Espadas como labios

Espadas como labios - Vicente Aleixandre

Espadas como labios, tercer libro de Aleixandre, aúna en sus páginas los temas eternos de la poesía: la vida, el amor, la muerte. No se trata de poesía pura, fría, aséptica, sino de poesía cálidamente humana. La destrucción o el amor es no sólo el libro que reveló la poderosa personalidad de Vicente Aleixandre como poeta, al tiempo que le situó entre los de mayor fuerza y originalidad, sino que es una de sus obras más fértiles y que más influencia ha ejercido en poetas de las generaciones posteriores.

Libro Impreso

MI VOZ

He nacido una noche de verano
entre dos pausas. Háblame: te escucho.
He nacido. Si vieras qué agonía
representa la luna sin esfuerzo.
He nacido. Tu nombre era la dicha;
Bajo un fulgor una esperanza, un ave.
Llegar, llegar. El mar era un latido,
el hueco de una mano una medalla tibia.
Entonces son posibles ya las luces, las caricias, la piel, el horizonte,
ese decir palabras sin sentido
que ruedan como oídos, caracoles,
como un lóbulo abierto que amanece
(escucha, escucha) entre la luz pisada.

LA PALABRA

Esas risas, esos otros cuchillos, esa delicadísima penumbra…
Abre las puertas todas.
Aquí al oído voy a decir.
(Mi boca suelta humo.)
Voy a decir.
(Metales sin saliva.)
Voy a hablarte muy bajo.
Pero estas dulces bolas de cristal,
estas cabecitas de niño que trituro,
pero esta pena chica que me impregna
hasta hacerme tan negro como un ala.
Me arrastro sin sonido.
Escúchame muy pronto.
En este dulce hoyo no me duermo.
Mi brazo, qué espesura.
Este monte que aduzco en esta mano,
este diente olvidado que tiene su último brillo
bajo la piedra caliente,
bajo el pecho que duerme.
Este calor que aún queda, mira ¿lo ves?, allá más lejos,
en el primer pulgar de un pie perdido,
adonde no llegarán nunca tus besos.
Escúchame. Más, más.
Aquí en el fondo hecho un caracol pequeñísimo,
convertido en una sonrisa arrollada,
todavía soy capaz de pronunciar el nombre,
de dar sangre.
Y…
Silencio.
Esta música nace de tus senos.
No me engañas,
aunque tomes la forma de un delantal ondulado,
aunque tu cabellera grite el nombre de todos los horizontes.
Pese a este sol que pesa sobre mis coyunturas más graves.

Pero tápame pronto;
Echa tierra en el hoyo;
que no te olvides de mi número,
que sepas que mi madera es carne,
que mi voz no es la tuya
y que cuando solloces tu garganta
sepa distinguir todavía
mi beso de tu esfuerzo
por pronunciar los nombres con mi lengua.

Porque yo voy a decirte todavía,
porque tú pisas caracoles
que aguardaban oyendo mis dos labios.

Vicente Aleixandre. Poeta español, Vicente Aleixandre nació en Sevilla el 26 de abril de 1898. Destacado miembro de la Generación del 27, está considerado uno de los más grandes poetas del Siglo XX. Estudió derecho en Madrid, donde acabó trabajando y residiendo de manera habitual. Allí fue donde conoció a Dámaso Alonso, Antonio Machado o a Juan Ramón Jiménez, encuentros que animaron a Aleixandre a publicar su trabajo literario.

Su primer libro, Ámbito (1928) todavía no muestra el grado de madurez que alcanza con sus siguientes publicaciones, como en La destrucción o el amor (1932) o Espadas como labios (1932), donde aparece el Aleixandre más surrealista, hermético y vanguardista. A partir de los años cuarenta su producción cambia, se aleja de las figuras más complicadas y se centra en un sentimiento trágico con base en la propia existencia humana. A destacar de esta época, sin duda, el poemario En un vasto dominio (1962).

Su última etapa, en la que habría que nombrar Poemas de la consumación (1968) y Diálogos del conocimiento (1974), muestra a un poeta diferente: Aleixandre, en sus años de vejez, vuelve la vista atrás para mostrarnos la juventud como el elemento más valioso de toda la existencia humana.

Aleixandre recibió multitud de premios y galardones, entre los que destaca por encima de todos, el Premio Nobel de Literatura que obtuvo en el año 1977. Además, recibió el Premio Nacional de Literatura en 1933 y el de la Crítica en 1969.

Vicente Aleixandre murió en Madrid el 13 de diciembre de 1984.