos
los zapatos que no vimos más
aquí llegó el invierno
y es por eso que el tiempo se abrevia
vienen lunes de lluvia trajines
orgasmos incompletos
pequeñas tazas de café funebrero
y el hedor de los muertos
cercano lejano
entre tú y yo
pero una cama
el martirio
la esperanza endeble
la noche
sí importan
quizá
XVII –
y entonces
sólo entonces
cuando amábamos la bestialidad
y éramos capaces de cualquier ignominia
podíamos creer en el alto cielo
la parusía y las resurrecciones
el calvario era como agua mansa
quemando nuestra furia
y la búsqueda desahuciada genital
el incesto y el estupro
estigmas del señor
excusas para la misericordia
pero ahora
tan mansos
tan pudorosos y atildados
somos como microscópicos elefantes
que se asustaron de la selva
y buscaron en la beatitud de la pequeñez
resguardo para la lluvia cruel
que azota huesos y plumas
menos visibles que los microbios
nuestro pánico sigue intacto
y ya no podemos ver el cielo
XVIII –
yo bendigo
las ranas
los tinteros
la macrocéfala cabeza del ajo impío
la perfidia del olor a espliego
bendigo el charco donde salto como un canguro
la hojalata la basura bendigo
todo lo que rezuma humedad
tenebroso olor
resquicios
el moho del olor
el intestino
yo bendigo
en el turbio barco del detritus
navegan la transfiguración
y el poder
XIX –
y sin embargo amo
quiero amar ciertos poemas
los santos lugares del martirio
y el agujero donde el dios impalpable pone huevos
quiero amar las arrugas del verano
los bares grises donde todo se turba
las cucarachas blancas de los sueños
amar la luz también
su verde ombligo
los invisibles sementales
donde atisban los ciegos
las bufandas dentro de los roperos
y tus muslos raquel
los senos rotos con que me amó Lucía
amar el silencioso infierno de montevideo en domingo
sus parques arrinconados contra el tiempo
la inabarcable costra de racimos de muertos
que
escondidos
están ahí
amar amar
amar todo menos al amor pavoroso
insurrecto
secreto
El Jardín Secreto
I –
presentido arenal donde escuchan mi canto
allí sobre el confín se vuelve azul la pena
y el dormido jazmín resurge con mi estirpe
porque soy el guardián de su ardimiento inmenso
II –
encima de mi casa han colocado un pino
lo trajo un cuervo herido que voló en una cruz
sus ramas son de olivo su tronco de cristales
sus filamentos arden como el yugo que amé
encima de mi casa han colocado un ave
de su verdoso pico vi caer el maíz
III –
apuro de salir a la mañana quieta
(atrapada en su hoyo aguarda allí al que sale)
apuro de rodar por las calles caídas
(solas en su aflicción apuestan por la tarde)
IV –
horas que en el verano parecen arrastrarse como hormigas
las camas solitarias se caen sin sus colchas
y se aburre el jabón la silla azul la pena misma
pide en calma morir porque todo la harta
el ropero en su cruz clama por la intemperie
y el óbolo del pan se resiste en las bocas
el plumero el arcón la ventana las ollas
quieren dejar de ser piden tregua me miran
IV –
a/
V –
hijo de leñador subí por la montaña
era mi padre el rey de la savia purísima
era mi madre verde y enredadas pelambres
le tapaban la voz cuando amaba llamarme
hijo de leñador por la extraviada altura
de un país sin color donde nunca me vieron
VI –
el mundo está marchando por universo ciego
por caminos de espinas suele pasear la luna
hay un hombre que aguarda entre seis mil planetas
una mano de carne que lo ayude a volar
VII –
rojo el nacer
blanco el morir
la condena blanca
el sangriento don
rojo el nacer
blanco el morir
se parece a todo
me recuerda a dios
VIII –
paren tristes las hostias a los hijos de otros mundos
y el carbón con temblor se yergue si lo miran
este es el tiempo y yo contemplo el pegamento
el almizcle el ardor en que se funde todo
el que quiere nacer que recuerde este día
ayer por el camino vi morirse a la espuma
y allí donde pensé donde vi donde estuve
el manto del perdón no quiso abrirse nunca
el que pide nacer que recuerde ese día
parece triste todo lo que se mueve
y triste quiere el mar mezclarse con la tierra
y triste vi el nacer y el morir y el quedarse
IX –
hoy vi un niño siguiendo a una paloma
eran miles y sólo quería aquella
la cazó y la escondió entre los telares
de sus manos curtidas por mis alas
hoy vi un niño deseando a una paloma
X –
vino virgilio por el jardín secreto
trajo para el festín la puerta de su noche
y el confín al que quiso llevarme
fue el remoto lugar donde estuve otro día
vino virgilio por circulares mármoles
frente al viejo portón tuve que despedirlo
tuve que darle manos temblando sin las llaves
XI –
y por el ruido voy y por el humo
por el andén que conduce a tantas muertes
por la ciudad que se olvida de todo
por tanta ruina y tanta pérdida
por el misterio de que me lleven
y de que a veces me acompañen
y de que siempre me pidan cuentas
XII –
abeja del polen puesto como un huevo
se enraizó en la greda del calvo santuario
que un árbol sin bosque le dio
XIII –
aprisa va la marejada del ser
por el oscuro mundo más oscuro que la muerte
será por eso que le pedimos a los ángeles
socorro y despertar sobre cama eterna
pan menos breve y ver el rostro de dios
Figuraciones
I –
los lunes
cuando el papel es triste
y los hombres son viejos
con sus sombreros grises
uno quisiera meterse en una taza
bajar por el esófago
morirse
II –
entré dormido en el pesado sueño
iba el sol a mi lado
como un dedo
tocándome las llagas
la ciudad se escindía
doblada en su martirio
como una vieja tapa
entré dormido en el pesado sueño
III –
soledad de la tarde plana
en el cuello sin nuez de las botellas
un perro se retuerce sobre el muro
hay caídas
hay gotas en la higuera
IV –
ricardo niño dormido
sobre la luz de su frente
vuela una bruja en escoba
los jardines de la muerte
la ventana está cerrada
fue en otoño
fue en verano
cuando el blanco pie de dios
se depositó en su mano
V –
madre mira cómo la casa vuela
se hace pequeña entre las nubes
la cama donde papá dormía
sirve ahora de ventana a un pájaro
y tú levantas las manos
quieres tocarla
quieres asirla entre tus grietas
para que ilumine las sombras
madre ya quedamos desnudos
el aire ceniciento es nuestra silla
y miramos juntos el cielo
VI –
madre y padre están dormidos
quién vela ese sueño
algo deshace mi cabeza
parece lluvia
dile por qué estás dormida
tan sola está tu frente
dime por qué tengo miedo
de que se caiga todo
padre y madre están dormidos
sobre su cama de lluvia
parece un cementerio la casa
las cucharas son cruces
corro por los cuartos mojados
como un perro ladro y araño
el polvo que cae del techo
la noche en que me engendran
duerme duerme y no permitas
que alguien me siembre en tu cuerpo
no quiero ser semilla
para mirar ese sueño
madre y padre están dormidos
quién vela tanta muerte
algo deshace mi cabeza
parece lluvia
VII –
le tuve apego a la primera palabra
y al juego sucio de vivir
y a la tristeza de estar mirándolo todo
sin apego
sin esperanza
será por eso que escribí un libro
y cuando quise repartirlo como al pan
sentí arrepentimiento
y un poquito más de pena
VII –
tenso y encerrado como un miedo
el poema navega en un mar vacío
sin orillas
hacia dónde va la palabra
quién la prueba
y por qué
VIII –
a María Legazcue
y a vos y a mí qué nos importan
las botellas vacías
los naufragios
la mugre de las ollas
los zapatos raídos
la marea
la lluvia
qué nos importa la piel del universo fúnebre
las naranjas resecas del otoño
la pulpa de las uvas
los desnudados cuerpos
las catástrofes
si apenas un instante
un tenebroso instante
se parece a nacer
IX –
tantos árboles
tantos panes
tanta vida
y el esplendor aciago del verano
que nos verá morir
X –
hubo un corazón mío
caído
muerto de pesadumbre
y quise subirlo hasta el sol
para que el rito de lo vivificante se cumpliera
pero tuve que desistir
todo costaba
y costaba menos
el quedarse inmóvil
el madero
I –
se fue la tarde
se fue la sucia arena que el sol reparte
se fueron las precarias dádivas
las inertes hostias
se fue todo
hacia la noche
hacia el oscuro huevo
cerrado bajo el cielo
II –
y hay lluvia
sucia
mortal
sobre la tierra
y estoy yo
los que me aman
subidos al madero
más allá del naufragio
III –
pero tiniebla no es pez
ni el mar encubre ciénagas
más hondas
que el día extraño
donde un pie
se yergue oscuro
como rastro de un dios
IV –
y el río
la ciudad muerta
mi casa
mi desahuciado nombre
los roperos
la noche
la distancia que hay
entre la aurora
y el muerto último
no tienen tregua
nada se apiada de sí mismo
todo acontece como un milagro
sin culpa
sin aparente ley
V –
pero está escrita
la ley del clavo
del pan primero
de la astilla
la ley del pene erguido
y del óvulo
la transparente ley del amor
superviviente
aterrador
VI –
y detrás
encima
debajo
delante
la ley de la existencia
que trama delirante
todo quiere nacer
Piel derramada
a Miguel Ángel Prieto
Julio horrible.
Se nos vino la muerte
sin golpear,
sin pedirnos.
Se nos cayó el reposo
y el viento humedecido
también nos vio morir.
Se fue el hermano oscuro
por el ardor, con miedo,
temblando, se fue.
Julio horrible.
Se nos vino la muerte.
La vida se murió.
II
Te he perdido.
Desde la oscura noche del nacer
te he perdido
a ti que amé más que a Dios sin saberlo,
más que todo,
a ti,
pórtico del deseo por el que entré
sin que huyeras
para quedarme siempre allí.
III
Miguel Ángel, niño oscuro,
ven hacia la tierra donde anclamos
madre y yo
con la bandera del amor a medio flamear
haciendo tristes señas.
IV
Tú y yo estamos mirando
la oscurecida harina del mar,
madre nos toca
arranca el sol de nuestros hombros.
Tú y yo niños sentimos
su pesarosa mano secando el resplandor.
Tú corres,
yo me inclino,
tú me llamas,
yo acudo,
y allí juntos –de piel-,
de otra harina
-de miedo-,
se disemina en mí tu temblor,
mi temblor te escudriña.
Hermano,
hermano mío,
marchando solo ahora
hacia la inmensa playa
donde nunca estuvimos.
Hermano,
hermano mío,
riego de todo el llanto,
blanco,
oscuro,
pesando de amor,
cayendo en nuestro nombre.
V
Aquí, Montevideo. La pensada muerte
vino a esquilmar mi casa otra vez.
Paredes saltaron, cuchillos.
Pero yo,
madre también,
olemos tu piel derramada,
oímos el viento, sabemos que ollas, manos, pesares,
recodos de los tréboles,
y el pasto mojado de rocío,
y la noche misma, vaciada,
y las lámparas, colchas, roperos,
todo inmenso se torna,
infértil
cae.
como madre,
como yo mismo,
como tú ausente
en inmóvil terror.
VI
Tuyo era el pan,
y el rocío blanco
se empecinó en verte partir.
Las tumbas se abrieron
para que entráramos contigo,
y en mi mano llevé tu peso,
y en mi mano te contuve
como nunca,
a ti.
Pero ahora comienza el páramo.
Hosca la tierra nos margina
y el día nos pide tus ojos,
el ramo fúnebre,
tu piel.
Se ha derramado el cántaro
y hemos caído,
nosotros en la muerte incesante,
tú en la boca blanca de Dios.
Piel derramada sobre el arca de julio
se llevó nuestras flores,
el perdón del verano
y la luna.
Hemos quedado debajo del mundo
todos nosotros,
aquí.
Coronación
Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.
Pedro Salinas
Hay amores que vienen como el viento
en los días de lluvia
a reconciliar los granos,
a unir sin pausa el polvo,
a poner paz en el cielo de los cuartos
para que huyan, como pájaros,
las desdichas, las sombras,
el agujero sin límites
donde estamos a veces, solos.
Coronación perfecta del misterio
son. Que sin ellos se iría
a una boda de miedo con la muerte.
la vida,
yo lo sé.
El velo
Mira ya dónde estamos;
tú en tu pozo,
yo saliendo,
y el nudo de la muerte
poblando esa montaña.
Arrinconado mundo
nos dieron esos ángeles,
y sus manos planeando sobre el sueño
vienen a nuestras bocas
sólo a veces
como panes oscuros
que mordemos con pena.
Mira: está sobre ti,
debajo de mí,
en tu mano,
en mi boca,
esa lumbre,
ese velo finísimo
que oculta lo que vemos
aunque los ojos se engañen
y en luminoso pensar se aneguen.
Esto es el Ser.
Es incierto hasta el sol
y las frutas que miran nuestro afán
son inciertas también.
Sólo el fragor donde caemos
parece conocernos,
y sólo dura él,
inmortal como es,
incomprensible,
siempre vuelto al confín
donde estuvimos.
Fruto
Caerse de la tarde
así
de pronto
como un fruto sin árbol,
perdido,
casi muerto.
Caerse así, sin ton ni son,
como llevado por el viento
a la arenosa tierra
de nadie.
Y después de caer
mirar el cielo
y ponerse a esperar,
solo, la lluvia.
Juegos para no morir
Lo fantasmal del eje
donde giro
suele a veces
hacerme una pregunta:
quién eres tú
-me dice-
bastardo azul de polvo
para soñar erguido
con la carne de Dios.
Y surcan puras, hondas
mis manos como naves
toda la piel del mundo.
Así engaño a mi amor.
Orígenes
Llovía en mi calle
cuando vine al mundo,
a la ciudad de lentos tranvías.
Llovió, me dijo después la partera,
aquella mujer de ojos amarillos
que me robó a la muerte
sentándose sobre mi madre casi verde,
necesitada de agua
porque yo nacía.
Llovió aquel mediodía de febrero.
Y no fue nadie a visitar
a mi madre casi muerta.
Los verdaderos cielos
Tu cintura es mi cruz,
tu frente bebe
el agua de mi muerte;
hay en tu estanque que se inclina
algo de mí también,
y el germen pálido
del invierno y la pena.
Como quisiera que nos fuéramos
al campo sin espinas
donde pastan los cielos
-los verdaderos cielos-.
Como quisiera que subiéramos
a los picos altísimos
-tierra, arenosa tierra abajo-
y fundidos en miríadas de luces
sobrevoláramos pesares,
hundimientos,
catástrofes.
Pero no. No es éste,
no, el instante.
Naden los peces hacia los mares,
hacia el agua y las bocas la cebolla,
y el verano en su nave
surque el planeta oscuro
con su jarcia de espumas.
Culmine hoy todo, cuaje, prospere.
Nuestra historia, por triste,
debe dolerle a Dios.
Quizás Él nos salve
y en el grano del viento retornemos
a esta esquina, esta lluvia.
- Paul Verlaine
- José Joaquín Casas
- León Zafir
- Elman Trevizo
- Oche Califa
- Dana Gelinas
- Antonio Gómez Restrepo
- Hebert Abimorad
- Eladio Cabañero
- Ludwig Zeller
- Rafael Pombo
- Nora May French
- José Gorostiza Alcalá
- Peter Redgrove
- Edilberto Domarchi
- Victoriano Crémer
- Víctor Hugo López Cancino
- Gastón Gori
- Olga Orozco
- Frédéric Mistral