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Cuentos y relatos libertinos

Cuentos y relatos libertinos

Género: EróticoRelatosLibros

Resumen del libro:

Tras los últimos y sombríos años del reinado de Luis XIV las costumbres cambian por completo: la aristocracia se entrega al lujo, convierte el deseo en motor de su vida y hace del amor un juego presidido por una libertad absoluta que provoca unos excesos que los siglos siguientes no alcanzarán. La novela libertina da cuenta de esa realidad, con delicadeza unas veces, con crueldad otras, pero siempre con la mujer como centro de todas las pasiones, capaz de seguir el juego con delicadeza o dejarse arrastrar hasta los límites más arriesgados del deseo. Toda la sociedad del siglo se embarca en un derroche de sentimientos que hizo de esa época un caso único en la historia, mientras la filosofía ilustrada iba sembrando los valores de una libertad más amplia y más igualitaria. De esas transformaciones, de esas galanterías y seducciones, de esos excesos dan cuenta las novelas libertinas seleccionadas en este volumen. En ellas se citan mesalinas, sectas lésbicas, hijos del burdel que muestran al desnudo la sociedad, víctimas de la pasión desbocada de los poderosos, condesas que tienen delicados caprichos de una noche, ingenuas seducidas por las trampas de la galantería, enamorados infieles que se inician en el sexo en cama ajena, o un canapé que, recuperada su forma humana, relata las aventuras que ha visto y soportado…

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Fragmento:

Filosofar bajo la manta

Este pequeño prólogo no es más que una breve invitación literaria. Como introducción histórica al concepto del libertinaje basta y sobra el excelente prólogo de Mauro Armiño, a quien debemos estar más que agradecidos por esta excelente selección de cuentos libertinos que, hasta donde alcanzan mis datos, no tiene parangón en el mundo de la edición española. Es suficiente, pues, una invitación más somera –y cabría decir más lúbrica– a estos relatos que, si bien fueron escritos para ser leídos, en palabras de Rousseau, «con una sola mano», no especificaba este filósofo en qué lugar exacto debía estar la otra, si sobre cierto lugar que el lector perspicaz podrá imaginar sin demasiado esfuerzo, o sobre la frente, en actitud reflexiva.

Estos relatos libertinos contienen no sólo el ímpetu de una sociedad que empieza a descubrir y a descubrirse en el placer, sino la furia electrizante de quien toca por primera vez el corazón nervioso de nuestro comportamiento. Somos una sola y única sustancia. Conocemos con el cuerpo, amamos con él, comemos con él, copulamos con él, construimos catedrales con él, escribimos tragedias con él. Nacen de él tanto nuestros pensamientos más elevados como nuestros comportamientos más burdos. También nuestras plegarias, atendidas o no, son del cuerpo. El descubrimiento es de una sencillez conmovedora y, como todos los grandes descubrimientos, tiene un inmediato efecto totalizador: una vez realizado ya no es posible darle la espalda, el mundo será necesariamente filtrado por él. Ya hemos aprendido quiénes éramos en el dolor y el remordimiento, aprendamos ahora, y con más motivo, quiénes somos en el placer y en la afirmación. Es el grito de un siglo ilustrado y laico, racional, materialista, el grito del siglo que se atrevió a hacer del cuerpo también un objeto y a llevar esa inquietud hasta sus últimas consecuencias para ver qué ocurría en aquel lugar.

Se suceden aquí cuentos de hadas, canapés parlantes, citas lésbicas y refinados caprichos sexuales, pero no sólo. Cuando uno se ha atrevido a abrir la caja de Pandora, no puede esperar que lo único que cambie sea una simple distribución de los muebles de su casa campestre. Ha cambiado el mundo en realidad, los términos en los que leíamos lo social y lo racional, la naturaleza de las cosas y de nosotros mismos quizá, asombrados también del vértigo de poder convertirnos en cosa ante la mirada deseante del otro. Y no es poco. Convertirse en objeto ha sido siempre la fascinación secreta e inconfesada del sujeto, la misma fascinación que, llevada de la mano de la imagen, hará nacer también lo pornográfico, que no es otra cosa que nuestra relación con una imagen objetivada.

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