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Cuentos esenciales

Cuentos esenciales - Guy de Maupassant

El portentoso talento de Maupassant encontró su forma ideal en el cuento, género que consolidó, renovó y en el que no tiene rival. Realista, romántico, fantasmagórico, terrorífico, fantástico o poético, Maupassant transitó en sus cuentos por todos los caminos de la imaginación. La presente edición recoge el cuerpo esencial de su narrativa e incorpora muchas piezas no traducidas hasta ahora. Guy de Maupassant (1850-1893) fue discípulo literario de Flaubert y miembro relevante del grupo de jóvenes escritores naturalistas que se formó alrededor de Zola. Está considerado el maestro del relato breve francés decimonónico, pero fue además autor de seis novelas, como Una vida o Bel Ami.

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EL PAPÁ DE SIMON

Acababan de dar las doce del mediodía. La puerta de la escuela se abrió y los chiquillos se precipitaron, dándose empujones, para salir más deprisa. Pero en vez de dispersarse rápidamente e ir a sus casas a comer, como hacían cada día, se detuvieron a unos pasos, formaron corrillos y se pusieron a cuchichear.

El hecho es que aquella mañana Simon, el hijo de la Blanchotte, había ido a la escuela por primera vez.

Todos habían oído hablar en familia de la Blanchotte; y aunque en público le pusieran buena cara, las madres hablaban de ella entre sí con una especie de actitud compasiva un tanto despectiva que había sido transmitida a los hijos, sin que éstos supieran muy bien por qué.

No conocían siquiera a Simon, porque no salía nunca y no iba con ellos a hacer travesuras por las calles del pueblo o a orillas del río. Por eso no le tenían ninguna simpatía; y habían acogido con una cierta alegría, mezclada de notable asombro, repitiéndosela unos a otros, la frase de un chaval de catorce o quince años, que parecía sabérselas todas por su astuta manera de guiñar el ojo:

—¿Sabéis?…, Simon…, no tiene padre.

El hijo de la Blanchotte apareció a su vez en la puerta de la escuela.

Tenía siete u ocho años. Estaba un poco pálido, iba muy aseado y era de aspecto tímido y casi torpe.

Se dirigía de vuelta a casa cuando sus compañeros, que seguían cuchicheando en grupitos y mirándole con ojos maliciosos y crueles de niños que están pensando en gastar una mala pasada, le fueron rodeando poco a poco hasta encerrarle completamente en medio. Él se quedó allí, inmóvil en medio de ellos, sorprendido e incómodo, sin comprender qué pretendían hacerle. El chaval que había dado la noticia, orgulloso del éxito que ya había obtenido, le preguntó:

—¿Cómo te llamas?

—Simon —respondió.

—¿Simon qué? —preguntó el otro.

El niño, muy confuso, repitió:

—Simon.

El chaval le gritó:

—Uno se llama Simon algo… Simon a secas no es un nombre completo.

Y él, a punto de llorar, respondió por tercera vez:

—Me llamo Simon.

Los zagales se echaron a reír. El chaval, exultante, alzó la voz:

—Como veis, no tiene padre.

Se hizo un gran silencio. Los niños estaban estupefactos por aquel hecho insólito, imposible, monstruoso —un chico sin padre—; lo miraban como si fuera un fenómeno, un ser al margen de la naturaleza, y sentían crecer dentro de sí ese desprecio, hasta ese momento inexplicado, de sus madres hacia la Blanchotte.

Simon se había apoyado en un árbol para no caerse; permanecía como aterrado por un desastre irreparable. Quería explicarse. Pero no sabía qué responder y cómo desmentir aquella cosa tremenda de no tener padre. Finalmente, lívido, les gritó a la buena de Dios:

—¡Sí que lo tengo!

—¿Y dónde está? —preguntó el chaval.

Guy de Maupassant Nació el 5 de agosto de 1850 en el Château de Miromesnil, en Normandía.

Cursó estudios en el Liceo Napoleón, en el colegio eclesiástico de Yvetot, de donde fue expulsado, y en el Liceo de Rouen. Durante su juventud tomó parte en un grupo literario surgido en torno al novelista Gustave Flaubert, que era íntimo amigo de su familia.

Participó en la guerra franco-prusiana y en 1872, trabajó como empleado en el ministerio de Marina.

Su primera obra importante fue el cuento 'Bola de sebo' (1880), incluido en el volumen Las veladas de Médan y considerado su obra maestra en el género.

Durante los siguientes años escribió más de doscientos relatos, entre los que destacan La Casa Tellier (1881), Mademoiselle Fifi (1882) , Los cuentos de la becada (1883), el famoso La Parure (1884) y El Horla (1887).

Su obra se caracteriza por su realismo y estilo sencillo. Fue autor de tres colecciones de recuerdos de viajes y seis novelas: Una vida (1883), Bel Ami (1885), Los dos hermanos (1888), La mano izquierda(1889) y Nuestro corazón (1890).

Sufrió síntomas de demencia y a consecuencia de una sífilis el 1 de enero de 1892 intentó por tres veces abrirse la garganta con un cortaplumas, fue internado el 7 de enero en la clínica del doctor Blanche en París, donde Guy de Maupassant moriría un año después, el 6 de julio de 1893.