Música en la noche

Música en la noche - Aldous Huxley

Durante su vida, Aldous Huxley se ganó la reputación de ser uno de los gigantes de la prosa inglesa moderna y uno de los mejores comentaristas sociales de su época. Conocido sobre todo por sus novelas, Huxley se sentía también muy cómodo con la forma del ensayo. Abarcando desde el periodismo hasta las reseñas críticas y las reflexiones literarias, políticas, culturales y filosóficas, sus ensayos constituyen uno de los ejemplos más finos del género en la literatura moderna. Música en la noche es ya todo un clásico. En este volumen, el autor de «Un mundo feliz», comunica sus puntos de vista acerca de diversos temas (la tragedia, el silencio, el arte, la gracia, la historia, el puritanismo, la belleza), apuntando siempre a cuestiones fundamentales de la condición humana. La indudable originalidad del ensayista se ve favorecida por la gran cantidad de recursos que le proporcionan su vasta cultura y su enorme curiosidad. Los ensayos aquí reunidos sorprenden por las grandes intuiciones, los agudos comentarios y las ingeniosas e inesperadas observaciones que son ya la marca inconfundible de uno de los escritores más influyentes del siglo XX.

Libro Impreso

La tragedia y toda la verdad

Eran seis en total, eran los mejores, los más valerosos compañeros del héroe. Al volverse desde el puesto del vigía, a proa de la nave, Ulises tuvo tiempo de verlos ascender por los aires debatiéndose, tiempo de oír sus alaridos, las desesperadas repeticiones de su propio nombre. Los supervivientes sólo pudieron asistir mudos y desamparados a la escena, al tiempo que Escila, «en la boca de su cueva los devoraba y ellos no dejaban de proferir alaridos de espanto, a la vez que tendían las manos sumidos en aquella lucha pavorosa». Y Ulises añade que fue la escena más terrible, la visión más lamentable de cuantas tuvo en sus «exploraciones de los pasos del mar». Desde luego, es verosímil que así fuera: la breve descripción que hace Homero —el símil, poético en exceso, es un añadido posterior— resulta muy convincente.

Después, pasado el peligro, Ulises y sus hombres saltaron a tierra para pasar la noche; en la playa siciliana se prepararon la cena, según refiere Homero, «con gestos de verdaderos expertos». El Libro Duodécimo de la Odisea concluye con estas palabras: «Cuando hubieron satisfecho su hambre y su sed, se pararon a pensar en sus camaradas y los lloraron; con las lágrimas, el sueño descendió dulcemente sobre todos ellos». La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad: ¡en cuán contadas ocasiones la dicen a las claras la literatura antigua! Algunos fragmentos de la verdad sí contienen, por supuesto; todo buen libro nos aporta alguna porción de la verdad, pues de lo contrario no sería bueno. Pero rara vez contiene toda la verdad. De los grandes escritores del pasado, son increíblemente pocos los que nos la han ofrecido. Homero, el Homero de la Odisea, es uno de esos pocos.

«¿La verdad?», preguntará el lector. «¿Por ejemplo, que dos y dos son cuatro? ¿Qué la Reina Victoria accedió al trono en 1837? ¿Qué la velocidad de la luz es de 300.000 kilómetros por segundo?». No, es evidente que no se suelen encontrar observaciones semejantes en las obras literarias. La «verdad» a la que me refería no pasa de ser, en realidad, más que mera verosimilitud admisible. Cuando las experiencias que se recogen en una obra literaria se corresponden de un modo bastante estrecho con nuestras experiencias reales, o con lo que podríamos llamar las experiencias que al menos albergamos en potencia —experiencias, dicho de otro modo, que podríamos (y lo sentimos a resultas de un proceso de inferencia más o menos explícito, a partir de la realidad conocida) haber tenido—, decimos sin duda con exactitud: «esta obra literaria es verdad». Esto, sin embargo, no es todo. La relación de un caso determinado en un manual de psicología es científicamente cierta en la medida en que sea una relación de determinados sucesos que se compone con fidelidad a la realidad de los hechos, pero también podría aparecer como algo «verdadero» para el lector con respecto a sí mismo, es decir, como algo aceptable, probable, que tenga una correspondencia estricta con sus propias experiencias reales o con sus experiencias en potencia. Ahora bien, un manual de psicología no es una obra de arte y, si lo es, lo es tan sólo de un modo secundario, incidental. No es suficiente la mera verosimilitud, la mera correspondencia de las experiencias que relata el autor con la experiencia recordada o imaginable por parte del lector, para que una obra de arte parezca «verdad». El arte de calidad posee una suerte de verdad añadida o superior: es más probable, más aceptable, más convincente que el hecho en sí. Es natural, ya que el artista está dotado de sensibilidad y de una capacidad de comunicación, de «situar» y «plasmar» los sucesos, que la mayoría de personas no posee. La experiencia sólo enseña lo enseñable, y lo hace por medios que no son tan numerosos como cabría suponer a partir del proverbio preferido del papá de la señorita Micawber. Los artistas son eminentemente enseñables, amén de gozar de la capacidad de instruir. Reciben de los acontecimientos mucho más que el resto de los hombres, y saben transmitir lo que han recibido con una particular fuerza de penetración, que ahonda profundamente en el espíritu del lector cuanto le comunican. Una de las reacciones más habituales que suscita una obra literaria de calidad se expresa mediante esta fórmula: «Esto es justo lo mismo que yo he pensado y he sentido siempre, sólo que nunca he sido capaz de expresarlo así de claro por medio de la palabra, ni siquiera para mí mismo».

Música en la noche – Aldous Huxley

Aldous Huxley. (26 de julio de 1894, en Godalming, Surrey, Inglaterra – 22 de noviembre de 1963, en Los Ángeles, California, Estados Unidos), fue un escritor anarquista británico que emigró a los Estados Unidos. Miembro de una reconocida familia de intelectuales, Huxley es conocido por sus novelas y ensayos, pero publicó relatos cortos, poesías, libros de viaje y guiones. Mediante sus novelas y ensayos, Huxley ejerció como crítico de los roles sociales, las normas y los ideales. Se interesó, asimismo, por los temas espirituales, como la parapsicología y el misticismo, acerca de las cuales escribió varios libros. Al final de su vida estuvo considerado como un líder del pensamiento moderno.