Icono del sitio ISLIADA: Literatura Contemporánea

Richard Piñeyro

Poesía

Foto por Anne Nygård en Unsplash

Poemas:

Yo quisiera hablarte, amor

Yo quisiera hablarte, amor
la noche es quizás un misterio
alguien la creó
porque a solas no nace el viento
porque soñó y pecó: ahí nació la noche.

La noche es vieja de llagas y lágrimas de los hombres
pero tú viniste a crear la noche
y yo era el día
el afán
el esfuerzo inútil
bajo el sucio andar de los días

y yo tan luz cansina
tan herrumbre
y algo
no sé que
lluvia
o pedacitos de tela
alguito
que quemaba a recuerdo;
que podía hacer con tus ojos morenos que
/pedían la edad que no tenemos
la alegría blanca, bajo el techo blanco
que podía hacer con tu niñez que era
/la niñez de Dios y de la Tierra

Un día

Un día
una persona
caminará por una calle
recibirá el sol
sin pensar en nada
(como tiene que ser)
caminará
(sol)
y no te recordará
(como tiene que ser)
y caminará por una calle.
Y habrá sol.

Andar, caminante

a Bea

Andar, caminante, con sed de trigales y fuentes
gasté mi moneda en delirios, en utopías francas, dulces
creyendo en el hombre y en los Dioses que edificaron sus eras.

Más luego el azar; el destino que siempre es
destino y vanidades
la certidumbre del desgarro. El navío de los
hombres, ¿qué otra cosa es el penar?

Es cierto que en mis días hubo fragua
hubo aguas, brazos en el timón y el enfrentar el cierzo.

Es cieno que algún día, algún día hubo fiesta
voces amigas, amantes, dando calor y enjundia
a este brote tardío que bebía y bebía
el milagro de vivir, el sueño concluyente de latir,
latir, digo.

No es excepción el sueño, ni después el deber orgulloso
de entrar doliente en la nostalgia amable.
Mis pertenencias: la muerte. Mis deudas: el silencio.
Mi sino: el de cualquiera.

Todo pasó amante, maravilloso, agreste, indócil.
Todo pasó y ahora cargo un hombre con el peso
de Dios, su fuego, sus perdones.

Importan ya poco los colores, aquel ardor del color.
El árbol es raíz y rama: deben ser propias,
bondadosas, ligeras.
Pisaré esta grava y otra grava. Beberé de mí, de
aires, de otros.

Biografía:

Richard Piñeyro nació en Montevideo en 1955 y dejó una marca honda en la poesía uruguaya antes de su prematura muerte en 1998. Su vida fue, como su obra, una tensión constante entre el fulgor y la herida, entre el compromiso vital y la pulsión lírica. Poeta afrouruguayo, su voz emerge desde los márgenes para desbordar los límites del verso y la historia. Fue un hombre de palabras y silencios cargados, un soñador atravesado por el hierro de su tiempo.

Militante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, fue arrestado en 1974 y pasó seis años en el Penal de Libertad. Allí, entre muros opacos y rutina de sombras, su sensibilidad poética no se apagó: se templó. Compartió clandestinidad y lecturas con figuras como Alfredo Alzugarat, con quien intercambiaba libros y sueños. Eran días de resistencia y poesía, donde la palabra servía tanto para sanar como para sobrevivir.

A su salida en 1980, Piñeyro se vinculó con el colectivo Ediciones de Uno, espacio donde confluyeron poesía, gráfica y militancia. Fue allí donde publicó casi todos sus libros, textos donde su lírica —cruda, sin ornamentos— da cuenta de una existencia marcada por la represión pero también por la esperanza. Su poesía tiene la fuerza del que ha estado al borde y ha decidido no callar. Como dice Luis Bravo, su obra es un cuerpo a cuerpo entre la muerte y la esperanza, donde el poeta no busca el vértigo de la locura, sino el hilo tenso que lo devuelva a la vida.

Sus libros, como Quiero tener una muchacha que se llame Beba, Cartas a la vida o El otoño y mis cosas, son pequeñas llamas que arden con discreción, pero dejan cenizas vivas. Con Palabra antigua, publicado de manera póstuma por Vintén Editor, su legado se consagra como testimonio final y eco de una voz que nunca buscó deslumbrar, sino conmover con verdad.

La poesía de Richard Piñeyro no admite etiquetas fáciles. Es social sin panfleto, íntima sin desborde, sencilla con la hondura de lo auténtico. Fue, y es, una voz imprescindible para comprender la poesía uruguaya de la posdictadura, una voz que habló por muchos desde un lugar profundamente humano. En su palabra, antigua y nueva, vibra todavía el temblor del que ha vivido y ha amado con intensidad silenciosa.

Salir de la versión móvil