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Literatura cubana contemporánea

El Librero Semanal

Hagakure: El Camino del Samurái

Sobre el autor:

Sobre el libro:

HAGAKURE («oculto bajo las hojas», «en la sombra de las hojas») es el más célebre tratado sobre la vida y la conducta de los samuráis. Terminado de recopilar en 1716, transmite pensamientos y sentencias que aportan gran conocimiento acerca de la filosofía y el código de comportamiento del espíritu Bushido: el camino del guerrero, la aceptación total de la vida sabiendo morir en cada instante, el desafío de la vida prefiriendo la muerte a una vida indigna o impura, o el estar presto y deseoso de morir en cualquier momento para ser totalmente fiel a su señor, entre otra amplia variedad de preceptos. Mantenido en secreto durante más de siglo y medio, celosamente guardado por el clan Nabeshima, de Hizen (al que Yamamoto pertenecía), y cada vez más alejado del pragmatismo y el materialismo que impregna nuestra sociedad actual, el HAGAKURE se mantiene, no obstante, como una de las obras más sublimes y representativas de la cultura japonesa tradicional.

Fragmento

Introducción

LA TRADICIÓN MARCIAL y el culto al guerrero nacen en Japón durante el extenso período en que los japoneses vivieron inmersos en una guerra civil perpetua: desde los siglos VIII al XVI. Surgió entonces la figura del bushi, o guerrero feudal —conocido como samurái en Occidente—, que encarnaba al más noble de los guerreros, al más elevado exponente de su casta dispuesto a cumplir con su deber hasta las últimas consecuencias, resignándose a su suerte y menospreciando su propio sufrimiento físico. El coraje a la hora de cumplir con su deber era tan importante para el bushi como lo era igualmente la lealtad, y la totalidad de su comportamiento seguía las pautas de un código de conducta no escrito cuya transgresión suponía el castigo de la muerte.

Entre 1192 y 1333, el hecho de que la casta guerrera tuviera acceso a las funciones gubernamentales le confirió una nueva dimensión. Simultáneamente, la influencia de diversas corrientes religiosas le ofreció la posibilidad de adoptar aquellos aspectos que más le ayudaban a fortalecer su espíritu, y fue así que del budismo, por ejemplo, el samurái tomó el ideal de serenidad, de confianza en el destino y de aceptación de lo inevitable; y del sintoísmo, la exaltación de las «viriles» virtudes de la lealtad y el valor. Sin embargo, el guerrero aún carecía de un código escrito que definiera claramente sus obligaciones.

En el año 1615 apareció, por fin, el Bukhe-sho-hatto, conjunto de trece preceptos redactados por el monje zen Suden, cuya finalidad era establecer el comportamiento del samurái («Las artes literarias y el ejercicio de las armas, del arco y de la caballería son los estudios que deben seguir regularmente los samuráis»); y en 1686, Daideti Yuzan escribía el Budo shin shu, confiriendo más valor a la ética que a los conocimientos. Pero hubo que esperar otro siglo para que se publicaran los once capítulos del Hagakure, una exaltación de la vía del samurái.

El término que da título a esta magnífica obra, cuyo autor es Yamamoto Tsunetomo, puede traducirse como «hojas ocultas» u «oculto por las hojas», posiblemente porque Tsunetomo vivía retirado en una cabaña en el momento de gestar su obra, o quizá porque pertenecía al clan del castillo de Saga, famoso por encontrarse disimulado tras una espesa cortina de árboles y follaje. Publicada el día 10 de septiembre de 1716, se trata de una recopilación de las conversaciones que mantuvo su autor con el joven samurái Tashiro Tsuramoto durante un período de siete años, tras la decisión de Tsunetomo de convertirse en sacerdote budista a la muerte de su señor, Nabeshima Mitsushige, tercer daimyo de la región que ahora corresponde a la prefectura de Saga. El Hagakure no es un sistema filosófico completo, sino un conjunto de pensamientos de temática variada que incluyen desde opiniones sobre el Camino del Samurái a debates sobre los accesorios de la ceremonia del té. Además, es probable que no haya sido escrito para ser leído en público, porque en el prefacio el autor recomendaba que sus once capítulos fueran arrojados al fuego tras su lectura. Se desconoce si lo hizo por convicción o simplemente por mencionar uno de los tópicos de la literatura oriental; en cualquier caso, su libro fue durante muchos años una propiedad secreta del clan Nabeshima, y si se ha convertido en un texto particularmente interesante es, entre otros factores, por haber sido escrito en un contexto histórico, y por demás, significativo.

El señorío de los Nabeshima, al que pertenecía Tsunetomo, se encontraba al sur de Japón, en la isla de Kyushu, y estaba incluido en la clase Tozama, designación aplicada a los daimyos que únicamente se habían sometido a Tokugawa Ieyasu tras la decisiva batalla de Sekigahara, en el año 1600. Aquella contienda, que permitió a Tokugawa hacerse con el poder supremo entre los daimyos, marcó la situación de los señoríos durante los doscientos cincuenta años posteriores.

Nabeshima Naoshige (1538-1618), fundador del clan que lleva su nombre, fue un hombre de gran vigor físico y mental que destacó entre los principales samuráis de Ryuzoji Takanobu (1529-1584), de cuyo señorío se apropió a la muerte de este último. Entre sus principales hazañas figura su intervención en las invasiones de Corea. A su muerte, a los ochenta y un años de edad, le sucedió su hijo Nabeshima Katsushige (1580-1657), a quien se le dedica buena parte del Hagakure. Heredero del carácter de su padre, Katsushige participó en la segunda campaña de Corea (1597) cuando sólo tenía dieciocho años, y posteriormente encabezó un ejército de 34.000 hombres en el asalto al castillo de Rara durante la rebelión de Shimabara (1637-1638). Pero no tenía herederos (su hijo Tadashige había muerto de viruela a los veintitrés años de edad), así que, tras su desaparición, el señorío pasó a manos de su nieto, Nabeshima Mitsushige.

Cuando Mitsushige asumió el cargo de señor de los Nabeshima, la situación de Japón había sufrido un cambio radical. El Período del País en Guerra, de más de cien años de duración, había terminado en 1600 con la batalla de Sekigahara y la implantación del régimen de Tokugawa. Y tras la represión de la rebelión de Shimabara en 1638, prácticamente habían finalizado los conflictos bélicos a gran escala. En ese marco se desarrolló la figura de Mitsushige, un hombre bastante diferente de su abuelo y su bisabuelo, decididamente más culto e interesado por los estudios. A pesar de ser daimyo y, como tal, jefe de guerreros, nunca llegó a participar en las actividades militares a las que se habían dedicado sus antepasados, y se entregó de lleno a los temas culturales. De hecho, se caracterizó por animar a estudiar a los demás samuráis, y su gestión frente al gobierno consolidó el clan de los Nabeshima.

En el año 1700, fecha del fallecimiento de Mitsushige, Japón llevaba ya cien años de paz, circunstancia que había generado no sólo una nueva prosperidad en el país, sino también el desarrollo de una clase social de comerciantes y la expansión de las ciudades anexas a las fortalezas de los diversos feudos. Pero aquel positivo marco de paz y bienestar general estaba ejerciendo un impacto, por demás perjudicial, sobre la clase de los samuráis, ya que, sin guerras, los profesionales de dicho arte habían dejado de gozar de una ocupación permanente. ¿Cómo mantener el orgullo guerrero en tiempos de paz estable? La lectura de ciertos pasajes del Hagakure reflejan a la perfección el sentimiento de los samuráis del Japón feudal —obsesionados por el honor y fanáticos defensores de la muerte— ante la decadencia de su actividad. Los ideales espartanos que durante tanto tiempo habían determinado el comportamiento de los miembros de esta clase comenzaban a perder vigencia, y a los señores feudales ya les interesaba más disponer de administradores cultos que contar con rudos guerreros. Claro ejemplo de la situación reinante en aquella época es el hecho de que a Yamamoto Tsunetomo se le prohibiera suicidarse abriéndose el vientre tras la muerte de su maestro, por orden explícita del régimen de Tokugawa. Sin duda alguna, semejante proscripción agravó su pena y su frustración, y resultó determinante sobre su obra: en efecto, el Hagakure no es sólo el «libro de los samuráis», sino también el último despunte de gallardía verbal de una casta en decadencia.

La filosofía de este texto deriva de la fusión del zen y el confucianismo, imperantes en Japón durante la era de Edo (1600-1868). Se trataba de un sistema social establecido por Tokugawa con el fin de incorporar a la filosofía zen el énfasis confuciano por la adoración a los ancestros, y a raíz del cual no sólo se fortaleció el status quo, sino también el concepto de los señoríos feudales, que adquirió mayor solidez. Fue el modelo ideal de los miembros de la clase de los guerreros hasta la disolución oficial de esta última, que tuvo lugar dos siglos y medio más tarde, y puede resumirse como la idea de que el hombre debía ser un individuo completo, guerrero y erudito a la vez.

La historia personal de Yamamoto Tsunetomo resulta bastante peculiar. Nació el 11 de junio de 1659, cuando Nabeshima Mitsushige llevaba dos años ostentando el título de señor feudal. Y a punto estuvo de ser entregado a un vendedor de sal cuando su padre, antiguo samurái al servicio de Naoshige y Katsushige, tomó la decisión irrevocable de que aquel nuevo miembro de su familia le resultaba innecesario. Afortunadamente, el jefe de su grupo tomó cartas en el asunto y llevó al pequeño a vivir con él.

Tsunetomo fue un niño de salud sumamente precaria; tanto, que los médicos anunciaron que no llegaría a cumplir los veinte años de edad. Sin embargo, y a pesar de su fragilidad, el señor Mitsushige lo tomó como paje a los nueve años y lo mantuvo a su lado hasta que, tras observar un comportamiento un tanto irregular durante su juventud, decidió relevarlo de sus servicios. A la edad de veinte años ningún incidente significativo había marcado la existencia de Tsunetomo, pero tampoco había conseguido un cargo oficial y la situación comenzaba a resultarle apremiante. En aquella época comenzó a visitar con asiduidad al sacerdote Tannen, budista zen, quien marcaría profundamente su vida. El budismo zen llevaba más de dos siglos ejerciendo una gran influencia sobre los samuráis debido a que su vitalidad y su desprecio de la vida como objeto de apego resultaban conceptos de gran utilidad para el guerrero. Pero Tannen era de la opinión que las cuestiones religiosas eran para los viejos, y que no resultaba recomendable que los jóvenes samuráis aprendiesen el budismo porque ello les conduciría a ver el mundo con dos escalas de valores en lugar de con una sola. Esta idea sobre las relaciones del zen con el profesional de la guerra aparece claramente reflejada en el Hagakure.

Durante ese período y en los años posteriores, Tsunetomo conoció al erudito confucianista Ishida Ittei (1628-1693), un hombre de gran integridad y lealtad que, con sus sabias lecciones, marcó el carácter del joven.

Por último, quien también ejerció una notable influencia sobre sus ideas fue su propio sobrino, Yamamoto Gorozaemon —un hombre de más edad y categoría dentro de su clan—, gracias al cual consiguió un cargo, aunque de escasa importancia. Los esfuerzos de Tsunetomo por mejorar le valieron el ofrecimiento de distintas tareas, como un cargo de escribiente en Edo y otro empleo posterior en Kyoto, la capital imperial. Pero aquella prosperidad no duró demasiado, ya que al año siguiente Gorozaemon se responsabilizó de un gran incendio y dimitió de su cargo, tras lo cual su protegido se vio obligado a seguir sus pasos.

Bastante tiempo transcurrió hasta que Mitsushige volviese a llamar a Tsunetomo para que desempeñara diversas tareas a su servicio, casi todas relacionadas con la poesía y los textos escritos. Pero en esta ocasión continuó a su lado, de forma ininterrumpida, hasta el mes de mayo de 1700, fecha en que Mitsushige murió, muy próximo a los setenta años de edad. Aquella pérdida desgarró a Tsunetomo, que ya tenía cuarenta y dos años. Frente a la prohibición de practicar el suicidio ritual tras la muerte de su señor feudal, prefirió demostrar su lealtad siguiendo las órdenes de su maestro y solicitó permiso para retirarse y hacerse sacerdote budista. Se trasladó entonces a un pequeño monasterio situado en Kurotsuchibaru, a unos doce kilómetros al norte del castillo de Saga, y allí vivió semiapartado del mundo. En ese entorno tuvieron lugar sus encuentros con el joven samurái Tashiro Tsuramoto y en su compañía se gestó el Hagakure, manifestación expresa de la sinceridad de su autor. El texto se mantuvo en secreto durante más de ciento cincuenta años, convertido en manual de instrucción moral entre los daimyos y los samuráis del clan de los Nabeshima. Sólo a partir de la restauración de Meiji (1868) fue conocido por el público en general.

Si bien el manuscrito original se ha perdido, existen diferentes copias del mismo con ligeras variaciones. Para la presente edición se han seleccionado trescientos apartados que representan la parte fundamental del tratado (este consta de más de mil trescientos en total). Dividido tradicionalmente en once capítulos, se han insertado textos de todos, excepto del quinto, que consiste fundamentalmente en una relación de fechas.

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