Poetas

Poesía de Argentina

Poemas de Romualdo Brughetti

Romualdo Brughetti (La Plata, Buenos Aires, 7 de febrero de 1912 – Buenos Aires, 4 de marzo de 2003) fue un crítico e historiador del arte, ensayista, poeta y profesor argentino. Estudió Derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y Humanidades en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata.

Hijo del pintor platense Faustino Brughetti, estudió en la Academia de Bellas Artes de La Plata, que lleva el nombre de su padre. En Montevideo frecuentó el taller del pintor constructivista Joaquín Torres García.

Como crítico e historiador de arte en 1933 publicó en el diario El Argentino de La Plata su primer artículo. Dos años después comenzó a trabajar en el diario Uruguay de Montevideo y desde 1939 en el diario La Nación de Argentina. Además colaboró en otras publicaciones nacionales e internacionales, entre ellas, en el periódico quincenal Correo Literario de Buenos Aires, en Cuadernos Americanos de México, y en las revistas Sur, Criterio, Gaceta Literaria, Cabalgata, Saber Vivir, El Hogar y Ficción.

La palabra

Nace entre borrascas,
sonidos, silencios
del misterio de su origen:
crees poseerla
si dócil besa tus manos
y miras la luz en sus ojos
con el deslumbramiento
de cada cosa
en su jardín de delicias,
bosque en tornasol de vuelo
en donde todo árbol
teje y desteje la tela
transparente del follaje,
fresca centella del agua
en verde césped,
surtidor del viento
que despeja nieblas
y ciñe su cuerpo elástico,
río mar lengua
en tierra abierta
a tumultuosas ramas líquidas
bajo un sol
que labra estatuas espejeantes,
llamaradas de nombres
ante los ojos del asombro,
labios puentes en bocas
del amor,
magnético fruto
del sabor de las inscripciones
talladas en el fragante corazón
de adolescentes jubilosos.

Ah, en ese despliegue alborozado
de la imagen,
imprevistamente, en tablado ambiguo,
comienza el espectáculo siniestro:
letras, sílabas, acentos
unidos en encarnado sortilegio
aún esplenden
en la columna cenital, luz
descifrando pensamientos,
voces en su tallo natural,
refugio de la lluvia
en campo fértil…
Impío el tiempo apura
realidades y ficciones,
batallas, destinos, amores
quiebran sus columnas;
dioses de cabeza de toro
y cuello de cisne,
imperios de enhiestas torres
y guardianes crueles,
patrias de frescas leyendas
en celeste cielo inalcanzable;
nube que fue pájaro
en la voz emboscada
de una guitarra
o coloquio de estrellas
que fue susurro de hojas
en el molino del otoño,
sucumben en un torbellino
de cenizas.

Huérfanas de su latido
ramas desgajadas del árbol
de la vida
en la persistencia de la usura,
la farsa, el odio
sofocan la roja
granada del sueño,
ruina en sepultura anónima;
letras, sílabas, acentos,
derruidas corolas
en manos sacrílegas,
hollados campos y huertos
del lenguaje;
exhaustas estirpes,
linajes caducos,
cuerpos que han quebrado
sus vértebras,
ojos sin lumbre, excrementos,
confusa hoguera del caos;
y la palabra ya no es el ser
en la palabra,
adefesio, estropajo, monstruo
que sale de boca de hombre
y devora a hombres,
tromba exterminadora
de la espiga
y del racimo gozoso del vino.

Duro oficio el suyo
cuando sacuden pérfidos aires
la entraña del mundo
e irrumpe en tropel
en el tugurio de la mente
o colérica desmaya
bajo su piel decrépita,
náufraga en el huracán
que sólo acata sus consignas
y cierra una a una las puertas
a la que acude malherida,
presa de chacales delirantes
en un desierto
de cadáveres insepultos.
Sí, mas harapienta, vacilante,
peregrina en comarcas inhóspitas
la palabra
vuelve al antiguo misterio
que nombra,
ávida cifra dormida, semilla
liberada de azares, catástrofes,
verdugos, crepita
en estallantes vigilias
de la nutricia libertad
del hombre;
pez de amianto en la cresta
reluciente de la ola,
pájaro de alas crecidas
con los colores del verano,
manos del diálogo
en un desperezarse matinal
sostén de la memoria;
pie de la danza
en la desnudez de su signo,
raíz de la música
en el manadero de su ritmo,
pulpa de la existencia
en el mediodía de su símbolo,
restauradora de la rosa
y la espina en la balanza,

en estos tiempos de aurora y abismo.

Hombre mundo hombre

Sube al escenario
(ruedo de mitológicas calmas
y relámpagos)
entra en el camarín
(remanso de ávidas promesas
espejeantes)
escóndete entre bambalinas
(expectante vacío
en el sucederse del viaje)
húndete en el hueco de la sala
(círculo de cómplices
exilios cotidianos)
el previsible espectáculo
despliega sus puntuales voces
fieles al corazón de la mañana.

Cifra del drama
llave de la comedia
muerde el pulmón dormido
del tablado
golpea la rugosa corteza
de la platea
cumple tu ceremonioso
ritual
ríe llora sueña
rómpete las uñas
pélate los codos
las frases suenan bien
frescas bocas de la luz
en las mejillas del verano:
el desnudo fuego la atónita ceniza
ejecutan el vibrátil arabesco
de su danza.

Magia de la letra
que a la sangre otorga tumultos
y quebradizos lagos de sosiego
arden en la entraña
las palabras
con su peso color
cadencia sonido:
túnel del grito
piel rojiza de la mano
estoque de la paloma
en la noche del alma.

Y rebalsan rebozan rebasan
su repertorio de sol de luna
inventan fuentes rostros
pupilas enardecen abismos
naufragios laberintos
vértigos edifican
posadas con labios estrellas
ramas con flores guitarra
manzana
madrugada.

Brechas obstinadas en sonoros
mudos diálogos
imágenes que se devoran
a sí mismas
y su crecer de verde hoja
reanudan en el tiempo
geometría de la pulpa y el número
flauta delirio balcón pausada estrella
el mar repica campanas
el cielo empina horizontes
la tierra apura trigales
pájaros duendes colinas
hebras de los bosques
cantan en el mar
en el cielo en la tierra
que entreabre sus húmedos labios:
ruiseñores de un obcecado todo
búhos de una zozobrante nada.

¡Hombre Mundo Hombre!

Memoria futura

¿La Luz, mi luz, nuestra luz?
Atenta a la movilidad de las órdenes celestes
la esfera gira,
absorto el corazón fulgura y gime,
templa el tiempo su luz
que el tiempo disipa,
luz de las vastas revoluciones,
sombra siniestra de las involuciones.

Respiren Hombre y Mujer
luz de vida,
memoria futura del presente inabarcable.

Una vida tal vez mi vida

Laberinto del sueño,
escritura que vive en el tiempo
la agonía del retorno,
una vida, tal vez mi vida,
entrelazado aire, errante
en el libre aire del mundo.

La belleza

He buscado la Vida, la Libertad, el Amor,
las gestas heroicas, las justas rebeldías,
las tentativas puras,
y he sentido que la gran Esfinge es muda,
que la Justicia es ciega, que la Libertad
es alimento dulce y amargo,
y he vuelto una y otra vez a esta tierra
para crecer y esperar, para cantar y combatir,
fiel a mis impulsos

no flujos trémulos del aire,
ni repetidas mareas,
ni nubes que reiteran el color de otras nubes –
y he alentado la agitación que funda Agitaciones
la idea que clama por la Idea,
la edad que acrecienta las Edades
con el relámpago que aclara y nutre
a la Belleza:
esa joyante fruición del misterio
que conmueve el corazón de lo absoluto