
Tres mujeres
Charles Bukowski
Me senté y seguí bebiendo vino. pronto oí la sirena. Lo que necesitaban en realidad era el departamento de basuras. Bueno, qué coño, todos tenemos nuestros problemas. Yo no sabía nunca de dónde iba a venir el dinero del alquiler y estábamos demasiado enfermos de tanto beber para buscar trabajo. cuando nos preocupábamos, lo único que podíamos hacer para eliminar nuestras preocupaciones era joder...

El cohete
Ray Bradbury
Los niños entraron corriendo. Los tres muchachos se disputaban un cohete de juguete; las dos niñas traían unas muñecas que representaban a los habitantes de Marte, Venus y Neptuno: maniquíes verdes con tres ojos amarillos y manos de seis dedos...

María Concepción
Katherine Anne Porter
«Si no me la como ahora, mi criatura saldrá con una mancha», pensó, espiando a través de las grietas del espeso seto de cactus que se elevaban desnudos, como hojas de cuchillos desenvainadas que cercasen protectoras el pequeño claro. El lugar estaba tan silencioso que dudó de que María Rosa y Lupe estuvieran en casa...

El violinista
Herman Melville
¡Así que mi poema es nefasto, y la fama inmortal no es para mí! Voy a ser un don nadie por siempre jamás. ¡Intolerable destino!...

Diamante Dick y el primer derecho de la mujer
F. Scott Fitzgerald
Al principio, la cosa era meramente absurda, pero cuando la conversación de Diana empezó a poblarse con los destellos de extrañas frases rococó que ella consideraba parte del dialecto de los bajos fondos, se tornó alarmante. Y pocos años después, ella misma se ocupó de complicarla más al convertirse en una beldad. Una pequeña beldad oscura, con ojos trágicos y rica voz profunda...

Autor, autor
Philip K. Dick
Algo maravilloso, en efecto. El instanmóvil ya había revolucionado la sociedad. Era posible trasladarse a cualquier lugar del mundo al instante, sin lapso de tiempo, sin necesidad de zambullirse en interminables carriles atestados de monojets. El problema del transporte se había convertido en una pesadilla desde mediados del siglo XX. Cada año aumentaba el número de familias que abandonaba la ciudad para irse a vivir al campo, lo cual agravaba los colapsos de tráfico que se producían en carreteras y autopistas...

El día que el cerdo se cayó al pozo
John Cheever
El famoso cerdo había pertenecido a Randy Nudd. Lo ganó en la feria de Lanchester, y lo llevó a casa; tenía intención de hacerle una pocilga, pero Pamela Blaisdell lo telefoneó, y Randy metió al cerdo en el cobertizo de las herramientas y se fue a casa de los Blaisdell en el viejo Cadillac...

Caras peladas
Jack London
“En lo alto del Yukón hay otra variedad, con las patas simétricas. Se la llama el “oso pardo de cara pelada”, y es tan grande como malo. Únicamente el insensato hombre blanco piensa en cazarlo. Los indios tienen demasiado buen sentido. Solo una cosa hay que decir acerca del oso de cara pelada: que jamás se vuelve ante ningún mortal...

Asnos estúpidos
Isaac Asimov
Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica...

Fiesta de disfraces
Woody Allen
Dieron las doce de la noche y empezaron a repartir los premios a los mejores disfraces. El primer premio fue para los Berkowitz, un matrimonio disfrazado de alce. El alce quedó segundo. ¡Eso le sentó fatal! El alce y los Berkowitz cruzaron sus astas en la sala de estar y quedaron todos inconscientes. Yo me dije: Ésta es la mía. Me llevé al alce, lo até sobre el parachoques y salí rápidamente hacia el bosque. Pero…

Dragón
Ray Bradbury
Las luces del fuego subían y bajaban por los rostros despavoridos y se volcaban en los ojos como jirones anaranjados. Cada uno de los hombres espiaba la respiración débil y fría y los parpadeos de lagarto del otro. Al fin, uno de ellos atizó el fuego con la espada...

Catedral
Raymond Carver
Nunca he conocido personalmente a ningún ciego. Aquel tenía cuarenta y tantos años, era de constitución fuerte, casi calvo, de hombros hundidos, como si llevara un gran peso. Llevaba pantalones y zapatos marrones, camisa de color castaño claro, corbata y chaqueta de sport. Impresionante...

Cuento de Navidad
Ray Bradbury
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer “día”. Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo...

La célebre rana saltadora del condado de Calaveras
Mark Twain
Encontré a Simon Wheeler descabezando un confortable sueñecito al lado de la estufa del bar, en la desvencijada taberna del decadente campo minero de Angel, y pude apreciar que era gordo y calvo, con una expresión de agradable benevolencia y simplicidad pintada en su tranquila fisonomía. Se levantó y me dio los buenos días...

El ángel del puente
John Cheever
En la época de la que estoy hablando yo mismo me veía obligado a volar con mucha frecuencia. Tenía negocios en Roma, en Nueva York, en San Francisco y en Los Ángeles; a veces visitaba todas esas ciudades en el espacio de un mes. Me gustaba volar. Me gustaba el cielo incandescente en las alturas...

El Tío Wiggily en Connecticut
J. D. Salinger
Veinte minutos después estaban terminando su primer copetín en la sala y conversaban de esa manera peculiar, y probablemente única, de quienes han compartido alguna vez un cuarto en la universidad. El vínculo entre ellas era aún más estrecho: ninguna de las dos se había recibido...

Nadie lo sabe
Sherwood Anderson
Nadie lo sabe es uno de los cuentos que forman parte de Winesburg, Ohio, la obra maestra de Sherwood Anderson. En este cuento, George Willard recibe una nota de Louise Trunnion que le invita a una aventura nocturna...

El templo
H. P. Lovecraft
La tarde del 18 de junio, tal como se informó por radio al U-61 con destino a Kiel, torpedeamos el carguero británico Victory, que iba de Nueva York a Liverpool, en la situación 45° 16’ latitud norte, 28° 34’ longitud oeste, permitiendo a la tripulación que abandonase el buque en botes, a fin de obtener una buena filmación de la escena para los archivos del Almirantazgo...

La sonrisa del cyborg
Isaac Asimov
-Los cyborg -dijo- no estaban regulados en aquellos días. Hoy en día, su empleo está tan controlado que nadie puede obtener ningún beneficio de ellos, pero hace un tiempo… Uno de ellos hizo a esta compañía el negocio de diez mil millones de dólares que ahora es. Yo lo elegí, ¿sabe?...

Quince centímetros
Charles Bukowski
Yo trabajaba de mozo en un almacén de piezas de automóvil y la paga apenas me rendía. Mis únicas alegrías eran comer, beber cerveza e irme a la cama con Sara. No era precisamente una vida majestuosa, pero uno ha de conformarse con lo que tiene. Sara era suficiente. Respiraba SEXO por todas partes...