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Literatura cubana contemporánea

Ciencia Ficción

La Supercriatura

En 2006, este relato obtuvo el Tercer Premio en el Concurso de Cuentos de Ciencia Ficción convocado anualmente por la revista Juventud Técnica.

El ente salió de su envoltorio y reconoció alimento entre los diferentes olores de la noche. Confiado de su habilidad ocultándose, se preparó para atacar. De haberlo hecho en ese instante habría tenido éxito, pero se detuvo. La pequeña presa no lo saciaría.

Sin percatarse de lo cerca que tuvo la muerte, el gracioso perrito siguió su camino meneando la cola despreocupado. Un joven de espesa melena, que tarareaba una canción de moda, se cruzó con el lanudo cachorro. El muchacho se le quedó mirando, quizás sintió envidia del animal.

Esta vez el ser no titubeó.

 ***

 —Todo parece indicar que nos enfrentamos a un asesino en serie —dijo el más alto de los agentes mientras recogía evidencia de la escena del crimen.

—Sí —respondió el otro tomando una foto del cadáver—. Está claro que todas las víctimas tienen algo en común.

—El pelo largo —exclamaron al unísono.

—Y yo sé dónde podemos encontrar a la mayoría de los peludos por estos días —dijo el pequeño.

—¿Dónde? —preguntó su compañero.

—En el festival de rock que se inaugura mañana —contestó el otro con picardía—. Acuérdate que yo anduve con ellos cuando era más joven.

—Pues vamos. No soporto el escándalo, pero atraparlo nos dará muchos puntos a nuestro favor, así que estoy dispuesto a hacer el sacrificio.

 ***

 El retumbar de la música parecía que iba a demoler el escenario. Cerca del mar de cabellos ondulantes, uno de los hombres con sobretodo sacudía rítmicamente la cabeza, mientras el otro, tapándose los oídos, le gritaba.

—Oye, deja el baile.

—¿El qué?

—¡Qué tenemos trabajo que hacer!

—Ya, tranquilo, sólo recordaba mis buenos tiempos. No te preocupes, tengo un plan. Apartémonos un poco y te lo cuento.

Los investigadores se alejaron de los potentes bafles.

—Mira —explicó el pequeño—, yo conozco a mi gente; siempre hay algún tacaño que quiere fumarse su yerba solo en un rincón sin que nadie lo moleste. ¿Me copias?

—Sí, ¿y qué?

—Elemental colega. La cosa es seguir al primero que se aleje y allí tendremos a una víctima en potencia. ¿Qué te parece?

—Una mierda, pero como no tengo una idea mejor haré lo que tu digas.

Oculto entre los matorrales, un rockero se disponía a disfrutar de un cigarro recién preparado cuando sintió el dolor de mil cuchillas clavándose en su cuello.

—¡¿Qué coño…?! —gritaron los agentes.

Un monstruo, con la piel camuflada como la vegetación, succionaba la sangre del cuerpo decapitado. La bestia, al sentirse amenazada, dio un salto formidable hacia los intrusos, atacando con sus tres fauces erizadas de colmillos y múltiples extremidades en forma de ventosas.

Los haces de luz impactaron directamente a la criatura, que se desplomó entre espasmódicas convulsiones. Los hombres no habían tenido tiempo de sacar las armas, pero por suerte llevaban encendidas las linternas.

 ***

 —Bueno doctor, ¿qué puede decirnos sobre lo que atrapamos? —preguntó uno de los agentes señalando con orgullo el engendro en la pantalla del monitor.

—Primero que todo —dijo el científico acomodándose los espejuelos—, les explicaré que están vivos gracias a que el espécimen es fotosensible.

—¿Foto qué…? —exclamaron extrañados los detectives.

—Fotosensible, que es vulnerable a la luz. Si hubiera estado expuesto a algo más potente que las linternas no hubiera sobrevivido. Además su piel tiene un alto grado de mimetismo. Es decir, este animal puede camuflarse con el medio que lo rodea y volverse prácticamente invisible.

—Tiene razón doctor, cuando nos atacó fue como si una pequeña parte del bosque tomara vida y se nos viniese encima —recordó el más alto de los agentes.

—Y eso no es todo, también puede desarrollar varias extremidades opcionales que le ayudan a trasladarse en cualquier medio o terreno.

—Pero, ¿de dónde salió, doctor? Un animal así no puede ser de la Tierra.

—Tiene razón. Según mi teoría, por sus características y por su capacidad de adaptación al medio, en su planeta debe encabezar la cadena alimenticia. Algo así como el equivalente al tiranosaurio rex en el Período Cretácico. Aún no estamos seguros, pero mis colegas y yo pensamos bautizarlo como “La supercriatura”.

 ***

 En su enorme nave interestelar, a miles de kilómetros de aquella conversación, un extraterrestre, con la ayuda de un raro artefacto, se empeña en traerle las larvas parásitas a su lanuda mascota.

—Setnerapsnart Sochib Sodidoj Sotse Ed Orto A Igoc Nif La, Oñoc —dijo el alien tras lograr su objetivo.

Luego arrojó el envase de captura al conducto de desechos y lo expulsó al espacio.

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