Poetas

Poesía de Estados Unidos

Poemas de Theodore Roethke

Theodore Huebner Roethke (Nueva York, 1908- 1963) es un poeta estadounidense en lengua inglesa, autor de poemarios caracterizados por el uso del ritmo y una imaginería natural. Obtuvo el Premio Pulitzer de poesía por su libro The Waking, así como el National Book Award en dos ocasiones, una de ellas póstuma.

La Decisión

I

¿QUÉ hace temblar el ojo sino lo invisible?
Escapar de Dios es la carrera más larga.
De joven era perseguido por un pájaro
–La avefría es lenta para abandonar su canto–
No conseguía arrancarme de la mente aquel sonido,
El soñoliento rumor de hojas en un viento ligero.

II

¡ALZARSE o caer, la disciplina es una!
¡La línea del horizonte se agudiza!
¿Cuál es el camino?, le grito al pavoroso negro,
Las brasas a mi espalda, la inestable sombra.
¿Cuál es el camino?, pregunto, y me dispongo a andar
Como un hombre que enfrenta la llegada de la nieve.

El hipopótamo

¿QUÉ le falta, la Cabeza o la Cola?
¡Creo que es su Adelante lo que retrocede!
Vive de Zanahorias, Puerros y Heno;
Para bostezar necesita un Día Entero…

A veces pienso que viviré así.

Vaciadero de flores

CAÑAS brillantes como escorias,
Tallos como babosas,
Enteras camadas de flores arrojadas en montón,
Claveles, verbenas, cosmos,
Abono, malezas, hojas muertas,
Raíces desventradas,
Con venas descoloridas
Entrelazadas como finos cabellos,
Cada masa con la forma de un tiesto,
Todo fláccido
Salvo un tulipán en la cumbre,
Una cabeza jactanciosa
Sobre lo agonizante, lo recién muerto.

Una vez más lo circular

¿QUÉ es más grande, Guijarro o Laguna?
¿Qué podemos conocer? Lo Desconocido.
Mi yo verdadero corre hacia una Colina
¡Más! ¡Oh Más! visible.

Glorifico mi vida, ahora,
Con el Pájaro, la Hoja que perdura,
Con el Pez, el Caracol que busca,
Y el Ojo que todo transforma;
Y danzo con William Blake
Por amor, por amor de Amor solamente;

Y cada cosa retorna a Uno,
Mientras danzamos, danzamos, danzamos.

El diamante

El pensamiento no puede triturarse.
La gran maza se abate en vano.
La verdad no se desmembra nunca;
Su armazón permanece.

Los dientes de entrelazados engranajes
Giran lentamente en la noche,
Pero la verdadera sustancia resiste
Al peso del martillo.

La presión no puede romper
Un centro tan congelado;
La herramienta no arranca ni una astilla,
El núcleo queda sellado.

En una hora oscura

En una hora oscura el ojo comienza a ver,
Encuentro a mi sombra en la penumbra que se intensifica,
Escucho mi eco en el bosque resonante–
Un señor de la naturaleza sollozando junto a un árbol.
Vivo entre la garza y el reyezuelo,
Bestias de la colina y serpientes de la guarida.
¿Qué es la locura sino nobleza del alma
Enfrentada a las circunstancias? ¡Las llamas devoran el día!
Conozco la pureza de la desesperación pura,
Mi sombra clavada a un muro que suda.
Ese lugar entre las rocas –¿es acaso una cueva
O un sinuoso camino? Es el borde lo que tengo.

¡Una constante tormenta de correspondencias!
Una noche que fluye con los pájaros, una luna harapienta,
¡Y en pleno día la medianoche llega de nuevo!
Un hombre va lejos para averiguar lo que él es–
La muerte del Yo en una larga noche sin lágrimas,
Todas las formas naturales irradiando luz antinatural.

Oscura, oscura mi luz y más oscuro mi deseo.
Mi alma, como alguna mosca veraniega enloquecida por el calor,
Sigue zumbando en el umbral. ¿Qué Yo es el mío?
Un hombre caído, asciendo para salir de mi miedo.
La mente entra en sí misma y Dios entra en la mente,
Y uno es el Uno, libre en el viento que desgarra.

Canción macabra sobre la epidermis

Descortés es aquel que aborrece
El aspecto de sus ropajes carnales,
El efímero tejido cosido sobre el hueso,
La vestidura del esqueleto,
La prenda que no es pelaje ni pelo,
El manto de la maldad y la desesperación,
El velo largamente profanado
Por caricias del ojo y de la mano.
Soy sin embargo tan indecoroso,
Que odio mi vestimenta de piel,
La salvaje obscenidad de la sangre,
Los harapos de mi anatomía,
Y con gusto prescindiría,
De los falsos accesorios del sentido,
Para dormir sin pudor:
Un muy carnal fantasma
De intenso color carne.

El Vals de Papá

El whiskey en tu aliento
Podía a un niño marear;
Pero me aferraba atento:
Aquel vals no era fácil bailar.

Retozamos hasta que del estante
Las ollas se habían caído;
En mi madre el semblante
Tenía el ceño fruncido.

La mano que tomó mi brazo
Un nudillo magullado tenía;
Errabas en cada paso
Mi oreja derecha raspó una hebilla.

En mi cabeza marcabas el compás
Con una palma sucia y dura como zopisa,
Luego hasta la cama me llevabas en vals
Aún aferrándome a tu camisa.