Lucinde

Resumen del libro: "Lucinde" de Friedrich Schlegel
Friedrich Schlegel contribuyó con Lucinde, su primera y única novela, a sentar en forma literaria las bases del Romanticismo alemán, que pretendía reaccionar contra el acomodamiento de la sociedad burguesa y el clasicismo literario.
Con hermosa anarquía
«Hace unas horas me he mareado tanto la cabeza con Lucinde de Schlegel que todavía me dura. Tiene usted que ver ese producto para asombrarse. Como todo lo descriptivo, caracteriza a su hombre mejor que todo lo que ha producido antes, sólo que le retrata más hacia lo grotesco. También hay ahí algo eternamente informe y fragmentario, y un emparejamiento altamente extraño de lo nebuloso con lo característico que a usted no le hubiera parecido nunca posible. Como siente qué mal avanza en lo poético se ha compuesto un ideal de sí mismo a partir del amor y del ingenio. Se imagina que reúne una capacidad de amar apasionada e infinita con un espantoso ingenio, y después de haberse constituido así, se lo permite todo, y él mismo declara a la insolencia diosa suya.
»Por lo demás no se puede leer la obra completa porque la charla vacía sienta demasiado mal. Después de la fanfarronada de la grecomanía y después de la época que Schlegel dedicó al estudio de la misma, yo hubiera esperado que se me hiciera recordar un poco la simplicidad e ingenuidad de los antiguos, pero este escrito es el colmo de la antiforma y de la antinaturalidad modernas; uno creer leer una mezcolanza de “Woldemar”, de “Sternbald” y de una descarada novela francesa». (Schiller a Goethe, Jena 19 de julio de 1799).
El que a Schiller le diera vértigo la lectura de la novela «Lucinde» es obvio: ¡acaba de leer la primera novela «moderna»! Es comparable a la carrera de un cometa el auge de la novela en el siglo XVIII frente a los géneros operacionales y luchadores de la Ilustración prerrevolucionaria. Si bien «Die schwedische Gräfin» («La condesa sueca») de Gellert aparece en 1747 todavía anónima, Fr. von Blankenburg presenta en el mismo año en que apareció «Werther» una teoría de la novela, el «Versuch über den Roman» («Ensayo sobre la novela», 1774). «La novela es la historia interna de un hombre», reza la definición del nuevo género. Friedrich Schlegel hace suya esa definición y presenta incluso una novela en la forma del «monologue intérieur», que en realidad sólo será superada por «Les Faux Monnayeurs» de André Gide en el siglo XX (También hay modelos, y Schlegel sabe de su importancia para él: «Jacques, le Fataliste» de Denis Diderot y las novelas de Jean Paul; pero para él no son el «colmo de la antinaturalidad moderna», sino todavía «poesía natural»).
Pero la despiadada crítica que Schiller hace de la novela y el malestar que éste siente al leerla tienen causas que él no reconoce en la carta a Goethe, pero sobre las cuales el consejero secreto está informado por otras fuentes. Son ¿cómo podría ser menos?—, por una parte, de índole muy personal: Schlegel abandona la Universidad de Göttingen, en la que estudiaba con su hermano August Wilhelm, para transformarse en Leipzig en jurista y hombre de mundo. En Leipzig encuentra a Novalis y empieza la amistad literaria más interesante del Romanticismo. Ambos se consagran al estudio de las disciplinas filosóficas, históricas y literario-teóricas; devoran en toda regla no sólo la literatura clásica antigua, sino también la medieval y la moderna.
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Friedrich Schlegel. Fue uno de esos espíritus incandescentes que no caben en una sola disciplina. Nacido en Hanóver en 1772, se rebeló pronto contra el destino burgués que le imponía una carrera de banquero. Prefirió el laberinto del pensamiento, el eco de los antiguos griegos, la belleza fragmentaria de la poesía. En lugar de números, eligió palabras; en lugar de cuentas, símbolos. Y así, su vida entera se volvió una búsqueda, a veces desordenada, pero siempre apasionada, de la unidad entre el arte, la filosofía y la existencia.
Hombre de muchas voces —crítico literario, novelista, filólogo, traductor, filósofo—, Schlegel se convirtió, junto a su hermano August Wilhelm, en el núcleo del Círculo de Jena, uno de los grandes hervideros del primer Romanticismo alemán. Allí forjó su idea de una poesía universal progresiva, un arte total que reuniera lo racional y lo irracional, lo antiguo y lo moderno, lo humano y lo divino. Acuñó conceptos como la ironía romántica —esa tensión entre lo que el autor imagina perfecto y lo que la obra logra expresar—, y soñó con una nueva mitología que uniera a la humanidad bajo una estética renovada.
Fue amigo de Novalis y amante de Dorothea Veit, con quien vivió en París, ciudad donde estudió sánscrito y comenzó a vislumbrar el papel fundacional de la India en la historia de Occidente. En sus estudios filológicos y comparatistas, Schlegel intuyó que las lenguas no eran meros vehículos del pensamiento, sino huellas profundas de civilizaciones. Su obra Del idioma y la sabiduría de los indios lo colocó como pionero en el campo de la indología y la lingüística moderna. Defendió con fuerza la existencia de una Ursprache, una lengua madre aria que habría dado origen a las culturas europeas.
Convertido al catolicismo en 1808, Schlegel se integró plenamente en los ambientes políticos y religiosos del Imperio Austriaco. Trabajó para el Ministerio de Asuntos Exteriores y defendió con fervor la restauración del orden frente al huracán napoleónico. En este nuevo marco ideológico, se volvió portavoz del conservadurismo romántico, sin abandonar nunca su vocación de pensador. En su revista Concordia, intentó conciliar fe y razón, tradición y modernidad, estética y política.
Sus últimos años transcurrieron entre Fráncfort y Viena, donde preparó la edición de sus obras completas. Murió en Dresde en 1829, dejando tras de sí una constelación de ideas que aún hoy brillan. Friedrich Schlegel no fue solo el teórico del Romanticismo alemán; fue su pulso, su contradicción, su fuego. Desde sus fragmentos hasta sus ensayos, todo en él respira una voluntad de síntesis, de trascendencia y de belleza. Como pocos, entendió que la crítica podía ser también un arte, y que en la poesía cabía el mundo entero.