El Librero Semanal

Memorias póstumas de Blas Cubas

Memorias póstumas de Blas Cubas, una novela de Joaquim Maria Machado de Assis

Género: HumorNovelasLibros

Resumen del libro: Memorias póstumas de Blas Cubas:

¿Cuál es la diferencia entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo correcto y lo equivocado? Machado de Assis se pasó la vida ilustrando esta pregunta, que es modulada de manera ejemplar en la primera y más conocida de sus grandes novelas de madurez: Memorias póstumas de Blas Cubas. En ella, hasta la vida es concebida relativamente, pues se trata de un muerto que cuenta su propia historia. Lo que primero llama la atención en la ficción de Machado de Assis es su aire despreocupado en lo que se refiere a las modas dominantes y el aparente arcaísmo de su técnica. Curiosamente, este arcaísmo parece bruscamente moderno después de las tendencias de vanguardia, que también procuran sugerir el todo por el fragmento, la estructura por la elipsis, la emoción por la ironía y la grandeza por la banalidad. Muchos de sus cuentos y algunas de sus novelas parecen abiertas y sin conclusión necesaria, o permiten una doble lectura. Y lo más interesante es el estilo elegante y algo preciosista con que trabaja, y si por un lado parece academicista, por otro sin duda parece una forma sutil de engañar, como si el narrador se estuviera riendo un poco del lector.

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Fragmento:

Introducción

No son, por fortuna, pocos los grandes hombres de origen humilde, ni —en países de población mestiza— los mulatos ilustres, ni los autodidactos de gran cultura, ni los individuos que, a despecho de su salud precaria, producen una obra abundante, ni los burócratas con ribetes de artistas, ni los tímidos que se consiguen imponer; pero cuando todo esto se reúne en una sola persona es de suponer que, para que se armonicen tantos elementos adversos, haya sido contradictoriamente dotada. Éste es el caso de Machado de Assis, la máxima figura de la literatura brasileña, cuyo enigma aún no ha sido descubierto, y tal vez no lo sea jamás. Tanto como su obra, su personalidad sugiere dudas e interrogaciones, cambia de aspecto según el ángulo desde el que se la contempla y se vela con reticencias e indecisiones.

La generación que sobrepasa hoy los cincuenta años recuerda haberlo visto, a principios de siglo, conversar por la tarde en la Librería de Garnier, que aún existe, en la Rua do Ouvidor; el cuerpo, alto y delgado, dentro de un frac oscuro, el gesto lento, la palabra rara —seguramente para disimular su tartamudez—, la actitud pulida y reservada se aliaban perfectamente con su condición de presidente de la Academia Brasileña de Letras y de director general del Ministerio de Comunicaciones. Todo en él concordaba con la gravedad del hombre distinguido y del alto funcionario, hasta el hecho de que ocultase bajo la barba y los bigotes grisáceos los signos más evidentes de su condición de mulato. Y nada en él ofrecía el vigor de los que se hacen a sí mismos, el ímpetu de los victoriosos, o la lucidez, rayana en el cinismo, con que examinaba en sus libros hombres y hechos. Siendo un inadaptado —inconforme con la suerte que le impusiera el nacimiento, inconforme con las miserias de la condición y de la naturaleza humanas—, su aspecto era el de un hombre perfectamente bien hallado.

Ciertamente que, en los misterios de su ser más íntimo, que siempre ocultó, se hallaría el motivo de esa disparidad, de ese don de no dejarse afectar, al menos visiblemente, por las vicisitudes. Pero todo cuanto las circunstancias influyen en el carácter podrá ser explicado en su comportamiento por los sucesos de su vida.

En nombre del emperador niño Pedro II, gobernaba el Brasil el regente Araújo Lima cuando nació, el 21 de junio de 1839, Joaquim Maria Machado de Assis, que fue bautizado el 13 de noviembre siguiente. Es del mayor interés registrar esta circunstancia, ya que, además de establecer la identidad del futuro escritor, lo supedita de algún modo al destino. Hijo del mulato Francisco José de Assis, pintor y dorador de oficio, y de la portuguesa Maria Leopoldina Machado de Assis, tuvo por madrina a doña Maria José de Mendoça Barroso, viuda de Bento Barroso, que fue brigadier, senador y dos veces ministro, y por padrino al funcionario del Palacio Imperial Joaquim Alberto de Sousa de la Silveira, comendador de la Orden de Cristo y oficial de la Orden Imperial del Crucero. La capilla de la Senhora do Livramento, donde se celebró la ceremonia, era un santuario privado, lujo de que entonces gozaban algunas casas ricas, y formaba parte de la vieja Quinta do Livramento, residencia de la madrina.

En ese primer documento de su existencia ya aparece Machado de Assis como repartido entre la clase popular, a la que pertenecía por el nacimiento, y la aristocracia, a la cual (si, en efecto, representaba a la gente mejor) debería pertenecer por su valor moral e intelectual. Tal dualidad justifica en buena parte su modo de ser: esa extraña mezcla de ambición y de respeto a las jerarquías sociales, de relativismo y de pesimismo, sus actitudes convencionales y su libertad interior.