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Cuentos y relatos libertinos

Cuentos y relatos libertinos

Tras los últimos y sombríos años del reinado de Luis XIV las costumbres cambian por completo: la aristocracia se entrega al lujo, convierte el deseo en motor de su vida y hace del amor un juego presidido por una libertad absoluta que provoca unos excesos que los siglos siguientes no alcanzarán…

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Filosofar bajo la manta

Este pequeño prólogo no es más que una breve invitación literaria. Como introducción histórica al concepto del libertinaje basta y sobra el excelente prólogo de Mauro Armiño, a quien debemos estar más que agradecidos por esta excelente selección de cuentos libertinos que, hasta donde alcanzan mis datos, no tiene parangón en el mundo de la edición española. Es suficiente, pues, una invitación más somera –y cabría decir más lúbrica– a estos relatos que, si bien fueron escritos para ser leídos, en palabras de Rousseau, «con una sola mano», no especificaba este filósofo en qué lugar exacto debía estar la otra, si sobre cierto lugar que el lector perspicaz podrá imaginar sin demasiado esfuerzo, o sobre la frente, en actitud reflexiva.

Estos relatos libertinos contienen no sólo el ímpetu de una sociedad que empieza a descubrir y a descubrirse en el placer, sino la furia electrizante de quien toca por primera vez el corazón nervioso de nuestro comportamiento. Somos una sola y única sustancia. Conocemos con el cuerpo, amamos con él, comemos con él, copulamos con él, construimos catedrales con él, escribimos tragedias con él. Nacen de él tanto nuestros pensamientos más elevados como nuestros comportamientos más burdos. También nuestras plegarias, atendidas o no, son del cuerpo. El descubrimiento es de una sencillez conmovedora y, como todos los grandes descubrimientos, tiene un inmediato efecto totalizador: una vez realizado ya no es posible darle la espalda, el mundo será necesariamente filtrado por él. Ya hemos aprendido quiénes éramos en el dolor y el remordimiento, aprendamos ahora, y con más motivo, quiénes somos en el placer y en la afirmación. Es el grito de un siglo ilustrado y laico, racional, materialista, el grito del siglo que se atrevió a hacer del cuerpo también un objeto y a llevar esa inquietud hasta sus últimas consecuencias para ver qué ocurría en aquel lugar.

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