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ESCALERA

Dios nos da la noche para amar
y el día para ver y trabajar;
nos ha dado luz para saber
misterio quizá para volar.

Dios en la carencia es humildad
y cuando nos muestra mano: imán;
y desasida y sola sube el alma,
suelta a su confianza andar.

Esfuerzo de ascenso lento
y silencio a su Promesa.
Arduo sin sombra el mundo es desierto,
con luz espiritual descubierto.

Escalera a Dios es la verdad,
de interno poder para mirar.
A piedra ata el miedo; a llamas, la ira:
de aire, vanidad;
hasta que un día en su fuente, el alma
se alcance a desnudar,
y volteándose hacia adentro toda,
sol, ya de transparencia honda,
se aprenda a irradiar.

VUELO

Al amor lo escribe el infinito
pero su página es la de las causas
y puede sumergirnos siglos
dormidos a la espera cual semilla.
Ha recogido flores del horizonte en los dedos
y mil promesas sin fórmula,
o esa belleza elocuente
de propia intensidad que está desnuda.
Con amor se atan los astros a las manos
y lo infinito de ríos a las raíces,
y en el alma nos teje música de causas
de insondable y abismal concierto
que atraviesa la noche, el vacío,
como un cielo con sutiles astros
invisibles aún para los ojos.

Suelas suele poner a un andar en lo perenne;
no tiene piel, amor, porque no tiene aún forma
ni cuerpo entre lo dado
y es tobogán de vértigo y arrastre presuroso.
Su espera es en lo invisible,
como un silencio en donde hallamos todo,
sentido revelado al que despiertan fuentes
y oblación de grandeza nos entrega.
Paciente y poderoso es su misterio
y en su espera hay fuerza.

No tiene voz amor
ni palabras con que calzar cosas,
mudo se entrega respirando un día,
nacido sol de sí…
que nos reinventa los espacios
y en órbitas de fuego él siembra.
Con amor escribimos en futuro
con amor desciframos el silencio
y escuchamoslenguashondas de lo interno.

ÁNGEL DE AGUA

Agua que en tu pureza
un cuerpo eres de luz.
Tu corazón es ángel
que nos lleva por dentro
eslabón transparente
con Dios de la creación.

Renuevas el recuerdo
del paraíso aún diáfano
desnudando en la tierra,
un cielo en tu interior.

Espejo eres intacto
de hondura para el alma
que ensimismada afirma
caminos del amor.
¡Ay! Agua que entre sombras,
das luz a un corazón.

Río

El río es sólo un brillo entre las rocas
que cae, cae
y canta un estallido incesante
como vidrio que nunca deja
por dentro de quebrarse.
Los árboles danzan en el viento,

danzan con perfección,

se mueven en un mezcla
de agitación y engranaje.
El viento, se alza el viento,
rumor que desglosa lo múltiple.
El lago cambia de rostros como un espejo,
en la tarde después de ser sol
se vuelve algo metálico.
Ahota el lago es azul
y paulatinamente transparente
como aire cercano hacia los bordes.
Entre la niebla el agua es una piedra,
la niebla cubre el bosque como un velo profundo
pero por todas partes está abierta.

Arcano 0. El loco

Amarró la noche en su alforja,
a ese Proteo imprevisto, la penumbra,
las promesas de lo ignoto y las cosas
que lo negro atesora:
el olvido perdido
del inasible sueño,
en el olvido un tiempo sin historia
y en el sueño sin tiempo,
una historia extraviada
y los frutos prohibidos
que resguarda la sombra.

Lo imposible es inolvidable.
Mitad vivimos cara hacia la noche
y en el borde del párpado inventamos.
Anhelo loco por despertar en un sueño,
porque son otros los jardines de la noche,
oitros los puertos y los horizontes.
Caminar caminar
hacia lo que aún no existe,
por lo intempestivo del rayo
o la vaguedad del naufragio.
En la noche fundar el día,

en el día abrir la noche.

Arcano 1. El mago

¿Quién escuchó la voz del viento,
la palabra que dice,
su grito interminable en la montaña,
y descifró el lenguaje de los ruidos,
el galopar de letras del follaje,
y las «eles» del agua?
¿Quién atrapó con un nombre el fondo de la noche,
la rasgadura del rayo?
Poderes precisos de lo etéreo,
y un saber que rescata en manos de aire.
Lo eterno es hueco, es forma, es alma
—esa imposible sed de memoria.
Sin cuerpo y sin las cosas,
sólo viento y sueños, las palabras,
viento tejido por los sueños,
almas al aire que el silencio olvida,
estatuas de la ausencia insomnes,
despertar de la nada hacia la nada.
Hay sombras en los sueños

que no son de las cosas,

sino cuerpos quizá de las palabras,
ánimas de los nombres,
resurrección de la llamada.
Para poder morir son las palabras:
salvación profunda de lo ido,
tiempo enamorado que habla.

Arcano 9. El ermitaño

En mi mano el centro
lejano como una estrella donde se halla el alba de la piedra
y los muros rompen en caminos.
Algún punto, ahí esconde el origen,
y es fuente y es astro y es cimiento,
ya tierra,
ya enterrado.

El fuego abre las páginas de un libro,
de áureas láminas ancianas,
amanecer insttantáneo en la lectura,
que también ahora nos aclara.
Rosa de mil hojas, la mirada,
flamas, momentáneos horizontes.

Prendo el cielo con un poco de agua
que no sé si brota como llama
o si rasga
—abertura horizontes,
girón de lo inmenso en lo cercano.
Con la luz entran los astros
y el espacio,
lo lejano irrumpe en mi ventana.

Arcano 19. El sol

Unidad en blanco que quiebran

los colores

a la luz se le saldría el mundo
pero en su acorde es transparencia
joya invisible que encerró el tesoro
silencio
que escuchó toda la música y piensa

como cosas se encienden las imágenes
no hay hogueras en los brillos
en luz
recaudan mundo los espejos
quizá con luz se piensa

trae sol la luz
como un origen
que aclara
una memoria

que ilumina

que es pureza.

Arcano 21. El mundo

Para atrapar al sol

pulí la piedra,

lavé mi corazón,
entré en el agua
y tuve al mundo atravesado
por un río diáfano y claro.

Un afán de brillante empuja al agua.
Lava en su espejo el mundo
que en lo fugaz se vuelve fuego nuevo,
rostro en blanco
y fragua de pureza;
flecha en lo real de manantiales.

En la imagen la cosa se destrenza,
se nos disuelve intacta.
Sabor de olvido el agua
brillante de reflejos.
Su correr es volar,
un desprenderse,
ser de abismo o quizás ave de nada,
sed de cielo o avidez de nada.

Y fue una piedra de aire entre mis dedos
el agua rota por lo inmenso.