Poesía

Salón de té La Española, Tánger

Puerta del judío, por Eugène Delacroix

SALÓN DE TÉ LA ESPAÑOLA, TÁNGER

Esta es una ciudad donde el deseo
ha anidado en las anclas.
Hay una culpa antigua que expiamos
en salones de té, donde es posible
construir territorios de silencio y berilo.

Se fue el transbordador de media tarde,
pero el humo azulado da paso a una memoria
cimentada en el gesto de empezar crucigramas.
Memoria huidiza, frágil
de los hombres que vienen a olvidar.

Aquí el miedo circunda unos posos de té.
Latitudes atlánticas
donde no renunciamos al abismo.

De Café Hafa, El sastre de Apollinaire, Madrid, 2015.

LA MENDIGA DEL TEMPLO

Palpa despacio los fragmentos
de una vasija rota.
Entre la lluvia y el anonimato,
elige cada día un escalón del templo.

Marcar el territorio
con almendras amargas
le hace más vulnerable.

XI

Bajo el ventilador desvencijado,
en cada imperativo
había incertidumbre,
máscaras esculpidas
entre el fulgor y la aniquilación.

Al nombrar, sin premura,
caléndula, deriva,
luz de granja en silencio,
primer té negro al alba,
labios abstemios demandaban himnos.

XIII

La vida sedentaria
es un círculo lleno de alacranes.

Conocí a una mujer en Rishikesh
que buscaba el consejo de un asceta.
Tendió la ropa en azoteas lúgubres
y escapó de sí misma, de la selva
en un expreso lento.
Le despertó el frescor de los magnolios
en las gargantas donde nace el Ganges.

Ató cada renuncia a un hilo rojo.

XIV

Amanecí en la selva
más desnuda que antaño.
Fui apartando las ramas, los rastrojos
y llegué a una explanada
donde se purifican los impíos.

Empezar la jornada en la contemplación.
Empezar la jornada en la circunferencia.
Pequeños resplandores se mezclaban
con el canto de pájaros azules.
Dolía la elocuencia en la espesura.

De Épica de raíles, Devenir, Madrid, 2016.

SANTORINI

¿Dónde empieza la piel
y dónde acaba el agua?

Acaso la existencia
es esta forma lenta
de bajar los peldaños
y divisar volcanes;
la multiplicidad del amarillo.
Te acercas
y el furor es una herida
que sangra en el azufre.

De Dibujar una isla, Reino de Cordelia, Madrid, 2017.

Verónica Aranda.

Es licenciada en Filología Hispánica, gestora cultural, traductora, antóloga, viajera y fadista. Ha recibido los premios de poesía Antonio Carvajal de Poesía Joven, Arte Joven de la Comunidad de Madrid, Antonio Oliver Belmás, Miguel Hernández, Ciudad de Salamanca y el Accésit del Adonáis, entre otros. Ha publicado los poemarios: Poeta en India (Melibea, 2005), Tatuaje (Hiperión, 2005), Alfama (Centro de poesía José Hierro, 2009), Postal de olvido (El Gaviero, 2010), Cortes de luz (Rialp, 2010), Senda de sauces. 99 haikus (Amargord, 2011), Lluvias Continuas. Ciento un haikus (Polibea, 2014),Café Hafa (El sastre de Apollinaire, 2015), La mirada de Ulises (Corazón de mango, Colombia, 2015), Otoño en Tánger (Trabalis-Aguadulce, Puerto Rico, 2016), Épica de raíles (Devenir, 2016), Dibujar una isla (Reino de Cordelia, 2017) y la antología poética Mapas (2000-2015), Ediciones Matanzas, Cuba, 2018. Ha traducido a los poetas Yuyutsu RD Sharma, António Ramos Rosa, Maria do Rosário Pedreira, Rosa Alice Branco, Clarissa Macedo y Michel Thion. Ha participado en recitales y Festivales de poesía tanto en España como en Marruecos, Portugal, Francia, Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico, Colombia, República Dominicana y Ecuador. Dirige una colección de poesía latinoamericana actual (“Toda la noche se oyeron”) en la editorial Polibea. Mantiene el blog: Poesía nómada http://veronicaaranda.blogspot.com