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Literatura cubana contemporánea

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Wendy Guerra

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Poemas

Subiendo y bajando sobre el cuerpo del otro

Subiendo y bajando sobre el cuerpo del otro en planchas
Perfectas suspendidas
Derramados de espalda y de rodillas sudando todo el
Rumor que antes prometió al mar
mis dientes no ablandaran otra piel que la tuya
mi olor se diluye en tu lavanda limpia
Para que sea por fin divino el placer de lo que no es sólo
Nuestro
Martina ha dejado algo para ti
En la nieve hay un nido en el nido hay un huevo
en el huevo hay un pájaro en el pájaro una lombriz
en la lombriz una aguja en la aguja te dejo el cielo
Nada te salva del amor

Ni el peregrinar por las ciudades interiores
Ni las dotes para la oración
Ni la intuición

 

Yo era la guardiana de la ausencia

Yo era la guardiana de la ausencia
y la memoria no podía perdérseme.
He hallado mi foto en la crónica social del diecinueve
la máquina va amarrada a mi pecho llueve duro
allí mi memoria en cristal líquido aprisionando otros
recuerdos
archivos desérticos que explican
por qué te amo de un modo de este modo equívoco y
despiadado
Ahora que es el veintiuno no hallo tus ojos en mi abrigo
no aparezco en los archivos consultados
y por más que busque en los diarios si no estás Anaïs
no existo.

 

Un rostro en la muchedumbre

Mis padres una vez tuvieron la razón
Se conocieron en una plaza abarrotada cantando a coro

Se amaron en un mar de diez literas acalladas por la voz
de “silencio”

Me trajeron al mundo en un salón de camas ordenadas
en emociones compartidas

Nadamos en playas atestadas de bañistas confundidos
por trajes idénticos y camiones colectivos

Los sábados en la noche vimos las mismas películas
llorando a la par de un país subtitulado en blanco y negro

Los domingos nos dijimos adiós
confusos en el azul uniformado que nos separó

Mis padres cuando por fin se quedaron solos

Perdieron la razón

 

Vientos sobre la isla

Vientos de cambio pretendían soplar sobre mi isla,
Vientos de cambio que muchos temían, que muchos querían detener.
Y se alzaron voces y gritaron calladas desde el silencio de las letras,
las letras rotas impregnadas de memorias sobre el blanco de un papel.

Vientos de incertidumbre, de esperas sin objeto, de morir o matar la libertad.
Y el dulce lamento de los isleños,
de los intelectuales soberbios de la patria sin fronteras
se unió de pronto a un ritmo y un tono, en una sola voz enérgica
con la de aquellos que allende los mares, una vez habían surcado las aguas
para emprender su norico recorrido con el alma pegada a su tierra
y la pluma repleta de una misma, autentica y cruda realidad.

Tormentas de arena, aguaceros que caen en torrentes
Pretenden acallar esas voces que no callaran, que se alzaran de pronto
A través de sus letras, desdibujando utopías y fabricando verdades
Que viajaran lejos, que se harán escuchar;
Porque los vientos de cambio que amenazaban mi tierra
Pasan sobre la isla, abanicando el espacio y se marchan de largo
Dejándonos huérfanos a los de afuera y los de adentro Cubanos todos,
deseando lo mismo: !!Que el cambio sea solo para LA LIBERTAD!!

 

Ropa interior

Dejamos sobre las duchas de los hombres nuestros cuerpos
bien amarrados a la tubería solar.
Marcamos territorio como animales en celo
con las trusas saturadas de arena y el olor sideral que los aísla.
En los baños quedan restos del sexo que les hicimos ayer,
agua de flores y velas de vainilla derramada.
Lágrimas rotas en el encaje profano de la madrugada.
He perdido mis aretes disueltos en el jabón de una lujuria breve
y las cremas señor untan tus sábanas, como veneno de diosas
argentadas.
Mira como arrebatamos la libertad de sus mentes.
Abrimos la culpa en el paraguas dilatado de la tarde.
Regresamos con sus hijos ocultándole el verdadero apellido
de sus genes.
En ropa interior leemos nuestras páginas persiguiendo sólo su
deseo,
cada línea de arroz es un gemido.
Puedo esconderme en mis sombreros, sin ser descubierta
¿Adivinan?
Un sayo y un escudo que esquive los golpes del amor.
Hay algo más debajo del sombrero, te lo juro.
Armo el rompecabezas de las palabras sobre la cama,
un plano blanco para patinar desnudos, ropa interior negra, sin
dolor.
y aunque lo diga todo, no llega transparente a tus sentidos.
No lo entiendes. Tendrías que aprender a desnudarme.
Dejamos la antropología de un asentamiento grave,
un asentamiento cercano a esta cultura débil, sexo fuerte,
inseguro, desterrado.
Leo las líneas que subraya el editor pero no fumo,
no alivio mi ansiedady ya no puedo olvidar lo que he vivido.
Tu baño aún conserva mis pociones, mis esencias, mi estela,
mi estampida,
guardo un tren, un alcatraz, una libélula
y la foto de espaldas que me hicieron dormida.
No soy encaje, ni concha ni malvada,
no es sólo lo que ves, porque me he ido.
Mis ideas son más que las espaldas profundas que ves en el
museo.
Soy mi texto y lo que trato de ocultar en el peligro de la
supervivencia,
ropa interior en frasco de otro baño. Otra humedad, mucho frío.
Los abrigos no existen, se regalan a otra mujer que fui en el
ritual ajeno.
no hay nieve en el país y aunque rompa a llorar eternamente,
Solo en ropa interior logro salvarme.
Dejo mis textos en tu casa pero hay más,
más frívolo y profundo, más pagano. Escribo en los espejos y te
encuentras
nadando en este olvido de artificio
Tus ojos curioseando en la cartera,
buceando en el pasado como un niño. Sólo ves:
las fotos de la infancia con mi madre.

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