Poesía de Uruguay
Poemas de Salvador Bécquer Puig
Salvador Bécquer Puig fue una de esas voces imprescindibles que supo conjugar la precisión del periodismo con la intensidad de la poesía. Nacido en Montevideo en 1939, y fiel a su ciudad natal hasta su muerte en 2009, Bécquer Puig habitó el siglo con una mirada lúcida, una palabra sobria y una sensibilidad que se mantuvo firme, incluso en los años más oscuros de la historia uruguaya.
Ejerció el periodismo como quien no renuncia nunca al arte de pensar. Entre 1967 y 1968 fue crítico literario del emblemático semanario Marcha, y en plena dictadura cívico-militar integró el equipo de CX 30 La Radio, donde su voz —institucional, cálida, resistente— se volvió una referencia ética y estética. Condujo programas periodísticos, alentó la reflexión crítica y fue parte de un núcleo que, desde el éter, defendía la libertad de expresión en tiempos de silencio impuesto.
Fue corresponsal de las agencias Reuters y ANSA durante décadas, oficio que ejerció con rigor, sin dejar de lado su vocación poética. Compartió micrófonos con Alfredo Zitarrosa en CX 14 El Espectador, en la segunda mitad de los años 60, en una conjunción donde la palabra cantada y la palabra dicha tejían un mismo tejido de conciencia y belleza.
Como poeta, Salvador Bécquer Puig escribió con una voz íntima, de verbo contenido, donde cada palabra parece haber sido sopesada con el mismo cuidado con que se mide un silencio. Obras como Apalabrar, Si tuviera que apostar, Por así decirlo o Falso testimonio lo revelan como un poeta de lo esencial, de lo mínimo cargado de sentido, donde lo cotidiano se vuelve materia de asombro. Fue premiado con el Bartolomé Hidalgo en 1993, el Morosoli en 2000 y el Primer Premio de Poesía Inédita del Ministerio de Educación y Cultura en 2001.
Su poesía ha sido reconocida fuera de fronteras y forma parte de antologías publicadas en España, Francia, Brasil y Canadá. Su nombre circula con respeto en los círculos literarios de América Latina, como quien deja una huella sin estridencias pero indeleble.
En 1987 representó a Uruguay en el Congreso de Escritores Iberoamericanos en Israel, confirmando así su lugar entre los escritores que trascienden lo local para hablar, con voz propia, al idioma mayor de la poesía.
Salvador Bécquer Puig fue un artesano de la palabra. Un poeta que no se dejó arrebatar por la velocidad del mundo ni por los lugares comunes. Su obra permanece, serena y honda, como una llama que no necesita del viento para seguir ardiendo.
Primera ciencia
La palabra considerada
como voz o representación
escrita de la voz,
en la cual cada cual puede meter
-contra los aguafiestas-
su propio pacto con la vida,
con el agua y el fuego,
con el Diablo y con Dios.
¿Quién nos dirá si el fuego
es Dios,
si el agua es el Demonio
o viceversa?
Me parece que Nadie.
La palabra entendida como
único asidero
para creer,
pensar,
acusar,
ser acusado.
Hasta estrellarse con el silencio,
con la palabra que no dice nada
ni se desdice.
Lugar a dudas
Noticias
Del relámpago y del trueno
De la distancia
Entre uno y otro
Entre lo que pienso y lo que escribo
Hay un disentimiento
Una ráfaga irreal
La realidad
Entre lo que queremos y lo que lloramos
Por los siglos de los siglos
Amén de la distancia
Entre el que sufre a secas
Y quien lo sustituye
Y llora sobre su cara
Hoy es día de tormenta
Nos despertamos y desayunamos
Café y silencio
Relámpagos y truenos
Andaban por el patio
Entre fantasmas
De un sauce llorón
Y de un palo borracho
(Son de verdad en días normales)
Normal es haber nacido
Pero no tanto estar viviendo
En cierto modo
Aquí
Con todo aquel alrededor:
Digo yo: Pánico
De habitar tendrán también las máquinas
De habitar?
Por el caer de la pregunta sube
La silueta medrosa de la casa paterna
Sus claraboyas a la deriva
La vida aferrada a los libros
La sombra diagonal de la palma del patio
Un estertor de lentos desperfectos eternos
Desconcertante música:
Tuvimos
Un manual de la historia para todos
Un manual
De la muerte para todos
Y es esa misma música
La que hoy nos acorrala
Noticias
Del relámpago y del trueno
De nuestro nacimiento y de este día
De tormenta
De la distancia entre uno y otro
Arranca este disentimiento
Claraboyas y libros
Andaban hoy a la deriva por el patio
Prosigue la masacre
(Dije yo)
Entre uno y otro andábamos
(Café y silencio)
Como fantasmas por el mundo
Sin poder ni decir
Lo que veíamos
(Palo llorón sauce borracho
Pensativo) escribo
Porque las cosas cambian de nombre
Mucho más rápido que las palabras:
Otra distancia
Que nos corta los víveres
Las muértes
Todo eso y sin embargo
No hay mundo sin nosotros
Juan Alberto Schiaffino
Inolvidable sensatez:
El cerebro
También en fútbol multiplica la magia
Cuando nos advierte
Sobre el peligro de la improvisación
Nos invita a ella
Y a la vez avizora
Cómo toda improvisación
Es nada más que un pensamiento rápido –
Y la sensibilidad
Lo que ocurre en la superficie del cerebro
Nuestra piel y aún más
La piel de lo que vemos –
Establece un lenguaje
Un juego
Del que no podemos salir
Del que sólo salimos
Tomando el peso de lo horizontal
Quién que lo vio no sabe
De su cabeza en alto
Sólo curvada en el preciso
Momento en que la magia lo exigía –
Pero enseguida en alto
Otra vez en alto
Señor y siervo del equipo
¿Por qué?
¿Por qué no puede un hombre
andar por el pasillo,
por los pretiles, por
las aristas de la cosa,
la casa?
No deja de ser bello
el parqué de la sala
mayor y el comedor
¿Por qué anda por ahí?
Roja, una boca única
le ronda,
de vez en vez le habla,
le zumba en el oído
una palabra inentendible.
Cardenal azul
El cardenal,
no Ernesto el de la Trapa,
un simple cardenal azul
traído del Hemisferio Norte,
me canta hoy
me pía,
desde su jaula vacía,
no tan vacía si él
hubiese sido solo un vegetal:
porque donde él piaba me pía hoy
un malvón que no vuela
un verde que me mira
en su rojiza ala
aunque la jaula quede abierta.
Estudio
El fantasma tiene sábana corta:
se asoman preguntones sus pies pálidos,
sus tobillos, rodillas, hasta el sexo
castrado por el serrucho
que cortó la madera del ataúd.
Nadie pregunta nada. Mundo entero
se va para sus casas.
Sólo el silencio habla.
La versión taquigráfica
fue robada.
Diálogo del alba
Aún por un poco está la luz
entre vosotros…
S. JUAN XII-35.
Forma de la mañana,
confiesa el mundo su avidez de ser.
Denso, amarillo, súbito, el presente
se afianza en pleno cielo;
troquel de luz,
amoneda contornos evasivos.
Bajo el imperio duro de 1a hora
el espacio recobra sus lugares.
Todo se reconoce desconocidamente:
el pájaro en la rama
y el muro en sí, posados,
fijo en el viento el aire,
el inmóvil andar de 1a calle desierta,
1a balanceada copa de los álamos
—tan quieta cada instante—,
1a estática presencia del chorro de la fuente,
el estuario mirándose en sus aguas,
la reñida silueta de los puentes,
el peso vertical de las campanas.
Víspera. Todo está, no ocurre nada
Sólo es presente luminoso
absorto en su fluir petrificado.
Exactamente solos, intactos
despertamos .
Desembocamos en la roca viva,
nos estrellamos en su luz y vamos
a caer otra vez en nuestros ojos.
Inútil derramarnos en el cielo,
nos recoge la tierra y nos da un cuerpo.
Vuelvo a tocar el mundo y en mis manos
la sangre un salmo eleva, rumoroso.
Son los recuerdos, los olvidos, alguien
con su palabra, fábula del tiempo,
con una voz de árboles nocturnos
y un silencio de mar que no se oye.
Caigo de mi comienzo y doy conmigo;
penetro hasta la fecha de mi muerte
y torno a mí, corpóreo,
imagen de la luz que me proyecta.
Ya vuelve el tiempo a ser, es mi palabra
la que mueve las copas de los álamos,
desentumece el diálogo del puente,
hace volar los pájaros, levanta
olas, calles sin fin, giros del aire.
Todo el presente es ya también memoria;
distancias como tiempo nos separan
del mural de las formas,
y el espacio deviene, desenvuelto
en aristas de luz profunda y voces.
Aquí te llamo, ahora, ven, hablemos.
Hablar es decir yo, me estoy diciendo
cuando esto te digo.
Entre las espesuras del idioma
reconozco tu nombre verdadero.
Dime los álamos y el cielo tuyos,
el estuario, 1a fuente, las campanas…
Por algún tiempo aún sobre la tierra,
eres palabra, hombre, que se nombra.
- Néstor Perlongher
- Jean Cocteau
- Nadia Consolani
- Pato Valdivia
- Luisa Pérez de Zambrana
- Nicolás Fernández de Moratín
- Tabaré Rivero
- Rafael del Castillo Matamoros
- Wenceslao Varela
- Bernard Spencer
- Dolores Castro Varela
- José Antonio Soffia
- María Mombrú
- Jaime Sabines
- Enrique Banchs
- Jaime Gil de Biedma
- Angelina Weld Grimké
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- Agustí Bartra
- Carlos Martín